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NI UNA MENOS

Estado español: el femicidio de Laura Luelmo y las violencias del capitalismo patriarcal

El crimen de la profesora de 26 años ha generado una gran conmoción. Hay que apuntar la rabia contra este sistema capitalista y patriarcal que reproduce las violencias contra las mujeres y la mayoría de los seres humanos.

Miércoles 19 de diciembre de 2018 | 10:59

Laura Luelmo era una profesora interina de artes en un pequeño pueblo español. Una tarde salió a correr y ya no regresó a casa. Su cuerpo fue encontrado pocos días después y se confirmó la peor sospecha: había sido golpeada y asesinada, abandonada desnuda en un descampado hasta morir. El dolor estalló en las redes y el grito de #NosQueremosVivas y #NiUnaMenos volvió a recorrer el mundo. En pocas horas el hashtag #TodasSomosLaura sumó a miles de mujeres y también muchos hombres mostrando la tristeza, la rabia y la indignación ante un nuevo femicidio.

El grito por Laura Luelmo es también un grito de dolor por Jenifer, por Celia, por María Adela, Paz, Dolores, Patricia, Silvia, María José, Doris y muchas otras; ya son 94 los femicidios en el Estado español tan solo en 2018. ¿Qué hacemos con esta rabia? ¿Cómo transformamos las redes de solidaridad y las manifestaciones de indignación en una lucha radical contra este sistema capitalista machista y patriarcal?

Contra las violencias machistas… y el punitivismo reaccionario

No habían pasado ni 24 horas del hallazgo del cadáver de Laura Luelmo cuando el Partido Popular (PP) salió a instrumentalizarlo para su campaña electoral defendiendo la Ley de Perpetua Revisable que está vigente desde 2015. Ciudadanos se suma a las voces que buscan aumentar las condenas en el código penal y VOX aboga por Cadena perpetua sin posibilidad de “reinserción”. Quieren utilizar la conmoción por este nuevo asesinato para fortalecer los instrumentos represivos del Estado y el sistema carcelario. Pretenden instalar la idea de que la violencia contra las mujeres se puede solucionar dando más poder de fuego al Estado y fortaleciendo un sistema carcelario racista y de clase (la mayoría de los encarcelados son pobres, racializados y migrantes) que reproduce y multiplica las violencias en todas sus formas.

Si la fuerza del movimiento de mujeres en las calles se canaliza hacia una estrategia que pone el eje en exigirle al Estado capitalista penas más duras para los agresores -un Estado cómplice del patriarcado, que expulsa a los inmigrantes y reprime a los activistas-, se terminará en una legitimación de este aparato de dominación, mientras se crea la ilusión de que con castigos individuales se puede terminar con la opresión hacia las mujeres.

Frente a ese populismo punitivo, tampoco son una salida las tibias manifestaciones del progresismo liberal que desde el gobierno repite llamados institucionales para realizar “un minuto de silencio” después de cada asesinato. Lamentablemente, tampoco ha servido para frenar los femicidios la Ley de violencia de género aprobada en 2004 (Ley que ahora VOX propone derogar para reemplazarla por una reaccionaria ley de “violencia intrafamiliar”). Esta Ley contiene graves insuficiencias -además de atar la asistencia a las mujeres a la exigencia de que estas denuncien penalmente a sus agresores reforzando nuevamente el punitivismo-.

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Ante el flagelo de la violencia de género es necesario desarrollar comisiones de mujeres autoorganizadas en todos los lugares de trabajo y estudio, para decidir medidas y protocolos contra el acoso y las agresiones. Al mismo tiempo, son necesarios planes integrales contra la violencia de género que reconozcan todo tipo de violencias (violencia sexual, violencia física o psicológica, violencia institucional, acoso en el trabajo, etc.), sin imponer ningún tipo de intervención judicial ni policial, y facilitar casas de acogida para mujeres y niños controladas por las propias mujeres y profesionales. En las escuelas son imprescindibles asignaturas de educación sexual en todos los niveles educativos, dejando de financiar la educación religiosa. Las mujeres que padecen violencia de género en sus hogares necesitan acceder a viviendas sociales, lo que puede lograrse empezando por expropiar las miles de viviendas vacías que hoy están en posesión de los bancos. Para las inmigrantes, que se encuentran en una situación de mayor vulnerabilidad y padecen la violencia institucional, hace falta otorgar papeles para todas y derogar la Ley de extranjería, que impone situaciones de violencia de forma permanente. En los trabajos, hay que luchar por terminar con la extrema precariedad y largas jornadas laborales a la que están sometidas trabajadoras y trabajadores, que impiden la conciliación con la vida familiar y social y genera situaciones de violencia dentro y fuera del ámbito laboral.

Para luchar por todas estas medidas, es necesario desarrollar la autoorganización y organización del movimiento de mujeres junto a la juventud, los inmigrantes y la clase trabajadora.

Un sistema que reproduce todo tipo de violencias

En su reciente visita a Madrid, Angela Davis dijo que “debemos comprender la relación que hay entre las distintas formas de violencia de género y la violencia estatal; entre la violencia que se expresa a escala individual y la violencia en las cárceles, las guerras y la que proviene de la Policía. Esto es algo que las mujeres de color han vivido". La activista norteamericana apuntaba al hecho de que no se puede aislar la violencia hacia las mujeres de las violencias que este sistema capitalista, patriarcal y racista, genera y reproduce como forma permanente de existencia. Vivimos en una sociedad devoradora de seres humanos, donde cada día las mujeres son asesinadas por ser mujeres, las personas racializadas son asesinadas por la policía y decenas de miles mueren en el mediterráneo por ser inmigrantes. Es un sistema depredador, donde millones de personas mueren por miseria o hambre, mientras un puñado acumula riquezas inauditas; un sistema capitalista rapaz y sangriento que alimenta con carne humana la maquinaria de explotación y de opresiones, generando dolores profundos y monstruosas crueldades. Por eso es necesario convertir toda la rabia por los femicidios en una rebelión contra este sistema, evitando caer en la trampa reaccionaria de promover una “guerra” de mujeres contra hombres -una estrategia que solo puede reforzar a los poderes establecidos-, sino fortalecer una lucha radical y consciente del movimiento de mujeres y de todos los oprimidos contra este sistema patriarcal, racista y capitalista.

En pocos días se cumplirán cien años del asesinato de la revolucionaria polaca Rosa Luxemburgo en manos de soldados alemanes. En un texto, Luxemburgo señalaba que un mundo de lamentos femeninos espera para ser redimido, por medio de la lucha por la liberación de todo el género humano:

“El taller del futuro precisa de muchas manos y de gran aliento. Un mundo de lamentos femeninos espera para ser redimido. Así está la mujer del pequeño campesino que se quiebra bajo el lastre de la vida. Allá en el África alemana, en el desierto de Kalahari, se blanquean los huesos de las indefensas mujeres herero, que fueron arrastradas por la soldadesca alemana a una muerte terrible de hambre y de sed. Al otro lado del océano, en los altos acantilados del Putumayo, se extinguen sin que nadie los oiga, los gritos de muerte de las mujeres indias, martirizadas en las plantaciones de caucho de los capitalistas internacionales. Proletarias, las más pobres de los pobres, las más privadas de derechos de los sin derechos, corred a la lucha por la liberación del género femenino y del género humano de los espantos de la dominación capitalista”.

Laura Luelmo había dedicado uno de los últimos tuits a la lucha de las mujeres el 8M. El mejor homenaje que podemos hacer en su nombre, y por todas las que no están, es redoblar la lucha contra este sistema patriarcal y capitalista. El próximo 8M hagamos que la tierra tiemble por Laura, por Jenifer, por María, por todas las mujeres, para que todos sus lamentos sean redimidos y nos liberemos del espanto de la dominación capitalista y patriarcal. Esa es nuestra esperanza.






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