Géneros y Sexualidades

RUMBO AL 8M

Glitter feminista y noches de lentejuela

Ellas envejecen frente a la barra, en los rincones de los prostíbulos.

Martes 28 de enero | 21:50

Pintura de Iqbal Hussein

Primas de las rumberas

Alexica tiene treinta y cuatro años. Ha dejado sus mejores días en el piso de este congal. A ella le tocaron los días dorados, los días de gloria de los ficheros.

  •  La que no hizo nada en este ambiente-dice mirando el salón con sus ojos castaños y pequeños- es porque todo se lo metió por la nariz.

    Así empieza la noche en los bares; la luz convierte el ambiente en un juego de claroscuros hechizantes para los clientes y las ficheras, engalanadas y misteriosas recorren el salón buscando “al bueno”. Pero ellas envejecen frente a la barra, en los rincones de los prostíbulos y resulta que el bueno jamás llega.

    No hay futuro ni dulzura cuando se vive de noche, en espera de que llegue el siguiente cliente, atada económicamente a un público que es siempre grotesco y teniendo que pagar una cuota por la relativa y escasa protección que brindan los ficheros.

    Ellas se distinguen de otras modalidades de prostitución porque trabajan en establecimientos cerrados, en los que puede encontrarse toda clase de entretenimiento, desde simples oportunidades para beber una cerveza, hasta sitios en los que es posible presenciar bailes nudistas o alquilar habitaciones para tener relaciones sexuales con las chicas.

    “Ficheras” es un término que proviene del hablar coloquial de los barrios y que fue usado en las películas mexicanas pertenecientes al “Cine de Ficheras”, refiriéndose a las fichas, señalizaciones que les dan a las trabajadoras por cada copa o cerveza que los clientes les inviten. Las fichas pueden ser literalmente discos de algún material, o bien, pulseras o papeletas que ellas recolectan para canjear por dinero al término de su jornada.

    El bar vive de las mujeres, les pide un porcentaje de las copas recabadas, las protege de los clientes agresivos en exceso y en algunos lugares hasta las alimenta. Pero una vez afuera del congal, la suerte de las ficheras no es diferente de la que tienen las trabajadoras sexuales que laboran en las calles.

    Comercio sexual: Sólo somos cuerpos

  •  Muchos piensan que el sida lo contraen en los ´tugurios´, pero eso no es cierto-cuenta Zoé detrás de su máscara de maquillaje-. Las golfas somos las que más nos cuidamos porque sabemos que si se nos acaba el cuerpo, se nos acaba la chamba.

    Es verdad. El cuerpo de una trabajadora sexual es para ella lo mismo que un kimono para una geisha. Vivimos en una época de culto al cuerpo, donde los videos promocionales de las canciones más populares, los comerciales de comestibles, las portadas de las revistas de espectáculos y las presentadoras del clima (es decir una gran cantidad de íconos cotidianos) nos conducen a la imagen de un cuerpo femenino sano, bello, sensual, claro está. Se alaba por sobre todo la salud y el uso del cuerpo para transmitir deseo.

    Contradictoriamente, ¿de qué nos hablan las colecciones de moda de emporios como Zara, Mango, Uterqüe, si no de una línea de ropa menos “provocativa”, una con la que las mujeres se sientan más cómodas? Las empresas –no solo de ropa y accesorios- juegan el papel de imágenes identitarias; lo demuestran eslóganes como “Moda para la vida real” (Suburbia), Coca-Cola: "Destapa la felicidad"; Nike: "Just Do It" (Simplemente hazlo); L’Oréal: “Porque tú lo vales”; Tía Rosa: “Por su rico sabor casero”…

    La estrategia de mercado se inclina cada vez más a fabricar entornos familiares, que apelen a los sentimientos de reconocimiento de una población. Pero, ¿qué tan identificada se siente con Gucci una mujer transgénero que tiene que reunir un mínimo de seis copas por noche para tener derecho a cobrar un sueldo y salir del trabajo a las tres de la mañana? ¿Qué tan saludable es el cuerpo de una prostituta de sesenta años que fuma cigarrillos en cadena? ¿Cómo se sienten las mujeres que trabajan en los ficheros cuando ven aparecer a Danna Paola en la televisión quejándose porque la llamaron “culera” cuando ellas tienen que aguantar una marginación social a diferentes niveles?

    Los lineamientos de la industria de la moda, de la apariencia saludable que promueven productos como Vita Balance, o del viejo refrán “Como te ven te tratan” no hacen más que reforzar la idea de que el cuerpo es la máxima expresión de humanidad a la que es posible acceder. El cuerpo como objeto central de toda idea de amor o aprecio hacia el otro está muy presente al interior del mercado sexual que, de hecho, potencia las figuras femeninas como objetos de escaparate, cuerpos que se venden, máscaras domesticadas. Un cuerpo modelo en un congal, es sinónimo de ganancias monetarias.

    Por otro lado, el ideal moderno y neoliberal de la mujer liberada, que goza de su sexualidad, que es bella, exitosa y siempre consigue lo que quiere, está por mucho alejado de la verdad de las mujeres que se dedican al trabajo sexual.

    Hablemos de paridad

    Personajes como Gloria Álvarez, Emanuel Dannan, Agustín Laje, Nicolás Márquez, entre otros niegan que exista una desigualdad social entre varones y mujeres. Sin embargo, la prostitución refleja otra cosa. Según la organización ´Brigada Callejera´, en la ciudad de México, 70 por ciento de trabajadoras sexuales son mujeres, 25 por ciento travestis, transexuales y mujeres transgénero, y el 5 por ciento restante hombres que visten como varones sin importar su orientación. De los 70 mil trabajadores sexuales, la asociación calcula que al menos 18 mil son menores de edad.

    ¿Quiénes son las personas que ejercen la prostitución? En su inmensa mayoría son mujeres vulneradas, nacidas en barrios o zonas marginales, provenientes de una vida llena de abusos y, claro está, de desigualdades económicas. Casi todas ellas tienen rasgos en común: han padecido abusos físicos por parte de sus padres o esposos, han sido violadas o sometidas de alguna forma por varones en algún momento de sus vidas y concuerdan en pensar que el dinero es la salida a todas sus dificultades. Sin otra cosa que poseer más que ellas mismas, optan por el camino del “dinero fácil”.

  •  ¿Fácil?-me pregunta Rocío, una mujer de sesenta años que, al igual que muchas otras envejeció aquí adentro-. Ya quisiera ver que las niñas de papi hicieran este trabajo. El que dice que ser puta es fácil no sabe ni cómo se llama.

    Mujeres rotas vienen a los prostíbulos. Las razones sobran y son en realidad, condiciones materiales que el capitalismo produce: ser indocumentada, sin papeles legales para acceder a otro empleo; mujeres en situación de calle; personas que por razones económicas no concluyeron ninguna clase de estudio que les acredite para ejercer un trabajo que les ofrezca ingresos suficientes para cubrir la canasta básica y pagar la renta; mujeres que residen en zonas peligrosas, marcadas por pandillerismo, escases de recursos y nulo acceso a lujos; sin conocimiento de sus cuerpos y, en numerosas ocasiones, con hijos a los cuales mantener. Y por supuesto, no olvidemos las infames redes de trata que actúan ante la impunidad del Estado, mismo que no garantiza de ninguna manera la integridad de las trabajadoras sexuales.

    Al respecto, Temístocles Villanueva, diputado de Morena en el Congreso de la Ciudad de México, propuso en septiembre del año pasado que la nueva Ley de Trabajadores No Asalariados incluya una regulación para la prostitución y el cobro de una tarifa fija para ejercerla, o lo que es igual a legitimar por lo jurídico los mecanismos de violencia que atacan a las mujeres que ejercen trabajo sexual.

    Como señala Andrea D´Atri, militante del MTS en Argentina, “Para quienes nos referenciamos en el marxismo, la prostitución es una institución social que surge como contrapartida a la aparición de la familia basada en el matrimonio monógamo; junto con el surgimiento de la propiedad privada y el Estado”, por lo que podemos decir que la prostitución es también una respuesta a la crisis que se vive en la familia nuclear tradicional, erigiéndose como “el mal menor” para los que opinan que es necesario que un varón, con tal de sostener su matrimonio, debe “echar una cana al aire” de vez en cuando.

    Decimos que la prostitución es una manifestación del control patriarcal porque, al igual que cualquier sistema mercantil de oferta-demanda, restringe el comportamiento (en este caso el actuar sexual) de quienes la ejercen, siendo que la demanda proviene de varones con una educación visiblemente machista en la que hacen aparición rasgos como la percepción de superioridad con respecto a la mujer, juzgar mediante valores conservadores si una mujer es “Buena o mala”, el deseo de tomar lo que se quiere por la fuerza, la necesidad de manifestar virilidad y poder masculino, los insultos verbales dedicados a las trabajadoras, entre otros.

    No es la Virgen ni Lilith; es la mujer y su estigma

    Atizapán, Naucalpan, Tlanepantla, Chimalhuacán, Tequexquinahuac y Texcoco son hoy día puntos estratégicos para los proxenetas y dueños de ficheros en el Estado de México. En el barrio de San Andrés, en Atizapán centro, los bares se encuentran a escasos metros del palacio municipal, así como de los módulos de vigilancia.

    Pero aunque los policías estatales acudan a hacer redadas en estos centros nocturnos, la realidad es que las únicas afectadas son, como es de esperarse, las propias ficheras, quienes son ultrajadas y golpeadas por los elementos policíacos, para posteriormente ser llevadas al Ministerio Público y permanecer en calidad de escorias mientras llega alguien a pagar sus fianzas.

    Como corriente política que busca la desaparición de toda legalidad burguesa, no podemos apostarnos a medidas punitivas para terminar con la prostitución, ni podemos esperar que el Estado que levanta políticas en beneficio de los grandes capitales, resuelva la situación de nuestras hermanas ficheras.

    Por el contrario, hemos de continuar organizados e informados para erradicar las circunstancias que desfavorecen el ser mujer y ser pobre, mismas que reproduce este sistema patriarcal y que para ´polvear´ su reputación y seguir procrastinando en cuanto a medidas de seguridad verdaderas, finge velar por nuestra estabilidad enviando a sus sirvientes uniformados en persecutorias empresas contra las trabajadoras sexuales.

    Hay una explicación para que se practique la brutalidad policial contra las trabajadoras sexuales, y se encuentra en los valores tradicionales que las políticas de derecha pretenden mantener arraigados, valiéndose de diversas entidades como el grupo neo fascista ´Pravi Sektor´ en Ucrania, el partido ultraderechista Voxx en España, las organizaciones Evangélicas que apoyaron el golpe de estado recientemente en Bolivia, el Frente Nacional por la Familia en México, etcétera, y que son el ejemplo claro de ideologías que determinan la calidad de las mujeres de acuerdo a la sumisión que presenten, las “buenas costumbres”, la negación rotunda a decidir sobre nuestros cuerpos o la confianza en las clásicas instituciones del Estado burgués como la familia, la Iglesia y la Ley.

    Ante este panorama de subyugación femenina al Estado, la figura de las prostitutas consigue únicamente rechazo y marginación incluso en los sectores más “progresistas” de la sociedad que lejos de pelear por la emancipación completa de las mujeres, recurren a medidas abolicionistas y prohibitivas de la prostitución (más no del Estado) u opuestamente, se inclinan por defender la prostitución como un medio de liberación sexual.

    Ni “Princesa de Barrio” ni “Beso de Ginebra”

    “Mientras una parte del feminismo se pregunta, individual y cómodamente recostada en el diván ‘¿quién soy yo?’, y otra parte busca afanosamente la referencia necesaria para una nota a pie de página que acredite como fiable su trabajo (...), he aquí que el mundo revienta de pobreza: millones de criaturas, nacidas de mujer, se asoman a un modelo de sociedad que les reserva una cuna de espinas…”, así lo enuncia Victoria Sau Sánchez.

    Y en este ámbito me gustaría trastocar la frase y decir que mientras una parte del feminismo contemporáneo levanta políticas TERF´s y busca afanosamente una salida individual al problema patriarcal, miles de mujeres cis y transgénero, en las calles, en los ficheros y en las cunetas resienten el azote de la violencia que se reproduce sistemáticamente contra nosotras.

    La prostitución que nos vende, la Iglesia que quiere decidir sobre nuestros cuerpos, el Estado que encubre redes de trata y nos niega el derecho a la educación sexual íntegra y al aborto seguro y gratuito son aliados ejemplares del capitalismo y de hecho, este último necesita de ellos para seguir existiendo. Por eso reclamamos que la lucha contra el patriarcado ha de ser, en consecuencia, anticapitalista.

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