Economía

PANORAMA MUNDIAL

El FMI recorta a la baja proyección de crecimiento mundial

Se prevé para 2020 un crecimiento de 3,3 puntos en la economía mundial con un recorte de 0,1 respecto de las previsiones de octubre. Continúa la desaceleración de las economías avanzadas y son compensadas por las emergentes y China que aun mantiene las tasas más bajas de los últimos treinta años.

Lunes 20 de enero | 17:59

En su informe acerca de actualización de las "Perspectivas de la economía mundial", el FMI prevé para los próximos dos años una "tenue estabilización y lenta recuperación" de la economía mundial.

Se espera que el crecimiento mundial, que según estimaciones fue de 2,9% en 2019, aumente a 3,3% en 2020 y a 3,4% en 2021; es decir, una revisión a la baja de 0,1 puntos porcentuales para 2019 y 2020 y de 0,2 para 2021, en comparación con las cifras presentadas en su informe de octubre. Esta revisión a la baja estaría asociada al desempeño de algunas economías emergentes, como la India, desastres naturales como en Australia y a "la agudización del descontento social en varios países".

Sin embargo, el informe asegura que los riesgos a la baja siguen siendo importantes debido a "la agudización de las tensiones geopolíticas, particularmente entre Estados Unidos e Irán, el aumento del malestar social, un nuevo empeoramiento de las relaciones entre Estados Unidos y sus socios comerciales, y una profundización de las fricciones económicas entre otros países. La materialización de estos riesgos podría provocar un rápido deterioro de la actitud, que daría lugar a una caída del crecimiento mundial por debajo del nivel de base proyectado".

Para las economías avanzadas se espera que continúe la desaceleración del crecimiento, estabilizándose en torno a 1,6 puntos entre 2020 y 2021. En Estados Unidos, se prevé que el crecimiento se modere de 2,3% en 2019 a 2% en 2020 y luego a 1,7% en 2021. La moderación obedece al agotamiento de los estímulos fiscales producidos por la reforma impositiva y al impulso cada vez menor derivado del relajamiento de las condiciones financieras.

En la zona del euro se prevé un crecimiento de 1,2% en 2019; 1,3% en 2020 (una revisión a la baja de 0,1 puntos porcentuales) y de 1,4 en 2021.

El contrapeso viene por el lado de los países llamados "emergentes", incluyendo a China, donde se proyecta que el crecimiento disminuya levemente del 6,1% estimado para 2019 a 6,0% en 2020 y 5,8% en 2021. Las tasas de crecimiento más bajas en tres décadas.

A pesar de haber firmado con EEUU la "fase uno" del acuerdo comercial, el organismo pronostica que las controversias no resueltas en torno a las relaciones económicas con Estados Unidos seguirán entorpeciendo la actividad. Esto se debe a que "las justificaciones para las medidas proteccionistas se han ampliado y ahora incluyen cuestiones de seguridad nacional y cambiarias".

En América Latina se proyecta que el crecimiento se recupere de un 0,1% estimado en 2019 a 1,6% en 2020 y 2,3% en 2021 (0,2 y 0,1 puntos porcentuales menos que lo señalado respectivamente en el informe de octubre). La revisión a la baja se debe a un recorte en los pronósticos de crecimiento en México debido a la baja inversión y en Chile por las "tensión social" que ha despertado las medidas de ajuste lanzadas por el gobierno de Piñera hacia finales del año pasado.

A su vez el organismo ha revisado al alza el crecimiento esperado de Brasil. Esta revisión al alza se debería a la aprobación de la reforma previsional y beneficios otorgados al sector minero por parte del gobierno de Bolsonaro.

De acuerdo al informe del organismo, Brasil pasaría de un crecimiento de 1,2 en 2019 a 2,2 puntos en 2020 y 2,3 puntos en 2021. Tasas de crecimiento que aunque mejoran la performance del último lustro, no dejan de ser moderadas.

Por último, el organismo prevé que los riesgos a la baja para la economía mundial continúan siendo importantes con la posibilidad de que cualquiera de los riesgos potenciales señalados provoque "rápidos cambios en la actitud de los mercados financieros, reasignaciones de las carteras hacia activos seguros y un aumento de los riesgos de refinanciamiento para prestatarios vulnerables, tanto empresariales como soberanos", dejando al descubierto las "vulnerabilidades financieras que se han acumulado durante los años de bajas tasas de interés".






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