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FRANCIA HUELGAS

El “corralito” a la manifestación del 23J en París: una verdadera provocación policial

El 23J la manifestación en París transcurrió dentro de un perímetro limitado por vallas policiales y fuertemente controlado, un “corralito” al derecho a manifestación impuesto por Hollande.

Viernes 24 de junio de 2016 | 17:49

Toda la prensa tomó nota del retroceso de Valls y el gobierno en cuanto a su intención de prohibir la manifestación del 23 de junio. Luego de haber obtenido el levantamiento de la prohibición y logrado una mascarada de manifestación desde la Plaza de Bastilla para terminar en la misma Bastilla, los sindicatos no tardaron en cantar victoria frente al golpe bonapartista del gobierno y frente a su ofensiva sobre el derecho a manifestar por fuera de la relación de fuerzas. Sin embargo, Hollande y Valls tuvieron éxito en “limitar los daños”, y esto en gran parte gracias a la actitud de las direcciones sindicales.

En efecto, es innegable que el movimiento obrero consiguió hacer retroceder al gobierno, en particular a Valls, que buscaba restaurar su autoridad, la autoridad del Estado, frente a las masas en la calle intentando poner fin de manera brutal al movimiento. Si el gobierno hubiera tenido éxito hubiese sentado un precedente muy grave para las clases populares: la posibilidad de prohibir una manifestación sindical en pleno conflicto social. Sabiendo que la derecha, en caso de victoria en el 2017, promete aplicar medidas mucho más duras que el gobierno actual, y que el PS no piensa hacer menos, esto habría sido un golpe importante para los trabajadores y la juventud.

Pero, aunque el escenario más desfavorable para los explotados y oprimidos haya sido evitado, la “solución” alternativa propuesta por el gobierno fue una provocación, un intento de humillar a todos aquellos y aquellas que se movilizan desde hace casi cuatro meses contra una ley de profunda regresión social. No solo el “trayecto” fue ridículo sino que el dispositivo policial fue impresionante con más de 2000 policías desplegados, el barrio cercado por vallas y los manifestantes palpados y revisados hasta tres veces antes de llegar a la manifestación.

Este marco increíble impuesto por el gobierno fue aceptado por las direcciones sindicales. Aun cuando la amplia indignación provocada por la prohibición inicial de la manifestación del 23 en el seno de la población daba como resultado una relación de fuerzas superior a los sindicatos para imponer un verdadero recorrido. Una vez más, las direcciones sindicales prefirieron mostrarse conciliadoras frente al gobierno en el momento mismo que éste intentaba por todos los medios aplastar al movimiento obrero y al mismo tiempo apartar a los sindicatos llamados “contestatarios” (como la CGT) a favor de los mas “colaboracionistas” (como la CFDT).

Esta actitud conciliadora de las direcciones sindicales de la CGT y FO es la continuidad del “giro” iniciado hacia la “negociación” de enmiendas sobre la ley laboral, ejerciendo presión sobre el gobierno, en lugar de luchar hasta el final por el retiro total de la ley e imponerle a éste una derrota.
Es dentro de este marco que hay que comprender las declaraciones de los líderes sindicales que piden que el gobierno acepte negociar. Así, Jean-Claude Mailly de FO declaraba respecto a Valls: “Si aceptara discutir los puntos clave y no fuese tan rígido como lo es, este conflicto se hubiese terminado desde hace tiempo”. Por su parte, Phillipe Martinez le pide a Hollande que “tome riendas en el asunto” (frente a las supuestas “desviaciones de Valls”) y solicita reunirse con los sindicatos.

Las decenas de miles de personas que se movilizaron a pesar de las provocaciones del gobierno y de la policía muestran que los trabajadores y la juventud no van a aceptar tan fácilmente un ataque brutal contra los derechos democráticos más elementales. También que la oposición a la Ley laboral continúa siendo masiva. Pero la “manifestación” parisina del 23 de junio dejó un gusto amargo a muchos de los manifestantes. Porque fue una impostura, porque se realizó en el marco del operativo policial y antidemocrático del gobierno.

La próxima fecha de movilización es el 28 de junio. En un contexto en el que no hay más huelgas poderosas, donde se acerca el verano, es muy probable que las direcciones sindicales apuesten todo sobre una perspectiva de negociación parlamentaria una vez que la ley sea enviada del senado al parlamento.

Hollande ya dijo que irá hasta el final con esta reforma. Y nada parece indicar que vaya a hacer concesiones fundamentales a los sindicatos. Sin embargo, no podemos excluir modificaciones cosméticas sobre ciertos puntos secundarios de la ley, particularmente para volver a sumar a los sectores “rebeldes” del PS y no verse obligado a utilizar otra vez el artículo 49.3 en el parlamento. ¿Pero no sería también un medio de facilitar a las direcciones sindicales decir que las movilizaciones permitieron obtener ciertos “avances”?

Incluso aunque este escenario se confirme, los trabajadores y los jóvenes, que dieron muestras de una combatividad impresionante durante estos últimos meses, desafiando la represión policial, podrían no resignarse ante esta perspectiva. Entre los militantes sindicales combativos, comienza a surgir una idea: si en lugar de jornadas de movilización espaciadas, las confederaciones sindicales hubiesen llamado a todos los sectores a converger en una huelga general prolongada de todos los sectores en el mismo momento, el gobierno hubiese sido forzado a retroceder.

Si la experiencia de los últimos meses pudiese conducir a los trabajadores y la juventud a buscar coordinarse para golpear todos juntos en el mismo momento, el otoño podría resultar caliente en el terreno de la lucha de clases. Porque, aunque la ley sea promulgada, luego serán obligados a aplicarla, y esto sin olvidar todos los procesos judiciales que se llevaran a cabo contra los militantes del movimiento, al igual que los procesos emblemáticos contra los trabajadores de Aire France y Goodyear Amiens.

Traducción: Mariana Cano






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