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El Grupo de Puebla apoya la capitulación de Alberto Fernández al Grupo de Lima

El Grupo de Puebla, que reúne al progresismo latinoamericano, respaldó al gobierno de Alberto Fernández por su voto junto a la derecha continental contra Venezuela y las negociaciones con los bonistas y el FMI. Una política de postración frente al imperialismo.

Facundo Aguirre

IG: @hardever // Twitter: @facuaguirre1917

Martes 13 de octubre | 22:50

Desde el foro progresista latinoamericano se sostiene que: “El Grupo de Puebla renueva su apoyo y compromiso con la tarea del Gobierno que ha venido cumpliendo el Presidente Alberto Fernández en la República de Argentina. Destaca, entre sus logros, el avance de su proyecto social en medio de la pandemia y la renegociación del pesado lastre económico que recibió en materia de deuda externa. Así mismo, el grupo resalta el compromiso del presidente Alberto Fernández con los principios progresistas del rechazo a las intervenciones militares extranjeras, la no intromisión de los asuntos internos de los Estados, la solución pacífica de controversias y la plena vigencia de los derechos humanos, que han orientado la participación de Argentina en el Grupo Internacional de Contacto que busca una salida pronta, pacífica y democrática de la crisis que atraviesa el hermano país de Venezuela”. El documento lleva la firma, entre otros de les ex presidentes Rafael Correa, Fernando Lugo y Dilma Roussef. Junto a figuras políticas como Ernesto Samper, Marco Enríquez-Ominami, Fernando Haddad y Jorge Taiana.

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Pagadores seriales

La declaración apoya la política de negociación que llevó al acuerdo con los bonistas y las negociaciones con el FMI. Los primeros, según señaló Alberto Fernández en una entrevista reciente al sitio El cohete a la luna, son parte de la especulación económica contra el país: “el aumento del riesgo país obedece a que parte de los acreedores que recibieron los nuevos bonos los están vendiendo. En este momento los bonos argentinos son un gran negocio porque están muy baratos, son quienes hoy especulan en Wall Street haciendo subir el riesgo país”. La declaración de Fernández demuestra, a pesar de sus esfuerzos por presentar el acuerdo como una victoria política sobre los fondos buitre, que sus intereses están intactos, los mismos han hecho un negocio extraordinario, obtenido miles de millones de dólares extras a lo ofrecido originalmente. Peor aún, al no afectar sus intereses mediante el desconocimiento soberano de la deuda externa contraída para financiar la fuga de capitales de los empresarios amigos del gobierno de Mauricio Macri, le han brindado las herramientas para seguir interviniendo regresivamente en el curso de la política económica nacional.

El Gobierno argentino y el conjunto del Frente de Todos, en este punto casi sin fisuras, reivindica el papel que puede jugar en el país lo que denominan fantasiosamente como el “nuevo FMI”. Recordemos que las negociaciones con el Fondo parten de reconocer la legalidad de una deuda ilegitima y fraudulenta, que, según declaraba hace tiempo el presidente, sirvió para financiar la campaña electoral del macrismo. En otras palabras parte de reconocer un mecanismo de sumisión nacional que ya tiene su reflejo en el presupuesto del 2021 que planifica pagos de intereses de deuda del 1,5 % del PBI y reducción del gasto publico. Un adelanto de la política de ajuste fiscal en búsqueda de un acuerdo con el FMI es el miserable aumento otorgado a los estatales del 7% condenando a la gran mayoría de ellos a salarios por debajo de la línea de pobreza.

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No es de extrañar que el Grupo de Puebla apoye esta política que implica un ajuste contra la población ya que tanto en el caso de la ex presidenta Dilma Roussef, que fue la encargada de aplicar un ajuste brutal durante su mandato, y de Rafael Correa, que no solo erigió como su sucesor al ajustador Lenin Moreno, sino que practicó un extraño progresismo que mantuvo la completa perdida de soberanía de la moneda ecuatoriana con una economía dolarizada.

Pero por si algo falta para inferir el carácter sumiso de las relaciones con el FMI, es que el mismo día que su misión llegaba a la Argentina, esta votaba contra Venezuela y el canciller Felipe Solá se reunía con el Embajador yanqui Edwar Prado en la residencia de este último. En política las casualidades no existen, y esta vez no viene a ser la excepción.

Un voto proimperialista

El Grupo de Puebla sale a respaldar a Alberto Fernández quien votó en la ONU la Resolución L 43 denunciando las violaciones de los derechos humanos en Venezuela nada más y nada menos que con los gobiernos de Donald Trump, Jair Bolsonaro, Sebastián Piñera e Iván Duque, entre otros. Los latinoamericanos, son todos gobiernos miembros del proimperialista y reaccionario Grupo de Lima (del cual era parte Mauricio Macri). Cabe resaltar que el otro gobierno progresista integrante del Grupo de Puebla, el mexicano de Andrés Manuel López Obrador, se abstuvo por considerarlo una injerencia externa en la política venezolana.

Tanto el canciller argentino como el presidente se escudan sosteniendo que la declaración firmada no reconoce a Juan Guaidó ni plantea una salida a la crisis venezolana por medio de la injerencia extranjera. Quieren presentar la votación lograda en la ONU como una sana preocupación por los derechos humanos allí donde sea y no como un apoyo a los planteos golpistas del imperialismo y la derecha continental. Nuevamente asistimos a la presentación de un fraude. Los reclamos de la ONU sobre Venezuela van en sintonía con las pretensiones del imperialismo norteamericano de aislar y deslegitimar al gobierno de Venezuela y legitimar su caída mediante un golpe de estado. Ni Bolsonaro, ni Piñera, ni el conjunto del Grupo Lima, y obviamente Trump, se caracterizan por seguir una política que afecte la posición del imperialismo. Pero además, la votación legitimá como defensor de los derechos humanos al mismo Trump que alienta a los grupos supremacistas y a las fuerzas represivas a atacar violentamente a aquellos que se rebelan contra el racismo y la policía en los EE.UU; a Bolsonaro que además de ser prohijado por el golpe contra el gobierno del PT, reivindica la dictadura y las torturas en Brasil; a Duque que ordeno una represión contra las rebeliones juveniles en Colombia que provocaron decenas de muertos; a Piñera que intento sofocar a sangre y fuego la rebelión popular en Chile y cuyos Carabineros lanzan al vacío a los jóvenes manifestantes de los puentes.

El Grupo de Puebla cierra filas con la capitulación de Alberto Fernández, lo que muestra la incapacidad y cobardía del progresismo continental frente al imperialismo.

El grito del tero

Sectores del kirchnerismo, como la ex embajadora argentina en Rusia Alicia Castro, salieron a criticar la postura oficial como un alineamiento inaceptable con el Grupo de Lima. Sin embargo, la critica se queda ahí, sin poner en cuestión una orientación que de conjunto mantiene intacta la sumisión del país al imperialismo y el régimen del FMI. Su oposición se hace en nombre de la defensa del gobierno represivo de Nicolás Maduro y no de la lucha contra el imperialismo.

Pero mientras estos sectores del progresismo manifiestan su desencanto con la política exterior, se abstienen de pedir la renuncia del canciller y extrañamente de solicitarle a CFK rompa el silencio sobre el tema. La firma de Jorge Taiana, compañero de formula de CFK en el 2017, a la declaración de apoyo del Grupo de Puebla, pareciera ser el aval de la vicepresidenta a lo votado por el canciller Solá.

El Frente de Izquierda es la única fuerza consecuentemente anti-imperialista que rechaza cualquier tipo de injerencia extranjera, las amenazas de golpe y el bloqueo contra Venezuela alentados por el imperialismo y llama a una lucha de la clase obrera y los pueblos del continente para derrotarlo. Lo hace sin que ello implique ningún apoyo al gobierno de Maduro que se basa cada vez más en el apoyo de las Fuerzas Armadas y en la represión sobre la clase trabajadora y el pueblo pobre, que viven una situación de miseria intolerable por el descalabro económico venezolano. Pero además es la única fuerza política que enfrenta la sumisión del país al FMI y exige el no pago de la deuda externa.






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