Economía

AMÉRICA DEL NORTE

El T-MEC: concesiones del gobierno de López Obrador al imperialismo estadounidense

López Obrador busca avanzar en la aprobación del tratado comercial a cualquier costo. Para congraciarse con los demócratas diseñó una reforma laboral que facilita los despidos y ataca a los sindicatos. Aceptó extender el plazo de las patentes farmaceúticas, lo que trae como consecuencia que acá no se podrán producir algunos retrovirales y anticancerígenos, que por sus precios son inaccesibles para la gran mayoría de las personas que los necesitan.

Bárbara Funes

México D.F |

Miércoles 6 de noviembre | 19:14

El último obsequio del gobierno mexicano al amo imperialista fue el impulso de una reforma laboral que exigen los demócratas para aprobar la modernización del TLCAN. El 14 de octubre pasado López Obrador detalló en una extensa misiva a los congresistas estadounidenses el plan de la nueva reforma laboral, aprobada en mayo. En el discurso, los demócratas exigen “mejores condiciones laborales en México”. Pero su objetivo es otro: que se avance en la precarización laboral de la clase trabajadora mexicana.

Para este fin, como explicamos acá, los medios tradicionales desplegaron una verdadera campaña de promoción de la nueva reforma creada a la medida del T-MEC. Pero silenciaron sus aspectos regresivos. Entre ellos se cuentan la eliminación de sanción para la patronal por falta de aviso de despido y trabas para pelear contra los contratos de protección patronal.

Sin embargo, la presentación de una iniciativa de ley que apunta a regular en cierta medida el outsourcing –no es claro hasta dónde–, ha encendido alertas para la Coparmex y otros sectores que se han beneficiado por décadas de la subcontratación que garantiza a empresarios y al Estado negar derechos elementales a los trabajadores, como seguridad social, pensiones, vacaciones y aguinaldo y ha presionado hacia abajo los salarios del conjunto de la clase trabajadora.

La presión desde el imperialismo estadounidense sigue. Tienen sus propios agentes en México, que rechazan cualquier intento de regulación de la subcontratación en aras de no perder la “competitividad”. A su vez, según Esteban Martínez, funcionario de la Secretaría del Trabajo, la inquietud que persiste es si el gobierno de López Obrador implementará la nueva reforma laboral.

La industria farmacéutica contra el derecho a la salud

Desde la discusión en torno al TPP el imperialismo estadounidense evidenció su principal objetivo: conseguir mejores condiciones para sus trasnacionales. En particular, el sector farmaceútico obtuvo que las farmaceúticas mexicanas y canadienses recién podrán producir medicamentos anticancerígenos, retrovirales y otros fármacos de origen biológico hasta 10 años luego de vencidas las patentes de compañías estadounidenses, cuando hace un año el plazo era de 5 años.

La firma del acuerdo en este rubro en particular impediría que las empresas que producen fármacos genéricos en México y Canadá apliquen las innovaciones farmacéuticas de Estados Unidos.

Esto perjudica claramente el acceso a este tipo de medicamentos –más baratos si se produjeran en México– de la mayoría de la población, mientras exhibe el lucro como el único objetivo del desarrollo de investigaciones médicas y farmacéuticas, dejando fuera las necesidades sociales.

Las reglas de origen: hacia un avance de la precarización laboral en el norte

Bajo las nuevas reglas el 70 % del acero usado en la industria automotriz tiene que ser de origen regional, 8 líneas de componentes claves deben producirse en EE.UU., el 75 % del contenido de los autos tiene que producirse en uno de los tres países socios y un 40 % con trabajadores que ganen más de 16 dólares por hora. El interrogante para CEO’s, trasnacionales y gobiernos es cómo implementar todo esto.

Si lo logran, se abre la puerta a la imposición de una baja del salario en la industria automotriz en EE.UU., donde hoy un obrero percibe 32 dólares la hora, con miras a incrementar las ganancias de las automotrices allí instaladas. Y es seguro que en México, aun cuando puede haber una pequeña recomposición salarial, no pasará de menos de 3.50 dólares por hora a 16, porque las trasnacionales no lo aceptarán.

Para la industria maquiladora de autopartes instalada en México esto puede constituir un golpe. Para las automotrices estadounidenses que maquilan partes de automóviles al sur del Río Bravo, también. Pero quienes más pierden, definitivamente, son las trabajadoras y los trabajadores de América del Norte. Por un lado, porque se mantienen tal como están las condiciones de precarización laboral, especialmente agudas en México, pero que vive también la clase trabajadora multiétnica de EEUU y la de Canadá. Y se pueden profundizar.

La ofensiva en el terreno agropecuario

El imperialismo estadounidense está en campaña para avanzar en el ataque contra el campo mexicano. Entre el 6 y el 8 de noviembre una misión comercial del Departamento de Agricultura (USDA, por sus siglas en inglés) visita México con el objetivo de “desbloquear oportunidades aún mayores”.

Para 2018, México fue el principal mercado de exportación de Estados Unidos para maíz, productos lácteos, aves y huevos, azúcares, edulcorantes, granos secos de destilería y arroz; fue el segundo o tercer mercado más grande para otros 25 grupos de productos como la soya y el trigo a granel, aceites vegetales y malta, carne de cerdo y embutidos, carne de res, fruta fresca y otros alimentos preparados. Sólo durante la última década, las exportaciones agrícolas de Estados Unidos a México se incrementaron un 48 %, a 19,100 millones de dólares en 2018, de acuerdo con el USDA.

Como explicamos acá, esto es resultado de “la puesta en marcha del TLCAN en 1994, que completó la implementación del neoliberalismo en el campo, el Estado dejó en el olvido al sector y la competencia entre productores de los países firmantes volcó desigual, poco a poco fueron ganando terreno los productos norteamericanos en la alimentación de los mexicanos, los altos costos de producción y el poco apoyo al campo mexicano trajo un aumento en la importación de alimentos y con esto una elevada dependencia alimentaria.”

Las consecuencias en el terreno social: el despojo de tierras de pequeños propietarios y el desplazamiento de amplios sectores campesinos que migran para trabajar como jornaleros en los agrobusiness.

Entre la sombra de la recesión y las elecciones estadounidenses de 2020

A pesar de los esfuerzos del gobierno de López Obrador y el congreso mexicano, dispuesto a aceptar condiciones cada vez más leoninas para que se ratifique la modernización del TLCAN, el tiempo corre. En la Cámara de Representantes estadounidense se debería votar en las semanas previas al Día de Acción de Gracias, o se pospondrá hasta luego de las elecciones presidenciales de 2020.

Otro factor que juega en contra es el impeachment. La investigación que llevan a cabo los demócratas está en curso. A su vez, el gobierno canadiense declaró que esperará a que Estados Unidos comience su proceso de ratificación para enviar su parte al Parlamento en Ottawa. Como telón de fondo, está el riesgo creciente de recesión internacional y la disputa comercial entre Estados Unidos y China, que contribuyó a la desaceleración del comercio global.

Así es que aunque el T-MEC fue firmado en diciembre de 2018 por los gobiernos de Trump, de Trudeau y de Peña Nieto, no hay certeza de cuándo llegarán los nuevos beneficios para las trasnacionales estadounidenses, que implican nuevos ataques contra las condiciones de vida de la clase trabajadora y los sectores populares a nivel regional. Mientras tanto, el TLCAN sigue operando.

Sólo la conjugación de la enorme fuerza social de las y los trabajadores de América del Norte, unidos, podría frenar este nuevo ataque, en la perspectiva de luchar por una integración económica al servicio de satisfacer las necesidades sociales de la mayoría, con el horizonte de conquistar los Estados Unidos Socialistas de Norteamérica.






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