Cultura

40 AÑOS DE MONTE CHINGOLO

El PRT-ERP y la trágica derrota de su estrategia guerrillera

El 23 de diciembre de 1975 el Ejército Revolucionario del Pueblo llevara adelante el intento de copamiento del Batallón de Arsenales 601, en Monte Chingolo. La acción constituyó la peor derrota militar de la organización dirigida por Mario Santucho.

Facundo Aguirre

IG: @hardever // Twitter: @facuaguirre1917

Miércoles 23 de diciembre de 2015

El objetivo que se había dado el PRT-ERP con el asalto al cuartel era extraer alrededor de 20 toneladas de armamentos: 900 FAL con 60.000 tiros, 100 m-15 con 100.000 tiros, seis cañones antiaéreos automáticos de 20 milímetros, quince cañones sin retroceso, itakas con sus proyectiles y 150 subametralladoras. Para la toma, la fuerza guerrillera destacó a casi 300 combatientes entre el Batallón General San Martín y los militantes que realizarían tareas de contención cortando los accesos que unían la Capital Federal y la zona oeste del conurbano con la zona sur.

La acción había sido delatada y los estaban esperando. Tanques, aviones, incluso tropas de la Armada tomaron parte del combate. Las tropas ingresaron luego a una villa miseria cercana donde se habían refugiado los atacantes. Según Gustavo Plis-Sterenberg, autor de Monte Chingolo, en el enfrentamiento cayeron: "Más de cuarenta combatientes del ERP, cinco militares -tres de ellos, conscriptos- y una cantidad nunca determinada de vecinos murieron en el cuartel y sus inmediaciones, durante y después del mayor enfrentamiento librado en la Argentina entre una fuerza guerrillera y efectivos militares".

El principal objetivo político, según la lógica del ERP, era enfrentar los planes golpistas del Partido militar y alentar la movilización de masas. Planeada como la mayor batalla del ERP, el intento de copamiento terminó en su peor derrota política y militar.

La infiltración

La acción había sido delatada por un infiltrado, Jesús Ramés Ranier, alias el “Oso”, quien era parte de la logística del ERP y pasaba información al Coronel Carlos Antonio Españadero. Este genocida relató al periodista Ricardo Ragendorfer que: “Ya habíamos detectado una movilidad muy grande en la zona. Pero estábamos desorientados. Así fue como el ‘Oso’ aportó algunas puntas; entre ellas, una cita con un tal Pedro, que resultó ser nada menos que Juan Ledesma, el jefe del Estado Mayor de Santucho. Fue interrogado durante semanas y murió cantando la marcha del ERP, sin largar un solo dato. Pero en sus ropas había algunas servilletas de papel que nos llamaron la atención porque tenían anotaciones: nombre, lugares y puentes. Esos papeles los analicé con minuciosidad; entonces, luego de cuadricular la información, me avivé que esos puentes conducían al Batallón de Arsenales. Así supimos que el objetivo del ataque era Monte Chingolo. Pobre Oso. La idea era preservarlo. Pero no se pudo. El ERP lo ejecutó poco después”.

El balance del PRT-ERP

La dirección del PRT consideró que la derrota de Chingolo fue un contratiempo. Va a considerar, increíblemente, que el asalto demostró que: “nuestro pueblo se arma y combate valerosamente por su liberación nacional y social” y que “el ERP se extiende nacionalmente y aumenta rápidamente sus posibilidades operativas”.

Daniel De Santis compilador de los documentos del PRT y ex miembro de su Comité Central, definió que “ese día se produjo el mayor encuentro de armas entre la burguesía y el proletariado de toda la historia Argentina” (Entre Tupas y perros. Un debate con Eleuterio Fernández Huidobro y Luis Mattini sobre Tupamaros y el PRT – ERP)

De Santis, apegándose a la lógica original del PRT-ERP, va a defender la acción y el balance de la fuerza guerrillera por los objetivos que se planteaba “nuestros críticos, no tienen en cuenta que se trataba de una gran acción de cuyo resultado dependía la situación política posterior. Un éxito hubiese fortalecido política y orgánicamente al Partido y al ERP, hubiese multiplicado al menos por 10 su poder de fuego, se podrían haber armado varias compañías en la zona rural -hombres y mujeres dispuestos había- y completado el armamento de todas las urbanas. (…) una acción victoriosa en ese momento hubiese repercutido favorablemente en el estado de ánimo de las masas, fortaleciendo políticamente al conjunto del movimiento revolucionario” (Ídem De Santis).

Guerrillerismo, lucha política y lucha de clases

El balance del PRT-ERP demuestra la concepción sustitucionista y de aparato de la autoproclamada guerrilla guevarista. El mismo parte de definir los objetivos del aparato en su guerra de bolsillo con las FFAA como el interés del proletariado de conjunto, por fuera de la premisa leninista de hacer un análisis concreto de la situación concreta.

Entre el 18 y 22 de diciembre de 1975 la amenaza golpista del Brigadier Jesús Orlando Capellini fue un globo de ensayo para tantear el terreno para el golpe.

En el peronismo había fracasado el intento lopezrreguista de imponer el orden con las bandas fascistas. Isabel, atacando a su propia base social que se movilizara en las históricas jornadas revolucionarias de junio y julio de 1975, se mostró impotente para contenerla, dando por agotado -a ojos de la burguesía-, la utilidad del peronismo. Estas jornadas dieron lugar a la primera huelga general en la historia contra un gobierno peronista. En este movimiento se desarrollaron las Coordinadoras Interfabriles que fueron la base embrionaria de un poder dual a nivel fabril y de una dirección alternativa de los trabajadores. Sin embargo el gobierno de Isabel Perón logró sostenerse por el apoyo de la CGT y Lorenzo Miguel, quiénes luego de expulsados López Rega y el Ministro de Economía Celestino Rodrigo del gabinete, desmontaron la huelga general. La izquierda peronista, el PRT-ERP y el conjunto de la izquierda clasista fallaron en aquel movimiento porque no se propusieron –audazmente- como objetivo de la huelga la caída del gobierno de Isabel Perón. El PRT-ERP no tendrá una línea propia durante junio y julio limitándose a acompañar las reivindicaciones obreras, y más tarde acuñará su política más conciliadora al proponer, luego de la huelga general, la alianza política con el PC, partidario de un gabinete cívico-militar para sostener a Isabel, y Montoneros, partidario de la reconstrucción del FreJuLi. El PRT daba forma concreta así al Frente de Liberación Nacional, un acuerdo de conciliación de clases, que agrupara a decir de De Santis “a la clase obrera fundamentalmente la industrial de las grande fábricas, el sindicalismo clasista con sus Coordinadoras de Gremios en Lucha, las Ligas Agrarias, los curas del tercer mundo, los cristianos por el socialismo, el peronismo revolucionario, dignas individualidades del radicalismo y de otros partidos burgueses, la intelectualidad revolucionaria, gran parte del estudiantado universitario y las organizaciones revolucionarias que los acaudillaban” (De Santis Idem). De esta forma el PRT desertaba políticamente de dar la principal batalla que tenía planteada la clase obrera que era la de imponer una nueva dirección política independiente para frenar el camino al golpe.

Al desviarse el movimiento de lucha de la clase obrera, el gobierno ganó sobrevida y la alianza entre los trabajadores y el pueblo se rompió, corriéndose la clase media hacia la derecha. En esta situación el ataque de los Montoneros al cuartel del Regimiento 29 de Formosa en el mes de octubre y el ataque a Monte Chingolo, lejos estuvieron de servir a que la clase obrera recuperara la iniciativa política o se armara formando milicias para enfrentar al golpismo, sino que fueron utilizados por la reacción y los militares para agitar la salida de fuerza como única solución para poner fin al caos y la violencia. Para el PRT-ERP la forma de enfrentar el golpe pasaba, en definitiva, por enarbolar la estrategia frentepopulista de la conciliación de clases mezclada con un aventurerismo militar de aparato sinsentido político e irresponsable.

Para los trotskistas que luchamos por la organización independiente de la clase obrera para hacer la revolución, discutir un balance de un acontecimiento que hace 40 años conmovió a la Argentina no es en vano, sino un medio para extraer lecciones que preparen a la militancia de izquierda y revolucionaria para las luchas del presente. Lo hacemos con el debido respeto que nos merecen militantes entregados y abnegados que, más allá de su estrategia errada, dieron su vida desinteresadamente para transformar la sociedad.






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