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Gambito de dama. Mujeres y ajedrez

Hoy recomendaremos una serie que aún no lleva siquiera un mes en la plataforma Netflix y se convirtió en un fenómeno singular. Es Gambito de dama y está basada en la novela de igual nombre del escritor norteamericano Walter Tevis. Mujeres y ajedrez, una combinación poco común.

Laura Vilches

Concejala PTS - FIT Córdoba. Legisladora provincial PTS-FIT (mandato cumplido) | @VilchesLaura

Miércoles 18 de noviembre | 15:41

El primer dato a favor que tiene Gambito de Dama es que es una miniserie de 7 capítulos, de una hora aproximadamente cada uno.
Es una combinación de thriller (o relato de suspenso) psicológico con la típica novela de aprendizaje o de iniciación que tiene como protagonista a una niña "prodigio" del ajedrez, interpretada tremendamente por la joven actriz estadounidense-argentina Anya Taylor-Joy. Este deporte, el ajedrez propiamente dicho, pelea protagonismo con la joven Beth Harmon. La actuación de Taylor-Joy y sus enormes y expresivos ojos, merece capítulo aparte.

La serie está ambientada en la década del 50-60 y si bien comenzaremos viendo a esta pequeña Elizabeth Harmon en su Kentucky (EEUU) natal, con el desarrollo de la trama y el avance de los capítulos, se paseará, al calor de los torneos de ajedrez internacional por Francia y Rusia.

Este estreno de Netflix, dirigido por Scott Frank, está basado en una novela homónima escrita en 1983 por el autor Walter Tevis. Fue un boom editorial y por sus características narrativas y la rigurosidad con la que está tratado todo lo que tiene que ver con el ajedrez, fue desde el primer momento,candidata a la pantalla cinematográfica.

Fue Allan Scott (el propietario de los derechos de autor, desde 1992) quien buscó llevarla a la pantalla grande y en diversos momentos los nombres de Bernardo Bertolucci, Walter Hill y Michael Adapted, así como el del actor Heath Ledger circularon como opciones de dirección. La muerte temprana de Ledger frustraron el último intento hasta que apareció Netflix y bajo la dirección Scott Frank el responsable también del guión, se estrenó el 23 de Octubre en la plataforma.

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Aunque parezca, no es una biopic

En primer lugar, vamos a decir que aunque se parezca mucho a una película biográfica, Beth Harmon es un personaje completamente ficticio. La elección del título de la serie que podríamos traducir más precisamente como “gambito de reina” (aunque la jugada lleva el nombre español de "gambito de dama")
remite a la propia protagonista, una “damita” que despliega su propia estrategia para desarrollarse en un mundo predominantemente masculino como el del ajedrez profesional. ¿Qué es lo bueno de que sea pura ficción? Que no es para ansiosos o ansiosas que quieran anticiparse al final googleando la historia de Beth.

Hay quienes señalanque en la adaptación para la serie, se vuelcan las experiencias de vida de Bobby Fischer, el primer norteamericano, autodidacta en conquistar un titulo mundial contra el ruso Boris Spassky; y Judit Pólgar, la primera mujer en vencer a Kasparov (dueño del titulo mundial por dos décadas), siendo una adolescente (y convirtiéndose en la persona más joven en obtener el título de “Gran maestro” del ajedrez a nivel mundial, superando inclusive al propio Robert Ficher.

Sin embargo, la serie está basada en una novela previa a lo que podríamos llamar “el fenómeno de las hermanas Polgar”, aquellas tres hermanas húngaras convertidas (a fuerza de dedicación, estudio y práctica tempranas) en genias del ajedrez siendo muy muy pequeñas. Judit Polgar, la mujer más joven en convertirse en "gran maestro", es quien le gana Gary Kasparov (dueño del título mundial por dos décadas) en 2002 contra el "pronóstico"del propio Gasparov contra la misma Polgár: "ella tiene un talento fantástico para el ajedrez pero, después de todo, es una mujer", dijo Kasparov, para luego agregar que difícilmente pudiesen cruzarse ambos en una partida porque "ninguna mujer puede sostener una batalla prolongada"

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El gambito de dama (o reina, por el nombre de la pieza) es una de las aperturas posibles del juego y consiste en salir con el peón que protege justamente a la reina para sacrificarlo estratégicamente por una ventaja posterior.

Una recreación realista

Entre los principales elogios sobre la serie, encontramos aquellos que destacan en el rigor con que se construyen las escenas de las partidas de ajedrez, tanto en lo que hace al movimiento de las manos y el desplazamiento de las fichas propias de una profesional, como en torno a el estudio y reproducción específica de las partidas de ciertos torneos, así como el “relato” de los comentaristas radiales como en cualquier otro deporte.

Mención aparte merece que el asesoramiento para el rodaje de esas escenas (donde la tensión dramática se centra en los sentimientos y sensaciones de los personajes) estuvo a cargo del campeón mundial Bruce Pandolfi (quien ya había acompañado el proceso de escritura de Walter Tives) y del enorme Gary Kasparov

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Dama en apuros

Pero volviendo a la protagonista y el título de la novela, podríamos decir que la dama en juego, aquí, es una niña que queda huérfana como resultado de lo que presumimos es un accidente de tránsito, y por ello es enviada a un orfanato de mujeres.

Allí, entre la adicción provocada por los sedantes que les daban a lxs niñxs y el deseo de aprender a jugar ese juego que solitariamente despliega el conserje (el señor Sheibel) en el sótano del orfanato , Beth es descubierta y se descubre a sí misma como “prodigio” y lo despliega a costa de esfuerzo, estudio y mucha dedicación. Esto se profundiza cuando Beth es adoptada por un matrimonio de clase media y se las ingenia para participar en su primer torneo de ajedrez profesional.

Una pequeña mujer en un mundo patriarcal

Es muy interesante el trabajo sobre todos los personajes femeninos y los vínculos que se establecen entre ellos. El trabajo del texto (no he conseguido el libro de Tevis así que no puedo señalar aún si es producto del original de la novela o del trabajo de guion y dirección) sobre el vínculo entre mujeres es muy significativo, y podríamos decir que una marca de época también. Algo que quizás explique el boom en la recepción bajo el signo de una nueva ola feminista en el mundo, y particularmente en Argentina.

Cabe destacar, en primer lugar, cabe destacar el lugar que ocupan las madres, tanto su madre biológica (una mujer matemática) y las lecciones de vida que le deja a pesar de su prematura muerte, como con su madre adoptiva, su “representante” y compañera en la participación de cada torneo. Ambos personajes, al igual que el de Beth, expresan (sin hacerlo del todo consciente y explícito) un rechazo a los estereotipos impuestos de la época (50-60).

Alma, la madre adoptiva, es un personaje que me recuerda a Laura Brown (en la novela de Michael Cunningam cuyo centro es la novela Mrs.Dallaway de Virginia Woolf). Se cuela en ambos personajes, la experiencia del conocido "malestar" femenino que marcará la segunda ola en la segunda postguerra. Alma está tironeada entre el mandato patriarcal y monogámico de la "buena esposa", ama de casa y madre por un lado, que le presenta un presente y futuro literalmente deprimentes; y por el otro, la rebelión que le significará ser compañera de su hija Beth, en su batalla para existir en el mundo del ajedrez.

En el caso de su madre biológica, el destino es un tanto más fatal, pero igual expresión de época en torno a ese mandato materno y cómo afrontarlo y cuestionarlo en soledad. Los concejos de la madre de Beth, aparecen como flashbacks y serán cruciales para los momentos de mayor crisis en el recorrido del personaje para afrontar ese mundo masculino del ajedrez profesional.
El alcohol, los barbitúricos y el suicidio rondan la vida de mujeres que no aceptan los estereotipos y van al choque con la sociedad que intenta disciplinarlas.

El rol de su amiga del horfanato, una niña negra de mayor edad que no será nunca adoptada por su condición negra, es otro hallazgo. Será una joven negra radical, presumiblemente simpatizante del Partido Panteras Negras.

La Guerra fría mete la cola

El marco político en el cual se desarrolla la historia, no alcanza su cenit ligado a la vida interna norteamericana sino en la geopolítica. Este no es un detalle menor: estamos en el desarrollo pleno de la guerra fría, que también se despliega sobre el tablero de ajedrez. La geopolítica mete la cola y esta pequeña pelirroja treintañera se va al corazón de la (ex) URSS a ganarle a los rusos en su terreno.

Aquí es interesante que el trabajo de los personajes no es estereotipado en los términos clásicos de buenos y malos o amigos y enemigos: de hecho, el ruso Borgov con quien Beth Harmon se enfrentará por el título mundial, le reconoce su condición de “sobreviviente” para quien "perder no es una opción"; mientras que uno de los entrenadores de Beth (y ex campeón de ajedrez norteamericano) le señala que a diferencia del espíritu individualista y competitivo de los estadounidenses, los rusos juegan en equipo, hacen un trabajo de estudio colectivo de las partidas y jugadas y se ayudan mutuamente.

Los "juegos" de la inteligencia estatal yanqui y rusa también aparecen como trasfondo a ser de algún modo, “burlado” para concentrarse únicamente en el juego, aunque la lectura de ese resultado del torneo mundial sea leído políticamente.

Espectadores con sentimiento antiimperialista, no pueden sino vacilar entre acompañar el deseo del éxito de la joven Beth frente a los campeones, o rechazar que los soviéticos sean derrotados en su fortaleza por una emisaria de los yanquis.

Si contemplamos el estreno de la serie en pleno desarrollo (quizás con un reflujo) de lo que se considera una nueva ola del feminismo a nivel mundial, no llame tanto la atención que el protagonismo se lo lleva una joven mujer como esas miles que protagonizaron la ola verde, que despliega toda su inteligencia y capacidad intelectual (podríamos observar en los gestos de Beth algunos de los rasgos más lúcidos de Greta Thunberg), para disputar un lugar en un terreno típicamente masculino.

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Comunismo y sororidad

Y no es casualidad que algo escasamente observado por la crítica, es el relieve que adquieren los lazos con esas otras mujeres de diversas generaciones en la conquista de una personalidad como la de Beth, que combinada con el cruce mano a mano con los mejores ajedrecistas varones de los que dispone la ficción, le otorgan a Beth Harmon una superioridad en los diversos planos que la convierten en heroína.

Es revelador pensar que cada vez que desde el movimiento de mujeres se cuestiona el rol de los estereotipos y el impacto de los juegos en la educación de los deseos, objetivos, habilidades de niños y niñas, se está impidiendo que surjan montones de niñas “prodigio” como Beth dedicadas a ese “deporte-ciencia” como llaman al ajedrez. Es revelador que para un mundo que pretende convertir a las mujeres en objetos de decoración, la educación en los desafíos intelectuales, el ejercicio agudo de la lógica, el entrenamiento en estrategias de juego y la toma de decisiones para vencer al oponente, sea una educación más que peligrosa.

Quizás el éxito de la serie también esté dando cuenta de que hay montones de potenciales Beth allí, despertando y buscando hacerse un lugar en el mundo. Cabe señalar, que como destaca el personaje de Benny Watts y muestra la propia Beth en el lazo con las demás mujeres, esa construcción sea sólo posible estrechando lazos de solidaridad y elaboración colectiva.

Como bien puede enseñar el ajedrez, todo lo demás es estrategia para ganarle al enemigo en ese tablero de 64 casillas en que se concentra el mundo. Ojalá, con más mujeres y niñas aprendiendo el arte de la estrategia, bajo el estímulo de Beth Harmon, preparen también a las futuras generaciones para tomar el cielo por asalto.






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