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El PRI renueva dirección de cara a 2018

Ochoa Reza dedicó una porción de su discurso a un nuevo modelo de relación gobierno-partido, más directa contra la práctica tradicional de guardar la “sana distancia” de sus antecesores. Aunque parezca increíble el nuevo presidente afirma que el gobierno rendirá cuentas al PRI.

Raúl Dosta

@raul_dosta

Viernes 15 de julio de 2016

Luego de la sacudida del 5 de junio, parece que en el PRI les urge una limpieza de las malas prácticas ya anquilosadas, -aunque sólo sea en el discurso- más allá de la intervención de la PGR para “evitar” que los gobernadores de Veracruz, Quintana Roo y Chihuahua impongan el blindaje legal para entregar el mandato con total impunidad, acción que da la apariencia de ser meramente cosmética en tanto se enfrían las cosas al interior del partido.

Y luego de escuchar a Ochoa Reza en este acto nos queda una pregunta en el aire: ¿De veras dejará de mandar el presidente en el partido, guardando las formas, la “sana distancia”?

El dedo de Peña

La prueba fehaciente de que al menos por hoy no es así, es la designación misma de Enrique Ochoa Reza (EOR): primero vino el “dedazo” desde Los Pinos, siempre comenzado por un rumor vertido por algún personaje siguiendo la instrucción presidencial, aunque esta vez fue “auto destape” con EOR publicando su “renuncia” a la CFE, en la que incluyó, su deseo de contender por la vacante dejada por Manlio Fabio Beltrones.

Luego el rumor se convirtió en un tumulto de declaraciones favorables en los medios generando el clima para que aparezca “la cargada”, en la que todos los líderes acuden al tradicional besamanos del recién ungido. Finalmente, el ritual termina con el acto meramente formal de la elección estatutaria. Al igual que en otras ocasiones, esta elección eludida por la aclamación del candidato, donde los “acarreados” se desgañitan coreando el nombre de alguien que ni conocen, pero para eso están. A estas alturas del partido ni quien se acuerde de una elección democrática interna.

Así fueron más o menos las cosas ésta vez. La Jornada nos da una pequeña muestra: “¡Yo no conozco al nuevo presidente, me trajeron para gritar a su favor!, confesaba una integrante de la porra del Movimiento Territorial”. Sí, la maquinaria funcionó como en los viejos tiempos, aunque con algunos tropiezos como veremos a continuación.

Los viejos dinosaurios aún respiran… impotencia

A pesar del acto festivo en el Auditorio de la sede del PRI, en comparación con los viejos tiempos, se notaba algo frío. Las tribunas no se llenaron, ¡se podía mover uno por los pasillos!, señalan los reporteros, antes era imposible. Ya desde que se conoció la intensión de colocar a EOR al frente del partido se habían escucharon objeciones por su declaración de 2010 acerca de su renuncia la PRI, cuando quería ser funcionario del IFE, hoy INE (Instituto Nacional Electoral).

Ese faltante de entusiasmo era una manifestación del descontento de los viejos políticos al interior partido que se han dado cuenta del alcance de las maniobras de Luis Videgaray, avalado por Peña Nieto: desde la Secretaría de Hacienda redujo las partidas que se aplican desde el erario a las campañas electorales del PRI incidiendo en los resultados electorales de la jornada del 5 de junio, lo cual desacreditaría la figura de Beltrones, el capo de los viejos políticos.

La renuncia obligada de éste, por los malos resultados y las sendas peleas protagonizadas por él en Los Pinos, abrirían el camino a los tecnócratas para encabezar por primera vez al PRI y asegurarse de decidir la candidatura presidencial y conducir la campaña electoral priísta del 2018.

Ese descontento de los viejos políticos priístas fue frenado súbitamente por el “dedazo” presidencial. En el acto de “elección” de Ochoa Reza, acudieron funcionarios tecnócratas como Aurelio Nuño, José Antonio Meade, Claudia Ruiz Massieu, Eduardo Sánchez Hernández y Mikel Arriola a acompañar a su correligionario acompañados de viejos políticos integrados a ellos por su participación en el gobierno, como David Penchyna, Enrique de la Madrid, Pedro Joaquín Coldwell, José Reyes Baeza, Rafael Tovar y de Teresa, José Narro Robles, Idelfonso Guajardo y Gerardo Ruiz Esparza. Prudentemente, Videgaray prefirió ver los toros desde la barrera.

Por otro lado, estuvieron los militantes emblemáticos, de gran experiencia y que han colaborado, (con sus prácticas de corrupción y represión, ligados a empresarios y caciques regionales) en forjar las estructuras partidarias, como María de los Ángeles Moreno, Emilio Gamboa Patrón, Jorge de la Vega, Enrique Jackson, Francisco Labastida, Roberto Madrazo, Gustavo Carbajal Moreno quienes estuvieron presentes mostrando que en el PRI la lealtad a la dirección es incuestionable. Las quejas, los desacuerdos, tenían que ser olvidados en este acto catártico y renovador.

Fue entonces cuando María de los Ángeles Moreno (MAM) pidió la palabra facultada por ser ex presidenta del partido. La otrora dirigente del PRI en el Distrito Federal, dio rienda suelta al descontento de ella y sus viejos colegas recordando a los asistentes que “nuestra definición ideológica es clara: partido nacionalista popular…crecimiento con justicia distributiva, empleo e ingreso digno, atraer a los jóvenes e igualdad entre hombres y mujeres”.

Sabemos que estas palabras en boca de un priísta no deben causar la mínima ilusión en quienes vivimos día a día la miseria y hambre administrada por el priísmo en el poder, pues no hay realmente diferencias estratégicas entre los grupos que lo integran pero, aunque con gran impotencia, MAM y los suyos, no podían dejar pasar esta oportunidad de cobrar la factura a la camarilla en el gobierno que hoy amenaza con desplazarlos de su viejo coto de caza, el PRI como estructura partidaria nacional.

Nueva relación entre gobierno y partido

Ochoa Reza anunció una nueva relación entre el partido y el gobierno y nuevo reordenamiento en el Comité Ejecutivo Nacional del mismo. Una nueva y moderna relación “donde las autoridades vengan a rendir cuentas al tricolor y sea el priísmo el defensor de la ciudadanía frente a la administración”, “que los funcionarios vayan a los Estados a reunirse con el PRI a informar y explicar los logros alcanzados y escuchar las demandas del partido que reflejen los intereses de la sociedad”.

Lo que nos deja entrever sus palabras es un modelo de gobierno centralista basado en el férreo control de los funcionarios de las Secretarías gubernamentales que extiende su control usando las instancias partidarias. Cuando estos funcionarios se presenten ante las comitivas locales del partido, en lugar de rendirles cuentas lo que harán será darles instrucciones de cómo impulsar sus políticas sin preguntarles si son benéficas o no. Para esta labor tendrían que engrosar sus dependencias, incrementando el gasto oneroso de la administración del gobierno.

Esta es la manera en que una camarilla en el gobierno que siente que puede estar perdiendo legitimidad dentro del PRI intenta preservarse y cumplir su cometido principal: garantizar los planes de entrega a las trasnacionales de las riquezas de este país, en primer lugar, su mano de obra súper barata. Seguramente se dan cuenta que muchos trabajadores que votan por el PRI son permeables al descontento que se manifiesta en las calles, hoy con los maestros, aunque mañana pueden aparecer otros actores.

Ya en las campañas anteriores fueron rechazados por sectores de la población que les devolvían las dádivas y les regresaban las camisetas, aparte de los resultados adversos del 5 de junio. Videgaray cree que controlando los dineros presupuestales puede restablecer su dominio en todo el país mediante una estructura centralista. Si antes los encargados de los “mapaches” electorales llevaban el dinero y otras dádivas a las colonias, ahora lo intentará de una manera más organizada con su propia gente, compitiéndole espacio por espacio a los demás partidos especialmente Morena.

Actualmente la división del trabajo entre el gobierno que aplica los planes y el PRI que los convalida y utiliza para ganar seguidores y militantes con los pocos beneficios que da el estado a la población no le conviene a los tecnócratas, porque quienes se fortalecen son los líderes territoriales afines a la vieja clase política.

De ahí surge la necesidad de eliminar la tradicional “sana distancia” entre partido y gobierno y cambiarla por una “relación directa” que, lejos de la patraña de que el gobierno rendiría cuentas al partido (¿y por qué no al conjunto de la sociedad?), lo que se busca es que el gobierno intente manipular directamente esas instancias partidarias, desplazando a las camadas de viejos políticos.

Lo han logrado en la cúpula y desde arriba, pero no será tan fácil implementarlo ahora viene la reconfiguración del CEN, avanzarán sólo con acuerdos con las viejas figuras pues, luego de tres décadas en que los tecnócratas arribaran a las instancias de gobierno de la mano de Carlos Salinas de Gortari, no han logrado penetrar las viejas estructuras partidarias. Reorganizar desde el gobierno la estructura burocrática del PRI puede resultar muy costoso en dinero y tiempo y el 2018 ya está a la vuelta de la esquina.






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