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El narcotráfico y la estrategia de seguridad de López Obrador

Las declaraciones de AMLO en torno qué haría su gobierno ante los carteles y la violencia en México siguen provocando controversias.

Pablo Oprinari

Ciudad de México / @POprinari

Miércoles 10 de enero | 02:16

Ahora las críticas vinieron directamente del vecino del norte. En las páginas del periódico ultraconservador Wall Street Journal (WSJ), en la pluma de Mary Anastasia O´Grady, puede leerse que la propuesta de amnistía le restaría credibilidad al candidato de Morena. En el mismo artículo se resalta el supuesto “populismo” de López Obrador.

La controvertida “amnistía” (presentada como un camino para el fin de la violencia en el país) fue complementada por AMLO en días recientes. Junto al anuncio de quién será su Secretario de Seguridad Pública en caso de llegar a la presidencia –Alfonso Durazo Montaño, ex priista y también antiguo secretario particular de Vicente Fox–, el candidato de Morena afirmó que es necesario un mando único y la conformación de una Guardia Nacional.

Está claro que en la agenda de López Obrador, las cuestiones de seguridad y narcotráfico ocupan un lugar de alta jerarquía. La explicación es evidente. Pueden ser cruciales tanto para acrecentar el caudal de votos, como para tranquilizar a un empresariado preocupado hoy por la escalada de violencia, la cual ganó nuevamente las portadas de los periódicos con los recientes hechos en Chihuahua. Además, AMLO sabe que el panorama de la primera mitad de este año para Enrique Peña Nieto no es alentador: renegociación del TLC, inflación creciente y escándalos de corrupción como el caso del ex gobernador Roberto Borge. Con un candidato grisáceo como José Luis Meade, las cuestiones de seguridad y la violencia creciente pueden costarle caro al PRI el próximo 1 de julio del 2018 y pueden ser capitalizadas por Morena.

De allí la insistencia de López Obrador; se ocupará diaria y “personalmente” del asunto y concentrará el mando de las corporaciones de seguridad. Por esto no parecería perder credibilidad, como afirma WSJ. Más bien, a partir de criticar aspectos de la política gubernamental –como la Ley de Seguridad Interior– se presenta como una alternativa capaz de recuperar la estabilidad y controlar la espiral de violencia. Esto a pesar de las críticas que suscitan entre sus seguidores propuestas como el mando único, como se vio en un reciente mitin en Morelos.

Amnistía y negociaciones con el narco

La propuesta de amnistía, aunque controversial en un país asolado y polarizado por más de 10 años de “guerra contra el narcotráfico”, también apunta en el sentido que planteamos en los párrafos previos. Hay varias cuestiones a considerar en el análisis.

De una parte, la estrategia de seguridad panista y priista sólo profundizó el descontrol de la narcoguerra. Y el hartazgo popular es evidente. Con ese sentir busca dialogar la propuesta de AMLO. Aunque, su objetivo no es acabar con las causas profundas, sino buscar un acuerdo con los cárteles del narco.

Ricardo Ravelo, especialista en temas de seguridad y narcotráfico, escribe en SinEmbargo que López Obrador “pretendería seguir el modelo colombiano: apagar el fuego pero preservar el negocio”. Un fin que no será sencillo, teniendo en cuenta la balcanización en más de una decena de carteles que se reparten las plazas. Eso dificulta pensar en un “mando único” del negocio de la droga, como desde las altas esferas del poder político se intentó con Joaquín Guzmán Loera en la década pasada.

Ahora bien, conviene ir más allá. En el terreno de la relación con los carteles –una suerte de burguesía ilegal–, así como ante la militarización y la narcoguerra, AMLO es coherente con la ubicación política que adquirió ante los grandes problemas del país, frente a los que pretende preservar los intereses de los grandes empresarios y las transnacionales.

Nos referimos a que el mando único y los “enlaces” militares y políticos propuestos por el tabasqueño en su gabinete de seguridad, buscan controlar el accionar de las fuerzas armadas y establecer los lazos necesarios con el llamado “crimen organizado”. No pretende acabar con la militarización del país ni con el negocio de los grandes narcotraficantes.

Eso requeriría cuestionar la política de la Casa Blanca y su “guerra contra las drogas”, rompiendo los lazos de subordinación no sólo económica, sino política y militar. Y supondría atacar los intereses de los grandes carteles mediante la legalización de la marihuana y las demás drogas para su uso medicinal y recreativo. Una perspectiva anticapitalista y socialista para enfrentar una situación que desde hace más de una década sufren, principalmente, los trabajadores, la juventud y el pueblo de México.








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