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SUPLEMENTO

El Congreso obrero de 1880 y el fin del Gran Círculo de Obreros de México

Rafael AR Escalante

HISTORIA

El Congreso obrero de 1880 y el fin del Gran Círculo de Obreros de México

Rafael AR Escalante

Continuando con artículos anteriores sobre el Gran Círculo de Obreros Mexicanos, en esta nota final abordamos las propuestas del anarquismo mexicano y su impacto y límites en las luchas obreras.

El tres de enero de 1880 inicia el Segundo Congreso Obrero del Gran Círculo de Obreros de México (GCOM) en el Teatro Morelos en la Ciudad de México, con delegados de todo el país, incluyendo La Social, pero la delegación de la asociación libertaria tenía un carácter informativo donde los representantes podían expresar libremente sus opiniones; es decir, no se luchaba (o apostaban) para modificar la orientación política del propio Congreso. Además, las organizaciones adherentes tenían como línea no acudir al Congreso o, si lo hacían, ser pasivos ante las circunstancias, ya que no querían tener ningún tipo de acuerdo con la dirección del Gran Círculo ni tomar el poder; influidos por la orientación política anarquista establecida por Bakunin en Europa, rechazaban la alianza electoral con cualquier partido y no se jugaban a construir el propio.

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Al final los delegados de La Social formaron parte de la mesa directiva cuando les aseguraron que el Congreso no perseguía ningún fin político. Es entonces que los anarquistas tuvieron una gran influencia al igual que los miembros del Partido Socialista Mexicano, organización nacida el 4 de julio de 1878 en Puebla con su periódico La Revolución Social, el cual se proponía la toma del poder –aunque por métodos legales, ya que su programa era liberal más que socialista– y tenía antecedentes de haber participado en las revueltas campesinas de los años anteriores.

Conforme las discusiones avanzaban salieron a relucir las diferencias, ya que quienes pretendían apoyar a los partidos burgueses asomaron la cabeza, los mutualistas tendían a acordar con el Partido Liberal, ése que fue dirigido por Juárez y que, para ese momento, presidía Sebastián Lerdo de Tejada. Algunos de los delegados que tenían esta postura se retiraron por la desconfianza que había hacía ellos; sin embargo, estos acontecimientos provocaron que muchos otros delegados también se fueran. Para abril de 1880, las fracturas ya eran de gran magnitud, a tal grado que en febrero y marzo no se realizaron las asambleas por las diferencias internas; una de ellas fue la polémica sobre el apoyo al general García Cadena para la elección presidencial en contra de Porfirio Díaz.

Los pocos representantes obreros que quedaron trataron de salvar la situación al fundar la Gran Confederación de Trabajadores de México, apoyados por La Social para reagrupar a la clase obrera en sus propias organizaciones; sin embargo, la desmoralización, la división interna, la falta de un programa claro y el atraso e inmadurez en la clase obrera (misma que en aquellos años se encontraba aún en un estado embrionario donde numéricamente no superaba los pocos millares), no les permitió llegar más allá. El fin de aquel periodo del movimiento obrero se gestó entre abril y mayo de 1880, en buena medida, por la pretensión anarquista de formar organizaciones paralelas que no se enfrentaran a las direcciones mutualistas, lo cual demostró ser un fracaso una vez más. Así, ese amplio proceso de organización conocido, de manera general, como Gran Círculo de Obreros de México dejó de existir.

La derrota del movimiento proletario

De esa manera, aunque las organizaciones de trabajadores no desaparecieron, el movimiento obrero quedó atomizado y pulverizado, de modo que fue presa fácil para que Porfirio Díaz pudiera someterlo durante más de tres décadas. No sería hasta 1900 cuando se gestó otro despertar obrero. El anarquista Rhodakanaty volvió a Chalco mientras ocurrían estos acontecimientos, intentado reagrupar la escuela libre que encabezó antes; pero se encontró con el rechazo de los hacendados, como el de la Liga Agraria de la República Mexicana dirigida por Tiburcio Montiel, abogado consultor del Gran Comité Central Comunero (fundado por el propio Rhodakanaty), quien fue cooptado por la burguesía y que ahora perseguía a los libertarios.

En marzo de 1881, Francisco Zalacosta era apresado por el ejército porfirista en Querétaro como parte de una operación para liquidar el agrarismo, poco tiempo después fue asesinado; así caía uno de los más importantes dirigentes anarquistas mexicanos del siglo XIX. Tras estos acontecimientos, Rhodakanaty regresaría a Europa derrotado y dedicado a las actividades filosóficas, para volver posteriormente y morir el 2 de febrero de 1890 en la Ciudad de México.

Fue entre 1881 y 1884 que la dictadura de Díaz derrotó al movimiento obrero por completo, con la apropiación de algunos de sus periódicos –herramientas fundamentales para las luchas– como El Socialista y El Hijo del Trabajador, con el fin de que publicaran cosas afines a su gobierno; además de reprimir, ferozmente, la oleada de huelgas que se manifestaron en aquel periodo. Utilizando cada vez con mayor frecuencia a sus gendarmes para embestirlos, fue en estos momentos que Manuel González, títere de Díaz, ocupaba la presidencia y fue él quien, en 1883, terminó definitivamente los intentos de renacimiento del Gran Círculo y el Congreso Obrero que aparecieron en 1882.

El Socialista fue disuelto en 1886 después de haber aniquilado cualquier rasgo de radicalidad en su interior, El Hijo del Trabajador tuvo el mismo destino. En los últimos años de esta década se presentaron otros intentos por reordenar al movimiento obrero, pero fue en clave totalmente no combativa; ya que la línea mutualista se volvió a imponer, reflejándose en la colaboración de las clases con el Estado y con los capitalistas. De esa manera nace el Club Nacional de Obreros Libres, que se pronunció a favor de la participación de los trabajadores en la política electoral sin una posición independiente. [1]

Con este reflujo y la liquidación de las tendencias más radicales entre el proletariado mexicano, surgen los núcleos obreros católicos; también fue en esta época cuando el porfirismo estrechaba sus lazos con la burguesía nacional y extranjera, fortaleciendo los lazos de dependencia con el mercado mundial. [2]

Así, conseguían acabar con la generación que, durante más de 15 años, buscó enfrentar al Estado y al capital, pero también es aquí donde deben sacarse las primeras lecciones sobre el programa político anarquista; por ejemplo, su negativa de preservar organizaciones amplias con acuerdos comunes, como fue el caso del Gran Círculo. Otro elemento de debilidad fueron sus giros brucos hacía el campesinado sin tener una noción de la conexión entre estos y el movimiento obrero, como hizo La Social en su momento.

Y es que uno de los grandes problemas del anarquismo era su incomprensión de la necesidad de la más amplia unidad y del carácter político de ésta, manteniendo una actitud despectiva hacia las acciones que fueran producto de la lucha de clases, hacia todo movimiento que tendiera a concentrar las fuerzas. Su concepción los llevaba a fragmentar lo que estaba unido, no se apostaron a darle otra orientación al GCOM para hacer frente a fenómenos de organizaciones amplias.

Ésta fue una de las grandes discusiones de la Primera Internacional que generaron choques entre Marx y Bakunin, donde el anarquista ruso no quiso sujetarse a los acuerdos fundacionales planteados por la Internacional, porque según él todos estos actos de carácter político eran autoritarios. Eso fue lo que le heredaron los anarquistas de Europa a sus homólogos mexicanos, una teoría que, si bien llamaba a la lucha, no permitía estar a la altura de los acontecimientos.

No olvidemos que el mutualismo fue una doctrina formulada por Proudhon en la que oponía a las huelgas y a la lucha de clases en general, la dirección mutualista mexicana estaba influenciada por estas ideas; ésa es una de las razones por las que se negaba a enfrentarse con el Estado liberal, porque ellos tenían la idea de que los trabajadores lograrían obtener derechos, no sobre la base de luchar contra el capital, sino sobre la base de organizaciones de ayuda mutua que no se metieran en política ni en los asuntos del Estado, el mutualismo y el anarquismo eran una expresión clara del atraso de sectores del movimiento obrero europeo y del atraso en general del movimiento obrero mexicano.

Legado para la posteridad

En 1904 se logró la unificación de varias organizaciones de ferrocarrileros creando la Liga de Empleados de Ferrocarril, a partir de la Sociedad de Ferrocarrileros de República Mexicana de 1897. El régimen porfirista, por un lado, había dejado mucho malestar entre los trabajadores y, por el otro, la liquidación de las tendencias radicales trajo como consecuencia, que no compartieran la causa de las corrientes políticas al interior de su seno, sino que se sintieran más atraídos por la modernización que venía del exterior [3] o el sindicalismo cristiano.

Sin embargo, esto no detuvo el ascenso del movimiento obrero, ya que la creciente industria y los abusos de los patrones fueron sembrando, entre los asalariados, la idea de que debían estar cada vez más organizados para luchar por sus derechos. Ya que los patrones impusieron condiciones aberrantes como parte de la dominación capitalista colonial por la alianza entre el capital nacional y el imperialista, lo que, a pesar de las dificultades, daba margen de maniobra para el trabajo político.

A partir de 1906 las organizaciones mutualistas comenzaron a convertirse de forma acelerada en sindicatos, pero el enfoque mutualista de la cooperación pasiva entre los trabajadores no era suficiente para frenar los abusos patronales. Por ello, el sindicato se distinguió por enfrentar combativamente a los capitalistas, para conquistar mejores condiciones laborales; también fue por esta época que se forjan nuevas organizaciones políticas, igualmente, de corte anarquista, aunque con ideas un poco distintas, como lo fue el Partido Liberal Mexicano (PLM) encabezado por los hermanos Flores Magón.

Un ejemplo de la lucha se dio en ese mismo año, cuando se celebró una convención por la Liga de Trabajadores de Tabasco donde se plantearon, de forma abierta, impulsar y defender huelgas, así como promover la organización sindical entre otros gremios. Con reglamentaciones que reconocieran los derechos de los proletarios, un importante paso al Contrato Colectivo de Trabajo fue el reconocimiento sindical, una de las principales propuestas hechas para los huelguistas del Ferrocarril Central de Chihuahua en 1906.

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NOTAS AL PIE

[1Valadés, J. El socialismo libertario mexicano, México: Rosa Luxembrug Stiftung y Para leer en libertad, 2013, p.202

[2Leal, J.F. y Woldenberg, J. “Del Estado liberal a los inicios de la dictadura porfirista”, en La clase obrera en la historia de México, tomo 2, México: Siglo XXI-Instituto de Investigaciones Históricas UNAM, 1996, p.248

[3De la Peña, S. “Los trabajadores en la sociedad del siglo XX” en La clase obrera en la historia de México, tomo 4, México: Siglo XXI-Instituto de Investigaciones Históricas UNAM, 1996, p.36
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