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Friedrich Engels y su lectura de la Biblia: Juan, el cristianismo y ¿la revolución?

Engels fue uno de los lectores decimonónicos de la Biblia. Escribió un texto titulado "Contribución a la historia del cristianismo primitivo".

Sergio Abraham Méndez Moissen

México @SergioMoissens

Lunes 4 de diciembre | 23:38

Publicado en 1894 y 1895, disponible aquí, es la reflexión más profunda de Federico Engels sobre la Biblia. ¿Qué dice el gran amigo de Karl Marx sobre dicho texto?

El cristianismo: Juan y Engels

Marx y Engels leyeron la Biblia y tienen múltiples metáforas religiosas. En este texto de Enrique Dussel se podrá encontrar algunas de las metáforas de la obra del joven Marx que continuaron hasta la redacción de El Capital. Como cabalístico que intenta desanudar los ideales de la Torhá, Engles da su versión sobre el Pentateuco y del Texto de Juan del Nuevo Evangelio.

Engels escribió Contribución a la historia del cristianismo primitivo en 1894 y 1895. 50 años después de los primeros textos de ambos amigos sobre la teología de Feuerbach.

Engels ve en el cristianismo un movimiento “los oprimidos: apareció primero como la religión de los esclavos y los libertos, de los pobres y los hombres privados de derechos, de los pueblos sometidos o dispersados por Roma.” Remata “Si queréis haceros una idea de las primeras comunidades cristianas, mirad una sección local de la Asociación Internacional de los Trabajadores.”

Los valores positivos de amor al prójimo, de ayuda al hambriento, de dar ayuda al descobijado, de ayudar a los pobres son valores, dice Engels, de un movimiento de los oprimidos.

En relación a la crítica de la teología alemana de Bruno Bauer llega a la conclusión de la profecía catastrófica “en el fondo sólo profetizan cosas ocurridas hace tiempo y perfectamente conocidas por el verdadero autor.” Uno de los más importante de los textos religiosos es el de Juan, sobre el final de los tiempos y Engels le llama “una serie de visiones”. Dice Engels que “los cristianos primitivos eligieron dejar su liberación para después de esta vida, mientras que el socialismo ubica su emancipación en el futuro próximo de este mundo”

Engels detalla que Juan es una visión profética apocalíptica. Pero crítica la autoría y reduce la obra de Juan a las aportaciones de Ezequiel en el antiguo testamento. En dicho texto de Engels existe una valoración positiva del cristianismo primitivo más no de las instituciones que le hacen prevalecer. La principal idea es que la salvación debe ser en el mundo terrenal y no en un mundo próximo.

La obra de Juan, el Apocalipsis, tiene múltiples lecturas desde el marxismo. W. Benjamin, se cree, analizó en sus Tesis sobre la historia la idea del juicio de la historia. Retomando los aspectos catastróficos de la historia en el judaísmo la liberación debía ser un acontecimiento revolucionario en el pleno rayo de la historia: la revolución es un acto restaurador de justicia de los que han sido vencidos y una promesa de justicia futura. Es el más insólito de actos de justicia: el día en el que oprimidos logran imponer su justicia en la historia, de aquella generación entera de derrotados, por sobre de los vencedores. Juan tiene un poder literario fascinante y encierra una visión catastrófica de la historia.

La importancia de la teología para Marx y Engels: crítica teológica

Cualquier marxista sabe de la importancia que tenía para Karl Marx y Engels la teología. Sin ella, difícilmente hubiera existido el materialismo histórico y la ruptura de la filosofía clásica alemana.

La gran obra de Marx y Engels comienza como una crítica de la filosofía, pasa a una crítica del derecho, transita a una crítica de la teología y pasa a la crítica de la política para culminar en la crítica de la economía política: en la crítica de la propiedad privada.

Los textos decisivos para entender la crítica teológica de Marx y Engels vienen de la crítica a la obra de de Ludwing Feuerbach La esencia del cristianismo y de la Filosofía del Derecho de Hegel. Los textos de Marx son Las Tesis sobre Feuerbach, Los manuscritos de 1844 y La introducción a la crítica de la filosofía del derecho de Hegel.

De la crítica teológica Marx y Engels detallan por lo menos tres cosas. 1. La religión es el opio de los pueblos, un alivio al dolor del mundo. 2. El mundo paradisiaco, como desprendimiento religioso, es manifestación de la contradicción real del ser y el mundo de las cosas y 3. Es una autoenajenación espiritual que deviene de la actividad sensorial humana.

De la crítica marxista de la religión podemos enfatizar que la idea del opio es que la religión alivia el dolor, la tristeza, la tragedia, la crueldad de vivir en el mundo del capitalismo. En un sentido el sentimiento religioso es una revuelta, un rechazo, una protesta al mundo descorazonado del capitalismo.

En otro punto este mundo descorazonado existe como negación del ser del mundo: al no existir de manera enteramente plena en el mundo real es que construimos mundo alternativos en donde no existe esa contradicción: el paraíso es una manifestación de nuestra inconformidad con el mundo de las cosas. En tercer lugar: el cristianismo es de las más poderosa de las relaciones enajenadas dentro de la sociedad moderna, mientras más poder tiene el dios cristiano, más empobrecida nuestra creatividad humana.

Institución reaccionaria y teología de la liberación

La institución religiosa es reaccionaria en la modernidad. El papa y el Opus Dei son instituciones reaccionarias. Como señala Michael Löwy: “¿La religión es un baluarte de reacción, oscurantismo y conservadurismo? Brevemente, sí, lo es. Su punto de vista se aplica aún a muchas instituciones católicas (el Opus Dei es sólo el ejemplo más obvio), al uso fundamentalista corriente de las principales confesiones (cristiana, judía, musulmana), a la mayoría de los grupos evangélicos (y su expresión en la denominada “iglesia electrónica”), y a la mayoría de las nuevas sectas religiosas, algunas de las cuales, como la notoria iglesia del reverendo Moon, son nada más que una hábil combinación de manipulaciones financieras, lavado de cerebro y anticomunismo fanático.”

Contra la interrupción del embarazo, contra la diversidad sexogenérica, por la reacción política, al servicio de los empresarios, que ocultan a pederastas, que están contra el uso de las drogas, contra la idea de la evolución, son grupos reaccionarios.

Sin embargo, en las décadas de 1960 y 1970 surgieron, en especial en América Latina franjas de la institución religiosa que reflejaron en forma distorsionada la radicalización social de la época. La lectura revolucionaria de la Biblia es el alma de los movimientos que fueron parte de la resistencia contra feroces dictaduras.

Uno de los casos más emblemáticos es el de Monseñor Romero en El Salvador que fue asesinado por la junta militar impuesta en 1979 cuando comenzó la guerra civil. Romero fue ejecutado por sus homilías dedicadas a los trabajadores, la juventud y el pueblo pobre. En América Latina existen diversos ejemplos de estos movimientos.

De acuerdo con el artículo “La teología de la liberación en México: recepción creativa del Concilio Vaticano II”, de Carlos Mendoza-Alvárez, la teología de la liberación tuvo como punto de partida el reconocimiento “a los pobres como sujetos históricos y como interlocutores privilegiados del Reinado de Dios anunciado por Jesús de Nazaret. Desde dicha perspectiva, la teología de la liberación se atrevió a leer la Biblia con otros ojos: los de los pobres y excluidos, para construir una praxis histórica y una teoría interdisciplinaria, promover procesos de transformación de la realidad y comprenderla desde el seguimiento de Cristo liberador”.

Si la religión es el bálsamo del individuo ante un mundo descorazonado es necesario revolucionar las bases materiales que generan esta insatisfacción en el mundo material: llevado al extremo sin modificar el régimen de producción, el capitalismo, que genera los dolores del mundo, es difícil la ruptura con la religión. La importante es destruir las bases materiales del sentimiento religioso: las contradicciones que imponen el dolor en el mundo el capitalismo como crueldad, como castigo, como descorazonamiento sobre los individuos.






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