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El testimonio de la hija de Etchecolatz: “Repudio a mi padre genocida”

En una entrevista publicada por Anfibia, Mariana D. (46) cuenta parte de su pasado familiar y explica por qué marchó el miércoles para repudiar el fallo de la Corte que podía dejar libre a su padre.

Viernes 12 de mayo | Edición del día

Foto Federico Cosso / Anfibia

En una entrevista publicada este viernes en la revista Anfibia, el periodista Juan Manuel Mannarino habló con Mariana D., la hija del genocida Miguel Osvaldo Etchecolatz, quien decidió dar por primera vez su testimonio y contar parte de su historia personal.

La mujer de 46 años explicó por qué estuvo el miércoles en Plaza de Mayo rechazando el fallo de la Corte que abría la posibilidad, con el “2x1”, de que su padre y cientos de genocidas más salieran en libertad.

A su vez, relató los maltratos y la violencia que el excomisario de la Policía Bonaerense y mano derecha de Ramón Camps ejerció sobre su esposa y sus hijos, quienes con los años decidieron alejarse de su padre. Ella, incluso, se cambió el apellido para acabar con el estigma que la persiguió desde su infancia.

“¿Cuánto escuchaste por primera vez lo que había hecho tu padre?”, le preguntó Mannarino. A lo que la Mariana D. respondió que fue “de joven. Fue muy difícil, porque vivíamos en una burbuja, sometidos y desinformados. Aparentábamos lo que no éramos. Las personas que nos rodeaban decían ‘qué capo es tu viejo’. No había quienes nos dijeran ‘mirá este hijo de puta lo que hizo’. Una vez que escuché un testimonio en un juicio ya no me hizo falta nada más. Hasta hoy me da aberración”.

La mujer contó también que ella, su mamá y sus hermanos J.M. y F.M. se liberaron de Etchecolatz “después de que cayó preso por primera vez, allá por 1984. Vivíamos en Brasil porque era jefe de seguridad de los Bunge y Born, y regresó pensando que era un trámite, como si la Justicia no le llegara a los talones. Al principio lo visitábamos, pero después mi madre, María Cristina, pudo decirle en la cara que íbamos a dejar de verlo. Ella siempre nos protegió de ese monstruo, si no hubiera sido por su amor, no podríamos haber hecho una vida”.

Agregó que sus hermanos “se fueron a vivir lejos de Buenos Aires, cada uno hizo su familia, ahora somos muy unidos. Mi mamá se casó con un hombre que ama, y está en el exterior. Nadie llegó a lo que yo llegué, pero me apoyan”.

Luego de relatar pormenores de los maltratos y la violencia física y psicológica que padecieron dentro de la casa de quien gobernaba la vida y la muerte de miles de personas en la Provincia de Buenos Aires durante la dictadura cívico-militar, Mariana D. contó que desde 1985 no habla con su padre. Fue cuando lo visitó en la cárcel de Magdalena y el genocida le dijo “Qué vergüenza estos zurdos, lo que me hicieron”.

“¿Cómo te sentías cuando escuchabas su apellido en los medios?”, preguntó el periodista de Anfibia.

“Me invadía el terror. Me angustié desesperadamente con lo de Julio López. Me temo que aún sigue sosteniendo poder desde la cárcel, no es un ningún viejito enfermo, lo simula todo. Todavía hay gente que piensa que fue alguien íntegro porque ‘nunca robó nada’. Como si eso lo exculpara de los crímenes aberrantes que cometió”, respondió Mariana D.

“¿Y quién es verdaderamente Etchecolatz?”, preguntó Mannarino.

“Es un ser infame, no un loco, alguien que le importan más sus convicciones que los otros, alguien que se piensa sin fisuras, un narcisista malvado sin escrúpulos. Antes me hacía daño escuchar su nombre, pero ahora estoy entera, liberada”.

“¿Qué deseas de acá en adelante?”, fue la última pregunta del periodista.

“Que no salga nunca más. Nunca me había animado a contar mi historia. Y lo único que quiero expresar ante la sociedad es el repudio a un padre genocida, repudio que estuvo siempre en mí. Mejor dicho: el repudio de una hija a un padre genocida”.

Fuente Anfibia








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