Política México

NUEVO AEROPUERTO

El nuevo aeropuerto y cómo enfrentar la rapacidad capitalista

Revuelo tras la consulta. La presión de los empresarios y la promesa de López Obrador de respetar sus intereses.

Pablo Oprinari

Ciudad de México / @POprinari

Martes 30 de octubre | 11:20

Apenas se habían dado a conocer los resultados de la consulta impulsada por López Obrador en torno al nuevo aeropuerto –en la cual un 70% de los votos se pronunciaron por la construcción de dos pistas en Santa Lucía y contra la megaobra en Texcoco– empezaron las reacciones patronales. La noche del domingo se devaluó el peso frente al dólar, y capos empresariales como Juan Pablo Castañón ratificaron su descalificación de la consulta.

Todas las miradas se volvieron al presidente electo quien, en la mañana del lunes 29, ratificó, en conferencia de prensa que iniciará la construcción en Santa Lucía como parte de “un sistema de tres aeropuertos” que incluye al actual y al de Toluca. AMLO también reiteró lo que siempre dijo: que las inversiones privadas realizadas en el Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México serán respetadas y respaldadas. Tuvo un discurso francamente contemporizador con el empresariado, diciendo que atenderán cualquier reclamo de los inversionistas. Y saludó como “sabia” la decisión de la consulta, defendiendo su acción como “la del gobierno del pueblo”.

Las respuestas no se hicieron esperar. Dirigentes de los partidos de oposición, así como los ex presidentes Fox y Calderón, arremetieron contra AMLO y sus anuncios. Peña Nieto dijo que mientras dure su mandato, no modificará la concesión del NAICM.

Pero la voz que se escuchó más fuerte fue la de los empresarios y “los mercados”. El Grupo Aeroportuario de la Ciudad de México, concesionario de la obra en Texcoco, afirmó que la mantendrá hasta el 30 de noviembre. Mientras que el dólar continuó su curso ascendente (cerró en $20.06 por unidad) y la Bolsa cayó 4.20%, el Consejo Coordinador Empresarial “advirtió” que la cancelación de las obras tendrá consecuencias negativas sobre la economía y las inversiones, y la calificadora Moody’s bajó la calificación de los bonos del aeropuerto.

Las reacciones del empresariado, del gobierno de Peña Nieto y de los principales partidos de oposición mostraron los primeros roces importantes con López Obrador y su “solución” al espinoso problema del aeropuerto –que involucra el rechazo de amplios sectores de la población a la mega-obra de la administración priista saliente–. Esto a pesar de los intentos evidentes de éste por contemporizar y garantizarles el “respeto” a sus inversiones, y afirmar que la obra en Santa Lucía se llevará a cabo con la misma inversión privada destinada a Texcoco. Ratificaba así su compromiso de llevarse bien con los empresarios.

La consulta y López Obrador

Como planteamos aquí, antes del 1 de julio AMLO sustituyó su promesa de cancelar la construcción del NAICM en Texcoco, por el anuncio de una consulta ciudadana.

Este cambio respondió a sus intentos por congraciarse con los empresarios durante la campaña electoral; y fue criticado por sectores populares y opositores a la obra, que denunciaron que se buscaba someter a consulta un ecocidio, y en lugar de descartar el proyecto de Peña Nieto, abría la puerta a su eventual continuidad.

De la misma forma, al supeditar a consulta el reclamo de los sectores populares afectados directamente por la rapacidad capitalista, legitimaba otros ejercicios similares, como la consulta sobre el derecho al aborto a nivel nacional, que podría darle mayor fuerza a la legislación reaccionaria vigente en la mayor parte del país, contra el derecho de las mujeres a decidir sobre su propio cuerpo.

La consulta fue criticada también por ser una salida política de López Obrador para evitar el peso de la decisión de una obra que involucra grandes intereses empresariales y que a la par cuenta con una gran oposición social, quedando el presidente electo, en cierta forma, entre “dos fuegos”.

En ese contexto y al calor de la campaña #Yo Prefiero El Lago, la consulta fue aprovechada por amplios sectores –en particular por la población afectada directamente en sus ecosistemas por la construcción del NAICM– para expresar mediante el voto su oposición al megaproyecto peñanietista. Cientos de miles ven hoy el abrumador resultado como un triunfo propio, y muchos exigen que se respete frente a las presiones empresariales.

Una perspectiva independiente para enfrentar los intereses empresariales

Es evidente que hay que enfrentar la prepotencia patronal y cualquier intento por imponer la construcción del aeropuerto en Texcoco.

Es fundamental hacerlo con la movilización, confiando solo en nuestras propias fuerzas, con la participación de los sindicatos y en alianza con las organizaciones populares que encabezan esta lucha, como el Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra. Es la fuerza obrera y popular en las calles, la que puede garantizar el sentir de amplios sectores de la población y la oposición al NAICM. Así como evitar que los empresarios se fortalezcan mediante un frente reaccionario que clama “democracia” para sus inversiones.

Los socialistas del MTS consideramos que eso requiere la independencia no solo de los partidos patronales como el PRI, el PAN o el PRD, sino también del nuevo gobierno y su partido Morena (y no embellecerlo), quien después de someter a “consulta” la lucha que durante años se dio contra el NAICM, ahora pretende garantizarle a los empresarios que sus inversiones serán respetadas en el proyecto lopezobradorista en Santa Lucía.

Es necesaria una postura independiente de los trabajadores y los sectores populares, porque la construcción de un aeropuerto no puede definirse en función del beneficio económico de las grandes constructoras, ni debe quedar en manos de los partidos que garantizan sus ganancias e inversiones. El transporte aéreo, como el conjunto de las obras públicas, debe planearse en función de las necesidades sociales, no del lucro. Y por eso son los trabajadores organizados y los sectores populares los que deben discutir y decidir en torno a la construcción de un nuevo aeropuerto.

Por eso, en un proyecto de esta magnitud, los trabajadores aeronáuticos y aeroportuarios –que conocen los problemas del actual aeropuerto de primera mano–, organizados de forma democrática, deben desarrollar un plan de la obra y definir el mejor lugar para hacerla, financiada por el Estado, con impuestos progresivos a las grandes fortunas.

Los pobladores del lugar más apto para la edificación de un eventual nuevo aeropuerto deben ser consultados y participar de forma decisiva. Junto con profesionistas que no estén al servicio del gran capital, debe analizarse el impacto ambiental y qué pasos dar para reducirlo al mínimo. Son los trabajadores, en alianza con las comunidades y los sectores populares, los únicos realmente interesados en garantizar el equilibrio entre las necesidades sociales y el medio ambiente.






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