Mundo Obrero México

8 DE MARZO

El rostro de la precarización: ser mujer y trabajar en el DIF

Soy trabajadora del Sistema de Desarrollo Integral de la Familia (DIF) Ciudad de México, la institución que dice defender los derechos humanos, que se enaltece de actuar siempre bajo un enfoque de perspectiva de género y que dice salvaguardar la integridad de la población más vulnerable. Nada más alejado de la realidad.

Viernes 8 de marzo | 20:27

Como la mayoría de mis compañeras y compañeros, soy una trabajadora precaria pues la institución no reconoce la relación laboral que tiene con nosotros, razón por lo cual no nos otorga ni los derechos laborales elementales.

Esta situación en sí misma, para cualquier persona trabajadora, ya me causa la convicción de que es injusta pero mayor malestar me provoca el contraste con el discurso institucional cuando es la institución la primera en violar los derechos humanos y reproducir la violencia y desigualdad hacia las mujeres.

En el tiempo que llevo trabajando he visto, escuchado y vivido lo que es ser mujer y trabajar sin derechos en el DIF.

En el DIF, como en la mayoría de las dependencias estatales, la mayoría de las personas trabajadoras somos mujeres, quienes cubrimos jornadas de entre 9 y 12 horas al día, que tenemos que acudir los fines de semana cuando nos es requerido sin que nos paguen horas extras.

No tenemos seguro social ni acceso a guarderías, trabajamos en zonas de alta vulnerabilidad y violencia, y ganamos en promedio entre 5 mil y 8 mil pesos al mes.

Estas condiciones tienen implicaciones muy cruentas para quienes trabajamos ahí y en las mujeres se muestra más crudamente, demostrando lo estructural de la violencia patriarcal.

Mi trabajo es en campo Recuerdo mucho mi primera semana de labor, estábamos en una capacitación y las compañeras nos compartían su experiencia para tratar de evitar situaciones de riesgo.

Una compañera nos contó que en un recorrido en Iztapalapa un par de hombres intentó subirla a la camioneta, por mi mente solo pasaba que en ese entonces había 7 feminicidios al día en el país (ahora 9) y que, a esa trabajadora, ahora amiga, pude nunca haberla conocido. Poco tardé en descubrir que esa sería la realidad, nuestra realidad.

Cuántas veces hemos sabido que a diez pasos de donde damos un taller o hacemos actividades con niñas y niños, o por donde pasamos todos los días han encontrado uno, dos o más cuerpos de mujeres víctimas de feminicidio.
Cuántas balaceras han irrumpido nuestro camino. Cuántas actitudes hostiles o amenazas hemos vivido en la calle o en visitas domiciliarias.

Todo esto sabiendo que no tenemos ni servicio médico y que nos hacen firmar un contrato que dice que la institución no se hará cargo de ningún accidente.

Nuestro trabajo nos hace conocer muy cerca la violencia patriarcal, casos de abuso sexual, violencia que muchas veces llega a intentos de feminicidio, precarización laboral de las mujeres, que comprueban que somos quienes ocupamos el 70% de los trabajos más precarios, es la realidad de todos nuestros días. Pero esta realidad seguido se convierte en nuestra.

Como si esta exposición, respaldada por la falta de viáticos y transporte, fuera poca, cuando comencé a compartir experiencias con compañeras me di cuenta de que el acoso sexual y laboral es también frecuente. Recuerdo el coraje que me dio escuchar que a una compañera no le dieron licencia de maternidad y tuvo que ir a laborar casi de manera inmediata al parto, ¿se imaginan? La institución que dice velar por la niñez.

Con la entrada del nuevo gobierno, como en todas las dependencias, en el DIF hubo varios despidos, adivinen qué, la mayoría de ellas mujeres. La mayoría también, madres solteras y sostén de su hogar. Mujeres que fueron tratadas como trabajadoras desechables y sacadas sin dar ningún finiquito.

Después de dos meses de no pagarnos este año, al firmar contrato se descubrió una disminución salarial, que inicialmente fue de cerca del 20% para el primer mes y ahora se estableció del 3%.

Las autoridades no tienen idea de lo que implica esa disminución para una mujer, madre soltera, que gana 6 mil y no llega a fin de mes. Pero esa fue la austeridad del nuevo gobierno, descargada en sus trabajadoras.

Al igual que muchas compañeras y compañeros, estoy segura de que no estoy dispuesta a que la institución se lave la cara con un discurso de derechos humanos mientras nos vulnera día a día. Nadie nunca nos ha regalado ningún derecho, pero estoy segura que estamos dispuestas a luchar para conquistarlos.

Las y los trabajadores estatales, sigamos el ejemplo de las obreras de Matamoros. Hoy 8 de Marzo es un día de lucha.






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