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El Pirata de Culiacán: una juventud sin futuro

Juan Luis Lagunas Rosales, mejor conocido como El Pirata de Culiacán, fue asesinado hace ya dos años en un bar de Jalisco. Un adolescente más que el sistema condenó.

Viernes 20 de diciembre de 2019 | 18:36

La historia de un nadie

Juan, al igual que millones de jóvenes en el mundo, se desenvolvió y creció en un contexto de pobreza, precariedad y violencia. Nació en Navolato, Sinaloa, un municipio que se encuentra dentro del triángulo dorado del narcotráfico, conocido por su alta presencia de laboratorios de metanfetaminas, así como de grandes plantíos de opio y mariguana. Un territorio clave para la producción y distribución de estupefacientes.

No conoció a su padre y al nacer fue abandonado por su madre, por lo que quedó al resguardo de su abuela. Debido a las condiciones de precariedad comenzó a trabajar desde pequeño y a la edad de 15 años, con tan solo el primer año de secundaria cursado y con intención de buscar una mejor vida, decidió fugarse a Culiacán, donde por un breve periodo en el que se dedicó a lavar carros.

Al poco tiempo de su llegada su popularidad no se hizo esperar: a través de diversos videos virales en los que aparecía tomando grandes cantidades de alcohol, para después quedar inconsciente, se creó la figura que lo catapultó a la fama y a la cultura del narco, “El Pirata de Culiacán”.

De esta forma fue que su cercanía con el mundo de la droga terminó por cerrarse, se le invitó a sus eventos, sus bares y se le hizo pasar por un pequeño capo que nada tenía que ver con la realidad de este joven. Juan se convirtió en un símbolo de una juventud excluida por la sociedad de clases: sin trabajo y escuela, se lumpenizó, al grado de convertirse en el "bufón" de algunos sicarios.

Influencers, artistas y otros jóvenes hicieron uso de su figura para satisfacer su fetichismo por la fama. Todo mundo buscó fotos y videos con el Pirata, el joven que consumía grandes cantidades de alcohol y droga, que portaba armas, conducía carros de último modelo y que se daba una vida de narco sin serlo.

Todo terminó un 19 de diciembre del 2017, en un bar de Jalisco. Sujetos armados entraron al establecimiento en donde Juan de 17 años se encontraba dando un show, para el cual fue contratado y acompañado de importantes youtubers que hicieron videos sobre la ejecución.

Se rumora que el atentado es producto directo de un video donde Juan insulta a Nemesio Oceguera alias El Mencho, lider del CJNG, el cártel más violento del país. Los sicarios abrieron fuego y con cada bala reafirmaron ante el mundo que para este sistema los que nada tienen, los desposeídos, los de abajo, no importan.

Su cuerpo tardó tiempo en ser reclamado y a su funeral asistió poca gente, todos aquellos que se mostraron como sus amigos lo dejaron solo. Los medios hablaron de él solo un momento y su caso quedó cerrado y sin responsables. Hoy su tumba se encuentra descuidada y olvidada con un epitafio pintado con plumón, en donde debería estar escrito “Aquí yace Juan Luis Lagunas Rosales, un nadie”.

Niños sicarios y el decadente capitalismo mexicano

¿Qué cosecha un sistema que siembra explotación?

El Pirata materializó las aspiraciones de miles de jóvenes en nuestro país, fue absorbido por la narco-cultura y ésta le pagó con balas. La vida en una realidad adversa y su búsqueda por una mejor condición para él y su familia lo convirtieron en un joven reflejo de una sociedad decadente.

Esta búsqueda de una salida rápida de su inmediatez donde recurría al abuso de drogas legales e ilegales, un fervio misógino, que hacía apología del narco. Pero también fue víctima de un sistema y por ende de un Estado que no tienen nada bueno que ofrecer, salvo que miseria y barbarie.

La historia de “El Pirata” no es la única, son cientos de jóvenes y niños los que terminan enrolados en las filas del narcotráfico, son cientos lo que terminan muertos. Personas que con la intención de salir de la podredumbre en donde se encuentran se ven orillados a optar por esa salida.

Miles son las víctimas de un negocio que inició y proliferó con apoyo del Estado, miles de afectados por una Guerra que inició con Calderón, que continúa con Obrador y que es ordenada desde los Estados Unidos.

Teniendo así que mientras las grandes cúpulas de ambos gobiernos y del narco negocian por arriba (burguesía legal e ilegal), por abajo, la sangre de los que menos tienen se sigue derramando.

Para combatir la gran industria del narco es necesario legalizar todas las drogas, estatizar su producción y ponerla bajo control de sus trabajadores. Paralelamente es vital la desmilitarización del país y la disolución de la Guardia Nacional como medidas para frenar la violencia e inseguridad.

El sistema capitalista orilla a los desposeídos a adentrarse a las filas del narcotráfico. En tanto que la explotación asalariada no termine, mientras que no se termine con las bases estructurales que permiten las condiciones para que este sistema se reproduzca, seguirá habiendo miles de historias como la de Juan.

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