Cultura

CINE DE ORO MEXICANO

El día que Pedro Infante fue español

La polémica por el doblaje a español peninsular de la célebre película mexicana "Roma" en Netflix España, recuerda un singular episodio de la época del Cine de oro mexicano, protagonizado ni más ni menos que por el "ídolo" Pedro Infante.

Lunes 11 de marzo

Hace pocos meses, el mundo del cine fue cimbrado por la película mexicana Roma en la que se relata la historia de Cleo, una trabajadora doméstica que labora en la casa de una familia de clase media mexicana en el Distrito Federal de la década de 1970.

Entre las polémicas que se vio envuelta la cinta (racismo de la sociedad mexicana, la idealización de la pequeñoburguesia mexicana, etc.), fue que en Netflix España, la largometraje fue subtitulado con el castellano de la península. Esto fue ampliamente cuestionado, desde el director, Alfonso Cuarón, hasta personalidades del mundo de las letras de habla hispana.

La principal crítica señalaba que al subtitular una película que originalmente se habla en castellano, da el mensaje implícito de que existe una forma “correcta” de hablar el idioma, menospreciando las variantes que se hablan en América Latina.

Lo anterior no refleja más que una mentalidad colonialista de parte de algunos sectores de la población del Estado español.

En algunas ocasiones, se argumenta que la Real Academia Española (RAE) justifica este tipo de acciones. No obstante, debemos recordar que la RAE no tiene facultades normativas. Solo tiene la función atribuida de describir los cambios del idioma. Como bien lo explica Ariane Díaz:

Su origen y propósitos son los de “normalizar” la lengua, lo cual podría considerarse útil y necesario para que los hablantes puedan resolver sus dudas gramaticales y terminológicas cuando buscan expresarse –es cierto también que muchas lenguas no tienen estas instituciones normalizadoras sin por eso perder su “unidad”, valor que la RAE destaca como objetivo macro–. Pero si ninguna normalización lingüística es imparcial porque siempre supone establecer con ella diferencias entre quienes manejan o son instruidos en esa norma culta y quienes no, mucho menos puede serla la de una lengua que fue impuesta no solo a los enormes territorios que conformaron sus colonias sino a distintas nacionalidades que son parte aún hoy de un Estado español que no les reconoce su autonomía y que recién hace pocas décadas aceptó como idiomas “oficiales” también al catalán, el vasco y el gallego.

Esta situación no es nueva. En 1942 en México se filmó la película La razón de la culpa (estrenada en 1943), que contaba en su reparto con Pedro Infante, María Elena Marqués, Blanca de Castejón, Andrés Soler, Mimí Derba, Carolina Barret, Jesús Graña, Conchita Sáenz, Araceli Fernández, Ricardo Montalban.

La producción corrió a cargo de la Compañía Cinematográfica Mexicana y la dirección de Juan José Ortega.

Para 1942, Pedro Infante era un joven actor de 25 años. Si bien ya había protagonizado al menos dos películas, aún se notaba su novatez frente a las cámaras de grabación.

En este contexto es que el director Juan José Ortega (periodista por vocación y director de cine patrocinado al comienzo de su carrera por el gobierno de Lázaro Cárdenas), invitó a Pedro Infante a encarnar Roberto, un español que venía a México a reclamar una herencia y que luego encontraría el amor en la tierra del maíz.

Para Ortega, el sinaloense era perfecto para el papel, salvo por el detalle (en su opinión) de que su acento norteño no iba acorde con el personaje, por lo que se tomó la decisión de doblar la voz de Infante Cruz, y poner en su lugar la del actor español Jesús Valero. Pedro Infante solamente usaba su voz en las tomas en que debía interpretar una canción.

La película fue recibida con claro oscuros. Por una parte, la fotografía y la actuación de los protagonistas estuvo en una línea de lo aceptable. Por otra, la historia gustó. Anunciaba la época de oro del cine mexicano. Años después, cuando el film era retransmitido, encontró cierto rechazo del público, por la simple razón de que “no se podían acostumbrar a escuchar al ídolo nacional hablando como español”.

La reacción es comprensible si recordamos que una persona, o mejor dicho su personalidad, es integrado por todo su ser, no sólo por una parte; por ende, ver al ídolo de masas extranjerizado provocó aversión.

Al mismo tiempo, también reflejó la mentalidad colonialista de los productores mexicanos, que en lugar de confiar en Pedro Infante para modular su voz e imitar el acento castellano, prefirieron usar la voz de un peninsular. Se puede argumentar que la historia (un español en México) exigía un recurso de este tipo, sin embargo, la experiencia terminó mostrando que tal táctica no empalmó con el sentir del pueblo humilde mexicano, principal consumidor y sostén de la época de oro.

Al final, la película tuvo un moderado éxito en su tiempo, para luego, pasar al baúl del olvido entre la mayoría de los mexicanos. Si se pregunta el título de alguna de las películas protagonizadas por el Ídolo de Guamuchil, lo más probable es que se mencionen títulos como Los tres García, Tizoc (en donde compartió créditos con María Félix, "La doña"), Escuela de vagabundos, entre muchas otras.






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