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Franz Kafka: soñador insumiso… anticapitalismo y distopía

La distopía de Kafka tiene un inverso: la exigencia de la más entera libertad y emancipación.

Sergio Abraham Méndez Moissen

México @SergioMoissens

Martes 5 de septiembre | 13:33

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He vuelto a leer a Franz Kafka y me siento inquieto. Algo oprime mi pecho. Comencé con Ante la ley, pasé a El Proceso y luego pasé por La Muralla China. ¿Qué podría decirse nuevo de Kafka? No mucho, pero me siento agobiado, angustiado y un poco perplejo como si lo hubiera leído por primera ocasión. Es la sensación obligada de una lectura, atenta, espaciada de Kafka.

G. Lukács consideró que Kafka no era un escritor “realista” y lo tildó de “decadente” frente a Thomas Mann (que en La Montaña Mágica utiliza la vida del húngaro en el personaje de H. Cartop) pero que al ser llevado a un castillo preso en los años sesenta cambió su opinión y dijo “al parecer si, Kafka, es realista”. André Breton lo consideró un avisador y un genio. El soñador de las orejas grandes sí buscó iluminar la utopía por medio de la descripción más fiel y exacta de su ... inexistencia.

Vamos a hacer una “inyunión”. Jacques Derrida usó el verbo «injonction» que se traduce como “inyunción”: emparentar sin que sea forzoso dos cosas sin aparente sentido. Hagamos una “inyunción”: Kafka y anticapitalismo. Dos temas aparentemente sin relación.

Cuando le preguntaban a Kafka sobre la esperanza de un mundo mejor él respondía, según Brod: "El sonrió. ’Oh, bastante esperanza, infinita esperanza, sólo que no para nosotros” Sin embargo, lejos de una lectura conformista de Kafka su obra es profundamente utópica por describir una sociedad enteramente ausente de libertad: su llamado es a luchar por ésta.

El Proceso: Kafka y una lectura libertaria

El Proceso es una de las obras más agobiantes de la historia de la literatura. Jospeh K un día despierta y comienza su juicio: toda la ira de los juzgados, en medio de un sinnúmero de representantes del estado le obligan a seguir un proceso.

K no tiene idea ¿De qué se le juzga? ¿Quién juzga? ¿Qué es el juicio? ¿De qué se supone qué es culpable? Todo adquiere un aspecto absurdo. En el camino K se convierte en un sujeto dócil y sumiso: derrotado por un juicio sin sentido recibe toda la ira de la “justicia” y el estado lo doblega. Nunca sabemos en el texto de qué se le acusa al joven K. Eso es acuerdo de todos sus intérpretes.

Según Michael Löwy existen tres interpretaciones de El Proceso: la resignada, la culpabilizante y la libertaria (esta última minoritaria). La primera representada por Max Brod el primer “biógrafo” de Kafka que sugiere que K debe resignarse a vivir un proceso, aunque sea inocente, pues todos en el mundo moderno debemos ser culpables de algo. Vivir resignadamente todas las tragedias que nos impone el capitalismo.

El caso de la versión culpabilizante de Erich Séller que concluye, “si tal o cual persona, o incluso miles, o algunos millones de personas son ejecutadas es porque han ofendido terriblemente a la ley”. Algo mal se hizo y por lo tanto merecemos la ira del estado capitalista.

La tercera libertaria encabezada por W. Benjamin en diálogo con Brecht y Scholem que sugiere que Kafka describe un ambiente enteramente opresivo, en el que no existe un gramo de libertad, pero ese es un elemento inicial de la obra de Kafka no siempre lo más importante. En Kafka, Benjamin, ve la utopía. En la idea de Benjamin la descripción de la inexistencia de libertad y del absurdo implica una exigencia a luchar por la emancipación: por un mundo enteramente nuevo.

La utopía en el sentido kafkiano está en su inexistencia, en su nulidad. Como lo sugiere Michael Löwy “la utopía existe de un modo negativo, como crítica de un modo totalmente desprovisto de libertad, sumido en la lógica absurda y arbitraria en el que triunfa en estado como aparato todo poderoso. Es una crítica del estado de cosas existentes en el que la vida de los hombres ha sido desprovista de sentido”

La ausencia de toda libertad y de la opresión del estado son los motivos más relevantes para cambiar el mundo: en ese sentido es una crítica del estado de cosas imperante y un llamado a cambiarlo todo de raíz.

Leer a Kafka genera odio al estado de cosas imperante en el que el estado, la justicia, las instituciones y los inventos del mundo moderno están en contra, entera y radicalmente, de la libertad. El objetivo de Kafka es “despertar”, “iluminar” un elemento oculto en el capitalismo: el carácter opresivo del estado en el capitalismo y la urgencia de destruirlo y aniquilarlo.

Distopía y anticapitalismo

Kafka leyó y se reunió con los anarquistas y socialistas libertarios de su natal Praga. Leyó la obra de Proudhon, Stirner, Bakunin, Kropotkin y Karl Marx. También asistió a reuniones anarquistas públicas o clandestinas de militantes socialistas y libertarios. Como bien le dijo Brecht a Benjamin: Kafka debió convertir su agobio en militancia.

Kafka por tanto estaba familiarizado con el anarquismo y el marxismo y llegó a escribir a un año de la revolución de 1917 una utopía titulada “Comunidad de trabajadores sin propiedad” aún sin traducirse al español. Kafka por tanto, estaba muy cercano a la crítica anarquista y socialista del estado moderno.

Kafka describió el infierno presente para exigir a la imaginación que pensemos la urgencia de un mundo de libertad y sin restricciones, de una comunidad humana sin dominación. Es así que la distopía tiene un objetivo: sólo aparece en su obra en forma negativa como ausencia de libertad, está ausente radicalmente, para exigirnos construirla. La libertad, la emancipación sólo podremos conseguirla enfrentándonos al estado moderno: haciéndolo pedazos.

Lo que sugiere Löwy de las primeras dos interpretaciones es que borran el carácter profundamente crítico de la obra kafkiana que busca desentrañar la naturaleza inhumana y homicida del estado moderno.

La descripción descarnada del proceso del joven K quiere evidenciar el carácter destructivo, opresivo y reaccionario del derecho y de la justicia en el estado capitalista. Kafka describe la sucia prisión en la que vivimos.

Trotsky usó esa frase en mayo de 1940, cuando escribió que el mundo que nos ha dejado la burguesía es una sucia prisión y esta no se le puede reformar “Entre las vastas extensiones de tierras y las maravillas de la tecnología, que además de la tierra conquistó los cielos para el hombre, la burguesía logró convertir nuestro planeta en una sucia prisión.”

W. Benjamin, fue de los primeros en entender que Kafka describía la opresión para “despertar” de las ilusiones de la modernidad. En Kafka el estado es un monstruo opresivo al que no se le puede cambiar su naturaleza de clase (la injusticia de Ante la ley, muestra que la injusticia es para las clases populares) y que obliga a pensar uno enteramente nuevo.

Esto llevó a Benjamin discutir con B. Brecht y Scholem sobre la naturaleza de Ante la Ley y el El Proceso, además de publicar un documento sobre Kafka, del que concluyó “es una experiencia del hombre en la gran ciudad. Hablo en primer lugar del ciudadano del estado moderno que se sabe entregado en un aparato burocrático”.

La obra de Kafka es una de las críticas más mordaces y geniales al estado capitalista una incitación a cambiarlo todo antes de que sea demasiado tarde.

Referencias:
Benjamin a Scholem, Dos iluminaciones sobre Franz Kafka. Disponible en internet.
Kafka, Franz, El Proceso, Varias Ediciones.
Kafka, Franz, Ante la ley, Varias ediciones.
Löwy, Michael, Redención y utopia, Silepsismo, Francia. 2010.
Löwy, Michael, Kafka, rebelde insumiso. Taurus, 2010.






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