Juventud

PORROS EN LA UNAM

"El miedo se convirtió en coraje": testimonio de estudiante de CCH tras ataque porril

Compartimos el testimonio de una alumna de CCH que participó en la marcha en solidaridad con CCH Azcapotzalco y fue testigo del ataque de grupos porriles en la explanada de la Rectoría de la UNAM.

Martes 4 de septiembre de 2018 | 13:07

Me desperté entusiasmada porque desde hace varios días sabía que el lunes se realizaría una movilización en apoyo a los compañeros de CCH Azcapotzalco. Yo también estudio en un CCH y trato de estar al pendiente y de informar a mis amigos de los acontecimientos y el por qué se han movilizado y denunciado el hostigamiento y amedrentamiento de grupos porriles en su plantel.

Tengo un primo que va en CCH Azcapotzalco y constantemente le pregunto qué es lo que andan haciendo o cuales son las siguientes acciones. Él tiene muchas dificultades puesto que en su casa (como en la mía) nuestros padres nos alientan a "no meternos en problemas". Ellos sólo se preocupan por nosotros, pero ha existido poca incorporación de los padres de familia en las problemáticas de la Universidad. Si ellos conocieran a fondo cómo es la situación al interior del plantel, entenderían por qué es que nos defendemos y apoyarían lo que están exigiendo los compañeros.

Quedé con mis compañeras de reunirnos en metrobús La Bombilla y de inmediato ubicamos la movilización. Unos minutos más tarde, éramos cientos de jóvenes de distintas escuelas de la UNAM, principalmente de nivel bachillerato, pero también algunos compas de Facultades. Sentí de inmediato que no era la única que aunque no era de Azcapo, sentía que había que unirnos ese día.

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La movilización fue en todo momento emotiva, comunitaria. En ella todos éramos como viejos amigos, nos sonreíamos unos a otros sin siquiera habernos visto una sola vez en la vida. Gritábamos, denunciábamos lo que yo creo que pasa en muchas partes de la universidad y no sólo CCH´s como los cobros ilegales en distintos servicios a lo ante lo cual decimos “Universidad pública y gratuita”, “sin porros” y “Fuera porros de la UNAM”. No faltó quien decía “El que no brinque es porro” y todos brincábamos de alegría por emprender esta lucha juntos.

Hasta llegar a Rectoría todo marchó con normalidad, la verdad yo pensé que toda la jornada iba a ser así, que en unas horas estaría con mis amigos y después con mis papás y contarles cómo nos fue y que éramos muchos.

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Después sólo escuché gritos, sin entender bien lo que decían. Fue hasta la tercera ocasión, escuché claramente: "¡Ahí vienen los porros!”. Todos los estudiantes se movieron como si fuera una carambola la que ocasionó esa alarma generalizada.

Pensé “¡los porros!”, los famosos porros que yo nunca había visto pero que en distintas imágenes en Facebook me habían dejado una imagen escalofriante de varios tipos tratando de entrar por la fuerza al CCH Azcapotzalco.

No me di cuenta del momento en que comencé a caminar, algo no estaba bien. Nosotros habíamos hecho una grandiosa movilización y muy nutrida, y este ataque me parecía algo completamente calculado, no era casualidad pues.

“¡Córrele wey luego robas!” fue lo que escuché mientras comencé a correr. Escuché vidrios romperse cerca de mí, no supe si los esquivé por habilidad o si sólo tuve suerte.

Fueron los 20 o 30 minutos más largos que haya vivido. Corrí y a lo lejos vi cómo grupos de porros comenzaba a agarrar a compañeros, corrí más rápido hasta que me topé de frente con varios compañeros, cientos que ya no querían correr y dieron la vuelta. Yo quería que esto terminara, pero los gritos que veían del grupo de porros no sólo me parecían absurdos sino que me dieron náuseas.

Sentí miedo pero después me desbordó el coraje al escuchar que uno de ellos gritó “yo si amo a mi universidad”, segundos antes de arrojarme una piedra del tamaño de mi cabeza.

Algunos estudiantes trataron de tranquilizarnos “júntense, júntense” escuché y cuando lo razoné pensé “¡Sí!, ¡Júntense, nosotros somos más!”. Miré a mis amigas y de inmediatos gritamos “júntense, júntense” después todos corearon “¡Fuera porros de la UNAM!” y sentí la fuerza de la unidad en esos gritos. Aunque nos seguían aventando piedras, vieron que ya no retrocedíamos. Comenzamos a avanzar y ya no nos detuvimos.

Sé que yo no estaba preparada para esto, pero me quedó claro que la unidad y, si se puede llamar así en ese momento, la organización, fueron nuestras mejores armas para enfrentar el ataque. Vi cómo muchos avanzaron y yo caminaba también, sentía que cada paso era una decisión difícil pero necesaria si de verdad quería defender mi universidad.

Después de que pasó el ataque y comenzamos a ver la posibilidad de hacer una asamblea en filos, no podía dejar de pensar si esto provocaría indignación en mi plantel para realizar también una asamblea.

De regreso a mi casa veía como en redes sociales y en todos lados se hablaba de lo sucedido, “yo estuve ahí” pensaba. Entonces vi una publicación que me puso a temblar el corazón, había decenas de publicaciones y muchos más comentarios en un grupo de mi escuela donde compañeros muy enojados y reprobando completamente lo sucedo comenzaban a hacer la propuesta de asamblea.

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Por la noche no pude dejar de sentir emoción al ver que no sólo en mi CCH, sino en casi todas las escuelas de la UNAM: Prepas, CCH´s, Facultades, FES y hasta una escuela que no conocía habían llamado a asambleas para este martes.

Espero podamos responder a esta agresiones y que la comunidad entienda que esto no es un problema de CCH´s solamente. Los cobros ilegales, las mafias vinculadas a las autoridades y demás problemas son algo ya estructural de la Universidad, quizá de más universidades y nuestro deber es responder mediante la organización.

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