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ESTADO ESPAÑOL - INVESTIDURA

Elecciones en el Estado Español: gobierno de ajuste y la izquierda necesaria para enfrentarlo

Se busca un gobierno estable para aplicar los ajustes pendientes. La mano tendida de Unidas Podemos mantiene el blanqueo del PSOE. Es urgente una izquierda que se prepare para enfrentar el ajuste.

Santiago Lupe

@SantiagoLupeBCN

Viernes 13 de septiembre

Salvo algún giro inesperado, vamos a elecciones en el Estado Español. La indignación de las editoriales es menos estridente que en 2015. En el fondo podría decirse que “no es para tanto”. Uno de los suyos, el PSOE, espera ampliar su grupo parlamentario. Una posición algo más ventajosa que, junto al chantaje de “unas terceras sí que no”, esperan les permitan el desbloqueo de la investidura.

“Se busca gobierno estable para tiempos de ajuste. Razón: la patronal”

La patronal, por medio del Círculo de Empresarios, ya ha advertido que no le parece mala idea. Mejor nuevas elecciones que un gobierno con Unidas Podemos. No porque estos últimos se hayan mostrado duros e intransigentes en la negociación del contenido. Sobre el programa no ha habido grandes debates. Se daba por bueno el presentado por el PSOE. Una serie de medidas saludadas por la derecha del propio programa electoral de Pedro Sánchez.

El problema es otro. Lo que la patronal y el régimen necesitan es un gobierno estable. Capaz de seguir enfrentando los desafíos en clave de crisis política, como el movimiento catalán. Pero también capaz de lidiar con una nueva recesión internacional, mayores tensiones geopolíticas y la crisis del proyecto europeo. El BCE lo dejaba claro en su último boletín económico: el siguiente gobierno debera ser, sí o sí, antisocial.

Abordar esta agenda, que incluirá nuevos ajustes presupuestarios y contrarreformas de calado como la de las pensiones, se necesita algo más de “unidad de Estado”. Para conseguirlo lo primero es conseguir que los votos de ERC dejen de ser necesarios. La previsible subida del PSOE hay que ver si es suficiente o no. Lo segundo es lograr que la urgencia y el chantaje de ir a unas terceras consiga disciplinar a algún socio por la derecha -Ciudadanos- o por la izquierda -Unidas Podemos- para que le den los votos y la estabilidad necesaria.

Hasta ahora no ha sido posible. Ciudadanos está embarcado en la empresa de liderar el bloque de la derecha. Hay que ver si su previsible bajada le quita estos sueños de grandeza a Rivera y vuelve a ser el hombre obediente al IBEX35. Unidas Podemos, a pesar de aceptar la subordinación al programa y la dirección de los social-liberales , no están dispuestos a ser consortes si no es a cambio de una participación en el gobierno acorde al menos a su peso parlamentario.

Unidas Podemos: manual de cómo no prepararse contra el ajuste que viene.

Que un siguiente gobierno del PSOE hará honores a su historia no cabe duda. Nos referimos a su historia de reformas laborales, pensionazos, recortes, reformas constitucionales para blindar el pago de la deuda y políticas represivas contra la protesta social o el independentismo. Esto lo tienen claro en Zarzuela y en el IBEX35. Sin embargo, tanto Podemos como Izquierda Unida llevan tiempo intentando convencernos de lo contrario.

Su gran apuesta estratégica es lograr un acuerdo de gobierno o programático con el PSOE. Venden esto como la garantía de que se revertirá lo perdido en años de recorte y se darán soluciones a “los problemas de la gente”. Iglesias pide como condición que les den acceso al Consejo de Ministros. IU, como Anticapitalistas, se conforman con un acuerdo programático a la portuguesa.

El primero roza el pensamiento mágico. Es como si la mera presencia de ministros de Unidas Podemos hiciera desaparecer las intenciones declaradas del PSOE de no derogar la reforma laboral, avanzar en una reforma regresiva de las pensiones y mantener, profundizándolos cuando la situación económica lo requiera, los ajustes acumulados en una década.

Los segundos venden la ilusión de reeditar la experiencia lusa pasando por alto que el “gobierno de izquierdas” de Portugal mantiene hoy por hoy el grueso de los ajustes y recortes de sus antecesores, los niveles salariales por los suelos y una guerra abierta -con medidas antisindicales y antihuelga indluídas- con innumerables sectores de trabajadores.

Seguir repitiendo la idea de que es posible un “gobierno progresista” con el PSOE es la mejor operación de blanqueo de quienes se preparan para seguir gobernando para el IBEX35. Es por tanto todo lo contrario a preparar mínimamente las condiciones para que la agenda del nuevo gobierno pueda ser resistida desde las calles y los centros de trabajo. Lo más patético es que este gran servicio es contestado con el ninguneo sistemático del PSOE. Nadie dijo que el neoliberalismo “progre” fuera agradecido.

Una bancarrota del nuevo reformismo que nadie puede negar.

La hipótesis Podemos definitivamente no salió. No lo hizo en ninguna de sus versiones. Ni la de lograr el sorpaso a los social-liberales, emulando a Syriza en Grecia. Ni la cada vez más descafeinada del gobierno de coalición. Cabría preguntarse ¿qué hubiera pasado si el PSOE cedía y abría la mano? aunque fuera por necesidad.

Conviene entonces mirar allí donde esto ha sucedido. Las comunidades autónomas y ayuntamientos - muchos con la “izquierda del cambio” a la cabeza- donde han gobernado o gobiernan en común. ¿Se han revertido los ajustes presupuestarios o se ha pagado religiosamente la deuda? ¿se han paralizado los desahucios o éstos se han disparado espoleados por la burbuja del alquiler? ¿se han remunicipalizado servicios o siguen en manos de multinacionales como las de Florentino Pérez? O mirar más allá de nuestras fronteras y ver la experiencia en el gobierno central de una fuerza del nuevo reformismo: Syriza. Seis meses tardó Tsipras en convertirse en el aplicador del memorándum de la Troika que acabó hundiendo en la miseria a la mayoría del pueblo griego.

Entre 2011 y 2014 muchos de quienes fueron parte del 15M, las mareas, las huelgas generales contra el gobierno de Rajoy, la solidaridad con la huelga minera, la lucha contra el recorte de la ley del aborto de Gallardón o el movimiento estudiantil, miraban con ilusión estas experiencias y proyectos políticos. Hoy su bancarrota política es un hecho. El establishment lo aplaude, en tanto y cuanto anima la idea de “no hay alternativa” y una cierta recuperación de los viejos partidos del extremo centro ayudados por el “malmenorismo” frente a los fenómenos de la extrema derecha.

La necesidad de una izquierda que se prepare para los ataques y las crisis que se avecinan.

Contra la desmoralización y la apatía, contra el aceptar el rol de una izquierda subsidiaria del PSOE como lo único posible, es necesario plantearse una izquierda radicalmente diferente. En el Estado español es hora de abrir esta discusión. Anticapitalistas debería decidir si continúa en Podemos y sigue siendo parte de quienes, aún desde posiciones más críticas o independientes, sostienen que no hay más horizonte que presionar para que el PSOE “haga algo de izquierda”, o rompe y apuesta por una política de independencia de clase y realmente anticapitalista. Lo mismo los sectores de IU que no comparten la política de Garzón de subordinación a Iglesias y al PSOE. Como también los sectores de la izquierda independentista y la CUP que quieran pasar página de las políticas de subordinación en este caso a la dirección burguesa y pequeñoburguesa.

Es necesaria una izquierda que tome como una bandera irrenunciable la independencia política de todos los partidos al servicio de los capitalistas, empezando por el PSOE, y, en vez de sembrar ilusiones en su carácter de socios preferentes para un gobierno de izquierdas, denuncien su demagogia y engaños para seguir aplicando la agenda de la patronal con un barniz “progre”.

Que le oponga a su programa de medidas cosméticas y ajustes de fondo, medidas que realmente resuelvan “los problemas de la gente”. Cuestiones como la nacionalización de la banca, el no pago dela deuda y los impuestos a las grandes fortunas, para lograr revertir los recortes y garantizar servicios públicos suficientes y de calidad. Como el reparto de horas de trabajo sin reducción salarial, el fin de todas las formas de precariedad y subcontratación o pensiones y salarios que permitan una existencia digna. O como la nacionalización bajo control de las y los trabajadores y usuarios de las grandes empresas estratégicas y energéticas para planificar racionalmente la producción y acabar con la destrucción del ambiente.

Hace falta una izquierda sin tapujos, que hable abiertamente de que no es posible resolver los grandes problemas sociales sin medidas que ataquen los privilegios y ganancias de los capitalistas. Medidas que no se podrán imponer si no es desarrollando y fortaleciendo la autoorganización y movilización de la clase trabajadora y los sectores populares. Que eso sea el eje de su agenda, denunciando y peleando contra la burocracia sindical y poniendo sus fuerzas y posiciones institucionales a favor de fortalecer la lucha.

El ejemplo de Argentina puede ofrecer una buena referencia. El país está en medio de una grave crisis que muchos comparan con la del 2001. Tanto el gobierno de la derecha de Macri como el “mal menor” del Frente para Todos de Alberto Fernández -donde está integrado el kirchnerismo y que salió ganador de las elecciones primarias de agosto- se preparan para aplicar el ajuste en los próximos meses. En ese marco el Frente de Izquierda y de los Trabajadores – Unidad en Argentina, del que forman parte nuestros compañeros y compañeras del Partido de los Trabajadores Socialistas, es una muestra de que esta otra izquierda es posible.

Con implantación en todas las universidades del país, decenas de sectores obreros y sindicatos, en el movimiento de mujeres, el de los parados o la juventud, levantan un programa para que la crisis la paguen los capitalistas y se preparan para enfrentar el ajuste que aplicará el siguiente gobierno que salga de las elecciones de octubre. Sus diputados y diputadas ponen sus escaños precisamente al servicio de fortalecer las luchas obreras y sociales, donde reside la fuerza social capaz de derrotar los planes del gobierno de turno y de que la próxima gran crisis se convierta en una verdadera oportunidad para conseguir un gobierno basado en los organismos de autoorganización de la clase obrera y los sectores populares.

En el Estado español, la izquierda se ha referenciado mucho más en Syriza que en el FITU, y en estas condiciones llegamos a las puertas del nuevo episodio de la crisis capitalista que todos los analistas reconocen. Las fuerzas que mencionábamos más arriba tienen la responsabilidad, tal y como ya planteamos desde la CRT antes de las elecciones de abril, de impulsar una alternativa política en estas coordenadas, que podría tener una expresión electoral en noviembre y partir así en mejores condiciones para los acontecimientos que se avecinan.






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