Política

PATEANDO EL TABLERO

El golpe, la biblia y el combate por la no resignación

Por qué en Bolivia hubo golpe de Estado. El rol del imperialismo, la iglesia y los empresarios. El neoliberalismo como fantasma o realidad. El anticapitalismo y la lucha de clases como antídoto.

Gastón Remy

Economista, docente en la Facultad Cs. Económicas UNJu.

Jueves 14 de noviembre | 10:12

Editorial en Pateando El Tablero, miércoles de 13 a 15 hs, Jujuy FM 101.7

  • Comenzó con movilizaciones y paros cívicos liderados por empresarios de Santa Cruz y el oriente, la iglesia aportó lo suyo, se sumaron los motines policiales y finalmente fueron las FFAA las que solicitaron al presidente renunciar. Así consumaron un golpe de Estado el domingo pasado en Bolivia, algo que fueron gestando desde las semanas posteriores a las elecciones del 20 de octubre. Ayer mientras Evo Morales recibía asilo en México, una senadora de la oposición, sin quórum, se autoproclamó presidenta con la biblia en la mano, recibiendo el mando presidencial de manos de un militar. Dos días antes la bandera wiphala fue sustraída de la casa de gobierno. No se puede dudar, fue un golpe de Estado.
  • Pero para analizar lo que sucede en el vecino país no se puede dejar de considerar como dijo en Tuiter el periodista y economista, Claudio Scaletta, “… que si no hablamos de lucha de clases e imperialismo no se puede entender ningún proceso político de la región.”
  • En el caso de Bolivia, el imperialismo con Donald Trump saludó el rol de las FFAA que tras renunciar al presidente considero que “le darían aires democráticos a la región”. Con la OEA tuvieron su caballo de Troya, un organismo que el mismo Morales autorizó su ingreso para fiscalizar el escrutinio definitivo y en el día de ayer utilizó las irregularidades para acusar al propio ex presidente de golpista. Es el mismo organismo que denunció un fraude electoral en las primeras horas del domingo acelerando los tiempos a favor de los golpistas.
  • Pero también, el saludo al golpe por parte de la Casa Blanca no solo ratifica su rol con los militares y sectores civiles en su patio trasero más reciente (Honduras, Paraguay, el empeachement en Brasil), sino que en su llamado posterior a la “pacificación” afloran los contornos que tiene hoy el imperialismo para imponer gobiernos propios como lo fue Gonzalo Sánchez de Lozada, un presidente que hablaba más en inglés que en español en Bolivia allá por el 2003 y que se lo devoró la lucha en las calles de campesinos, mineros y el pueblo pobre.
  • La vuelta de la lucha de clases en América Latina, aunque se expresa en distintos puntos del mundo, con el caso del pueblo trabajador e indígena de Ecuador enfrentado a su gobierno ajustador aliado al FMI, o la pelea que continúa del otro lado de la cordillera con los jóvenes, trabajadores y mujeres que resisten la represión feroz del neoliberal Piñera en Chile, es un elemento central que pone un límite también a las intenciones de los propios golpistas en Bolivia como un llamado de atención al imperialismo.
  • Salvando las distancias de lo que es un golpe policial, militar, cívico y religioso con la pelea de millones en las calles de Chile para que caiga un gobierno represor y defensor del régimen heredado de la dictadura de Pinochet, la lucha de clases es justamente lo que temen que se pueda desarrollar en Bolivia. Por ello si se reconoce la lucha de clases, la estrategia no puede ser abandonar el país el primer día que inicia la resistencia popular en la combativa ciudad de El Alto. El exilio de Evo Morales en México, no es que no reconoce la lucha de clases, si no que evita hacerse cargo, luego de años donde el propio gobierno dividió a las organizaciones sindicales y sociales otorgando ciertos privilegios a sus dirigentes separándolos de las bases. Nunca las autopreservaciones de los líderes han sido favorables al pueblo trabajador. Por el contrario, la única forma de derrotar este golpe es con la movilización en las calles de los obreros, campesinos, maestros, jóvenes e indígenas con la huelga general y los métodos históricos del combativo pueblo boliviano.
  • Otro elemento que no se puede desconocer es el deterioro marcado de las condiciones económicas del boom del precio de los commodities que llevaron a distintos países de la región a tener un ciclo de cierta bonanza y alto crecimiento, que permitió a su vez, en el caso de Bolivia mejorar sustancialmente las condiciones de vida de amplias mayorías, en un país de extremos (38,2 % en 2005 a 15,2 % en 2018). Con la vuelta de la denominada “restricción externa” o la falta de dólares para poder hacer frente a las importaciones y al envío de las ganancias de las multinacionales a sus casas matrices se hace más cuesta arriba sostener un esquema donde todos (capital y trabajo) ganen permanentemente. Este agotamiento en Bolivia tiene un ritmo mucho más contenido que en nuestro país, mientras que es la economía que más viene creciendo en la región, en parte dada la nacionalización del gas y recursos energéticos que le dieron al gobierno un control mayor para contar con ingresos fiscales desde los cuales realizar cierta redistribución del ingreso e inversión en obra pública, aunque arrastre un creciente déficit fiscal (8,3% en 2018). Sobre este agotamiento se ciernen las fuerzas oscuras de aquellos empresarios que bogan por aprovechar el golpe para mejorar sus negocios. Pero también este menor dinamismo de la economía pone límites a un gobierno de derecha que tendrá que también pasar al ataque abriendo más flancos de inestabilidad.
  • Por último, si la cuestión es que el neoliberalismo no regrese nunca más como postula Cristina Fernández, sin dudas se necesita algo más que ganar una elección como sostiene el economista Alfredo Zaiat el domingo en P12, aunque tampoco alcanza con una política que desde el Estado pretenda marcar ciertas políticas distributivas que contemplen a las mayorías afectadas por el ajuste neoliberal como demostró la experiencia de los gobiernos de Néstor y Cristina, algo que señala incluso el propio Matías Kulfas economista muy cercano al presidente electo Fernández. Si queremos salir del neoliberalismo no queda otra que comenzar por revertir todo lo que dejó, la prórroga de jurisdicción que permite que empresas y usureros hagan juicios en cortes extranjeras, los tratados de inversión que dan privilegios a las multinacionales imperialistas, las leyes laborales que barrieron derechos durante los 90´y que nunca fueron revisadas en los sustancial, las políticas extractivistas. Es necesario empezar por ahí, para ir a la raíz, la expoliación imperialista y el parasitismo de los grandes empresarios que amasan fortunas, agrandadas por subsidios y otras prebendas para fugarlas. Un nunca más al neoliberalismo exige atacar al capitalismo y esto solo se puede hacer con la lucha de clases único motor de la historia.





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