SUPLEMENTO

[Dossier] “Los hablantes jamás perdieron la autonomía”

ENTREVISTA A SANTIAGO KALINOWSKI

CILE
Fotomontaje: Juan Atacho

[Dossier] “Los hablantes jamás perdieron la autonomía”

Ariane Díaz

Santiago Kalinowski es lingüista y lexicógrafo. Dirige el Departamento de Investigaciones Lingüísticas y Filológicas de la Academia Argentina de Letras, institución que, como parte de la ASALE, organiza junto a sus pares de los demás países hispanohablantes los CILE, que este año se realiza en Córdoba.

IdZ: ¿Cuál es el mecanismo para incluir un cambio en el diccionario de la RAE desde Argentina?

El diccionario de la RAE es un diccionario panhispánico, entonces ahí adentro hay muchas acepciones, o muchas palabras, que tienen normalmente marca de país. Además tiene un montón de diatópicos del interior de España. O sea que si uno ve la lista de marcas de lugar –que es lo que se llama diatópicos–, va a ver que hay unos 25 que son países y el doble de diatópicos minúsculos del interior de España: Murcia, Calle Alta, Jaén. Eso es un poco absurdo: que haya el doble de marcas de un país, que es del tamaño de la provincia de Córdoba, que de todo el resto del territorio donde se habla español.
Responde un poco, me imagino yo, a la historia de redacción de ese diccionario, al enorme desarrollo que tiene la dialectología peninsular, porque ahí hay también un interés de las comunidades de financiar. Pero el diccionario general tiene ese desbalance. En parte responde al hecho de que ellos, consiente o inconscientemente, quieren evitar asociar el nombre del país a la idea de palabra regional. Evitan llamar españolismo a algo. Lo evitan al punto de que ni siquiera lo definen en “españolismo” –así como “argentinismo” dice “giro o expresión o palabra propia de los hablantes de…”, y así chilenismo, peruanismo, mexicanismo. Los españolismos no tienen una acepción así.

IdZ: Los españolismos serían lo no marcado. Eso es por cuestiones históricas y también políticas…

Por supuesto, porque desde el punto de vista lexicográfico-lingüístico es insostenible.

IdZ: Porque ellos además internamente tienen problemas con otras tres lenguas distintas, y la “política hispanoamericana” es muy reciente. Los americanismos eran “barbarismos” hasta no hace mucho.

Lo que pasa es que lo siguen siendo, porque ellos publicaron el diccionario de americanismos, ¿verdad? Ese diccionario en última instancia es un diccionario de todas las palabras regionales de la lengua española, salvo las de un país, que es España. Entonces esto es, desde el punto de vista estratégico-político, el mismo juego de siempre: todo lo que es americano lo marco como dialectal, y lo español no lo incluyo ahí.

IdZ: ¿Y eso se discute en la ASALE? Porque se supone que las academias de los distintos países están todas en igual lugar que la RAE.

Cada vez que puedo lo planteo. Porque es una ridiculez, es como decir “bueno, ahora tenemos que publicar el diccionarios de los europeísmos, que incluye las palabras regionales de España más las de alguna otra comunidad que hay en Europa; y después el diccionario de africanismos, y después el de los de asianismos”. En realidad lo que hay que hacer es tomar el diccionario de americanismos, sumar todas las palabras regionales conocidas, y decir “este es el diccionario de las palabras regionales es español, incluidas las de España”. Pero existe siempre ese juego de: marco como dialectal lo otro y mantengo el mote de lengua sin marcar para lo que se habla en España. Es una de las maneras en las que se comunica la falacia de que en un lugar está “la lengua” y en los demás está “el dialecto”.

IdZ: El año pasado hubo una discusión por la llamada “Marca España”, donde se incluía al castellano, y hubo quejas del resto de las academias porque si el español es “marca España”, ¿nosotros qué hablamos?

Sí, comunican esa idea. Que no es reciente, es de todo el siglo XX. Cuando uno le pregunta a hablantes de América, muchas veces te van a decir “nosotros hablamos mal”, hablamos de vos y cuando viene alguien de afuera cambiamos a tú… todo eso es el éxito de la comunicación de estas ideas. No te lo van a decir explícitamente porque desde el punto de vista lingüístico y científico no se sostiene. El de España y de Madrid es un dialecto como cualquier otro. Ellos tienen una forma de conjugación y pronominal totalmente minoritaria como es el “vosotros”, como nosotros tenemos una forma pronominal totalmente minoritaria como es el “vos”. No hay ninguna diferencia, lo que pasa es que la plata está ahí, el poder económico está ahí, y entonces hay tal vez intereses del tipo “si yo logro convencer a los que quieren aprender español que la lengua de verdad es la de España, entonces van a querer venir a estudiar español acá, pagar las clases acá, van a querer el certificado de español de acá”.

IdZ: O sea que hay una historia y una política del español “fuerte”, mezclado ahora con una política “hispanoamericana” que surgió por la posibilidad de negocios. ¿Pero no andan metidos en eso las otras academias también, en quién se queda con la certificación?

Hay un consorcio de universidades que tienen su propio certificado, su propio examen, que tratan de hacer de contrapeso. Pero ellos tienen instrumentos muy importantes de divulgación de esa idea, como la publicación de esos diccionarios. Ninguna academia está en condiciones de publicar un diccionario de americanismos –con la cantidad de palabras que tiene, el volumen, la distribución–, entonces hay un desbalance de poder que se aprovecha.
Ciertos sectores, porque otra cosa que hay que saber de la RAE es que hay elementos que muy fuertemente operan en ese sentido, pero también adentro de la Academia están los mejores lingüistas que hay en español. Una cosa es el Diccionario panhispánico de dudas y otra cosa es la Nueva gramática. Es como una institución medio esquizofrénica en ese sentido. La Nueva gramática es un texto ejemplar, descriptivo, coral en su primera versión –porque se habían convocado especialistas de todo el ámbito hispánico para hacer distintos capítulos, Ofelia Kovacci por ejemplo–. Entonces es muy fácil agarrar los elementos que hacen imperialismo lingüístico dentro de la Academia y demonizar a la Academia sin tomar en cuenta lo otro. También podés enfocarte solamente en la Gramática descriptiva y decir “es maravillosa la RAE”. En realidad es una institución que engloba todo eso.

IdZ: ¿Pero vos decís que hay diferencias, por estos posibles negocios de certificación, mercado editorial, etc., entre las demás academias latinoamericanas y la RAE, o es más un negocio común?

No sé, eso es más una pregunta para el presidente. Yo me dedico más a saber qué pasa con las ideas lingüísticas que se divulgan a través del diccionario, qué comunica la idea de que hay tantos diatópicos de un pedacito chiquito del español como es España y una marca que es “América”, qué rendimiento descriptivo puede tener una marca que engloba al 90 % de los hablantes de una lengua, si no tiene rendimiento descriptivo, qué tipo de rendimiento tiene –porque si no es descriptivo es otro–. La cuestión de los debates de la ASALE… me imagino que no son lo mismo un presidente que otro, y de los distintos países.

IdZ: También, si hay de por medio negocios, no es lo mismo el que representa un mercado de cuarenta millones de hablantes que uno de tres millones…

Todo se mezcla. En lo que me enfoco yo es en qué idea lingüística nos han hecho internalizar a los hablantes, por ejemplo a los hablantes argentinos, con la intervención, una intervención violenta, feroz y brutal, que sufrimos durante todo el siglo XX, en contra de nuestro voseo. ¿Por qué tuvimos qué sufrir esa intervención, hecha desde los centros de máximo poder en el ámbito hispánico? No incluía solamente a las academias nacionales sino a los ministerios de Educación, nacional y provinciales, incluía a la industria editorial por los manuales que se publicaban, e incluía a la industria del entretenimiento, porque las películas que se filmaban en Argentina con actores argentinos de historias que transcurrían en Argentina, hablaban de tú.

IdZ: Tomaban mate y hablaban de tú…

Y más importante, cuán poco que importó esa intervención desde los sectores donde el poder estaba más concentrado: político, cultural y económico. A los hablantes no les importó. Eso habla de que, por más que venga Alejandro Raiter y diga “hay que devolverle la autonomía a los hablantes”, los hablantes jamás perdieron la autonomía. Y a muchos iluminados eso les molesta.

IdZ: Bueno, pero si en un sentido esos intentos de normalización son tareas propias de Sísifo, que te eduquen con esa norma genera marcas que quedan.

Generan marcas que quedan. Por ejemplo el otro día en una entrevista con un chico joven de Mendoza, voseante argentino, me dijo “es un placer hablar contigo”. Y le pregunté por qué contigo, qué pasó. Y pasó que es el efecto de aquella intervención, que permeó. Hablamos de vos, pero cuando estoy monitoreando lo que digo, digo contigo. Ese es el efecto, terrible, nocivo y violento que perdura de aquella intervención tan violenta y brutal. Pero por otro lado hay que saber que el dominio del “estándar culto” tiene un rol social que no es un invento de las Academias. No es un invento que para determinados contextos uno tiene que dominar cierto estándar de lengua y que si uno falla en ese dominio, en esos contextos, recibe una sanción, por ejemplo cuando escribe un currículum, un examen, lo que sea. Eso es un fenómeno que también es de los hablantes, que para mí viene de un cambio de paradigma: del paso de un modo de organización del poder hereditario a un modo de organización donde el poder lo toma la burguesía pasando por las universidades.

IdZ: Es una marca de escolarización que en definitiva es una marca de clase…

Es una marca de clase y es condición necesaria para que se considere que esa persona está en condiciones de administrar bienes valiosos. Antes de ese traspaso de poder de las monarquías a las burguesías, importaba dónde habías nacido, qué sangre tenías… Como eso se volvió una marca de la aptitud, entonces tiene un rol social a partir de la Modernidad, no es un invento. Las academias tratan de establecer criterios unificados, en la escritura, pero después hay diferencias incluso en los estándares cultos en los distintos lugares, con lo que no se puede considerar que tiene que ser una sola norma.

IdZ: Parte de los argumentos que se dan para incluir algo en el diccionario es que estos registran el uso: cuando se debatió si sacar o dejar “mujer fácil” se argumentaba que el problema no era el diccionario que solo registraba sino que era un problema social, y que si pongo “persona fácil” no es lo mismo, de hecho es lo contrario porque eso tiene un uso positivo. Pero hay cosas que se niegan o que, como jueza o embajadora para denominar a aquellas que ejercen ese rol y no como “la esposa de”, recién se incorporaron. Con presidenta también hubo una discusión…

Una discusión muy ignorante, por otro lado, porque presidenta está en el de la RAE desde 1803, desde 1880 como “la que preside”.

IdZ: Pero acá hubo discusión hasta en los diarios por si correspondía la presidente o la presidenta…

Por oposición política…

IdZ: Pero entre “yo registro lo que se usa” y “esto según la norma lo acepto o no” hay criterios distintos… Además son todos casos de mujeres en un papel preponderante, con sirvienta nunca hubo discusión.

Claro, porque esa discusión nunca fue lingüística. Porque lingüísticamente no hay ningún problema. Las primeras documentaciones son del siglo XV o XVI si ponés presidenta en el CORDE [Corpus Diacrónico del Español]. ¿Por qué tardó tres siglos en llegar al diccionario? Y bueno porque el diccionario no quería. Pero en los hablantes eso estaba. Entonces si tenés un diccionario hecho por personas que se niegan a reconocer el uso porque les molesta cierto uso, no lo van a poner. Si es alguien que es un machista decadente va a hacer lo posible para que presidenta no llegue al diccionario.

IdZ: ¿Cómo se discuten los temas de los CILE? Porque habiendo este tipo de discusiones, los temas parecen estar más relacionados con esto de los negocios, “el castellano en el mundo”.

Es un evento institucional. Hay una mesa de corrección política donde se va a tratar ese tema, y después no hay mayor… son preocupaciones institucionales las que se discuten ahí.

IdZ: ¿Y no deberían ser estos los temas a discutir?

A mí me parece que sí. Nosotros hemos definido una postura respecto al inclusivo que no tiene nada que ver con lo que hace España…

IdZ: … España y otras academias de Latinoamérica, que dieron argumentos como los de “no deformar la lengua”.

Eso es lo de rigor… Piensan que esta intervención hecha por las pibas del centro de estudiantes va a cambiar la lengua cuando ellos quisieron cambiar el voseo; le echaron toda la artillería encima y no pudieron. Están moviéndose sobre presupuestos falsos de que una minoría –esto es un reclamo de vanguardia, no es un reclamo de las masas todavía, y no tiene nada de malo que sea de vanguardia, porque los grandes avances en política y en la sociedad siempre arrancan así–, va a cambiar la lengua. Se olvidaron de lo que ellos intentaron hacer con el voseo, y de que a los hablantes no les importó.

IdZ: ¿Tenés idea de cómo se está llevando a cabo este debate en el ámbito educativo? Porque ahí hay tensión entre la discusión política y la norma con que se educa, a la vez que es la oportunidad de hablar con los alumnos de gramática como nunca antes…

Es un motivador increíble, nunca hubo adolescentes tan interesados en la morfología como hay ahora. Hay una tensión grande que es política, porque el inclusivo expresa una posición política y busca un efecto en el discurso público que después redunde en la creación de un consenso, que después vaya redundando en cambios en la sociedad a partir de mecanismos democráticos. En el debate educativo esto se vuelve muy agudo, porque existe la idea de que una persona, por tener 14 a 15 años, es una especie de jarrón vacío que uno lo llena de lo quiere en la escuela. Y de vuelta: lo quisieron llenar de tuteo en la escuela, y no pudieron; le quisieron decir que tiene que conjugar de vosotros, y no pudieron. Entonces, esto es algo que entra más en el ámbito del derecho que tenemos de configurar nuestra propia discursividad en torno de los temas que son relevantes en la sociedad, y de cómo tenemos una generación que con el inclusivo está marcando su protagonismo en el cambio de los problemas que arrastra la sociedad, como la hegemonía masculina heterosexual. Entonces desde el punto de vista de la enseñanza, si ponés un docente a hablar todo con e, a algunos alumnos les va a encantar, a otros no les va a gustar, unos lo van adoptar, otros no; no es automático.

IdZ: Muchas de las acusaciones contra la lengua inclusiva es que es cosa de las “feministas ideologizadas”, como si algo dentro del lenguaje pudiera no ser ideologizado.

Siempre te viene uno a decir “no, porque la lengua no es racista, la lengua es racista cuando se pone en discurso”. Mentira. La lengua la hacen los humanos, los humanos son racistas, sexistas… la lengua va a codificar entonces racismo y sexismo. Si la gramática codificó sexismo, si tiene un correlato de una situación de preponderancia masculina ancestral, entonces tiene sentido llamar la atención sobre eso. Aunque cambiar la lengua no va a cambiar la sociedad, la lengua no cambia lo real. No porque tengamos otro pronombre mágicamente las dinámicas de poder van a cambiar. Lo que sí podemos hacer es usar la lengua para llamar la atención sobre los temas, crear los consensos, ir a las urnas, ir al Congreso, todo ese proceso, lento, arduo, con avances y retrocesos, como vemos en Estados Unidos ahora, con una situación de retroceso de las grandes victorias de las luchas por los derechos civiles de los años 60 y 70; hay ahora una reacción y la gente se saca fotos haciendo el saludo nazi, explícitamente. Con el feminismo va a pasar igual, vamos a tener avances y victorias.

IdZ: Sobre el uso de la “e” te escuché decir dos cosas: una que lo caracterizaste como retórico y no como cambio lingüístico, y otro que te parecía que podría tener problemas de elitismo…

Sí, me titularon así. La realidad es que no es fenómeno de quinientos millones de hablantes, es un fenómeno de ciertos sectores en centros urbanos, especialmente activos en la lucha contra la preponderancia del hombre heterosexual. Entonces no es que el elitismo es un problema, el elitismo es una característica. Y yo cambié la palabra elitismo por vanguardia, porque cuando decís elitismo está todo mal, y en realidad es lo mismo. Entonces es una lucha de vanguardia: lo vas a encontrar en centros de estudiantes de colegios activos políticamente. Lo cual no tiene nada de malo, las discusiones políticas no se dan a nivel de las masas, se dan entre las elites, y no tiene nada de malo. Lo que está el inclusivo es al servicio del progreso social. Entonces lo vas a encontrar en el Congreso, lo vas a encontrar en ciertos medios de prensa, en ciertos políticos, en ciertos universitarios. Pero eso te da la pauta de que no es un cambio lingüístico como decir “si llovería” o “si lloviera”, que sí lo es.

IdZ: ¿Pero eventualmente puede serlo, crees vos, si no este en particular, otro?

A mí me parece difícil. ¿Qué pasó, por qué se codificó el masculino genérico? Milenios de un ordenamiento social con el hombre acaparando todos los espacios. Y lentamente a lo largo de todo ese tiempo la lengua fue codificando; milenios de preponderancia masculina hizo que los hablantes, ante la duda, dijeran “si no sabemos, es varón”. Esa situación social, de la que la gramática es un correlato, duró milenios, porque los tiempos de la codificación lingüística y gramatical son otros. Entonces, desde los movimientos políticos pretender que se gramaticalice algo es condenarse al fracaso, es decir, si ponés tu objetivo en la gramaticalización, eso no lo puede controlar nadie, porque la autonomía el hablante no la perdió nunca. Pero no necesitás que se gramaticalice, no es tu objetivo gramaticalizar el inclusivo, es cambiar la realidad. Si después vos cambiás la realidad, hacés una realidad completamente igualitaria y lo mantenés durante 100, 200, 400 años, es probable que el masculino genérico se te quede insuficiente, y que los hablantes codifiquen algo diferente, pero va a ser el resultado de un ordenamiento social diferente, no lo ponés imponer desde arriba.

IdZ: Imponer no, pero como tantos otros cambios puede ser más o menos extendido, pero parece que, por todo lo que hablábamos antes, para que termine en una modificación en un diccionario hay que, no sé, volar la RAE antes de que eso suceda…

No depende de ellos, nunca dependió de ellos.

IdZ: Pero si el uso se extiende, y aparece en los diarios, en las escuelas, la gente lo usa, otra vez estamos en el mismo problema: los hablantes lo usan, deberías registrarlo según el criterio que dicen tener, pero la RAE dirá que no.

Si se llega a gramaticalizar, ese día va a tener que estar incluido en una gramática, la gramática que no lo tenga va a ser incompleta, como el diccionario que no tiene presidenta es un mal diccionario, incompleto, porque no se actualizaron o porque quieren militar desde el diccionario. Pero ningún hablante va al diccionario a ver qué palabra puede decir o no puede decir. Cuando estamos a otro nivel, de reflexionar qué decimos y no decimos, ese otro nivel que es un nivel de tensiones simbólicas y de reflexión sobre la lengua, ahí sí vamos al diccionario, pero cuando hablamos, en la vida, no… Y lo que importa es cuando hablamos en la vida, donde no importa la institución, como demuestra el caso del voseo. Si pusieron el inclusivo en el subtítulo de no se qué… ¿qué efecto pueden creer que eso tiene? Tiene un efecto simbólico, pero en la lengua la gramaticalización va por sus propios caminos y tiene sus propios tiempos. Y si se gramaticaliza esto en 300 años, lo vas a tener que meter, porque va a ser indudable. Vas a hacer tests de gramaticalidad y te va a dar que la gente ya lo incorporó en la mente. Pero el tema es que en la mente no está, es una decisión que se tiene conscientemente, y se hace conscientemente cuando la lengua es pública; uno hace un esfuerzo, un esfuerzo que requiere además una capacidad mayor de dominio sobre la morfología que la necesaria para hablar.
Estuve por ejemplo en un conversatorio, muy interesante, con mucha gente, sobre esto, de la red PAR [Periodistas de Argentina en Red Por una Comunicación No sexista]. Y había militantes territoriales. Y uno decía “mirá, yo voy a la villa y no le hablo con la e, porque no interpelo, enajeno”. Es una discusión que va por otro carril. Ese otro carril es válido, es necesario, pero no es un fenómeno masivo.

IdZ: ¿No es esa misma reacción con este fenómeno el que lo hace masivo?

Sí, Natalia que salió a dar una entrevista con la e, y ahí la notoriedad. Porque se combinaban ahí varios estigmas: es mujer, es mujer adolescente, es mujer adolescente activa políticamente, y hablaba con la e. Entonces a Feinmann los pelos se le pusieron… Golazo de media cancha, porque además en los adolescentes eso tiene un valor adicional de refracción de los viejos carcamanes. Por eso se ve para mí con más intensidad de uso en los adolescentes. Es una cuestión identitaria, generacional, te sentís protagonista de los grandes temas del presente, que por otro lado es el gran tema mundial, por suerte, finalmente. Está acá, la misma discusión en Francia…

IdZ: En inglés aceptaron Mx. para no poner de abreviatura Mr. o Mrs. (Sr. o Sra.)

Y pusieron “latinx” en el diccionario Merriam-Webster. Los noruegos les pidieron a los finlandeses un pronombre neutro para las comunicaciones oficiales, el gesto opuesto al de Macron [en 2017 en Francia se prohibió el uso de lenguaje inclusivo en documentos oficiales]. Pero Francia publica manuales escolares con terminaciones inclusivas. Serán muy conservadores los franceses, pero en español no se llegó a eso. Entonces es un debate global. ¿Qué pasa cuando uno lo quiere suprimir de la escuela? Estas suprimiendo a los estudiantes de herramientas de participación en el debate global del presente.
Por otro lado, yo soy de la postura de que no hay que ponerse normativista con el inclusivo. Si ponés la e… Lo que importa es el gesto político y retórico y discursivo. Por eso para mí la e, la x y el arroba, por escrito, son más o menos equivalentes, son distintas maneras de intervenir las palabras y la lengua para lograr un efecto sobre el auditorio. Las veo similares.
Pero hay esta cosa de pensar que una intervención va a cambiar la lengua; lo que va a cambiar la lengua es el cambio de lo real y de lo social, y contra el cambio de lo real y lo social no hay nada que hacer. Lo que podés hacer es ir a militar conservadurismo, que es lo que está pasando: la reacción al anhelo de igualdad entre todas las identidades sexuales es mantengamos la preponderancia del hombre, entonces la ideología esa de mantener el estado de cosas se expresa por medio de la descalificación de un intervención retórica que es muy potente.

IdZ: El problema son las definiciones de gente especializada que da definiciones para defender esas posturas conservadoras que van en contra de definiciones de la lingüística. “Esto es politizado”, como si la lengua pudiera no serlo. O este cambio y el de más allá “rompen la unidad de la lengua”, ¿y hablamos hoy la lengua del Quijote acaso?

Pero vos fíjate que al peligro de que la unidad está amenazada, se trata de construir el peligro opuesto: que esta amenazada la diversidad. Y si vos mirás qué pasó con el español desde el siglo XVI en adelante, no hay evidencia que soporte ni la declaración de que está amenazada la unidad, ni la de que está amenazada la diversidad.

IdZ: Pero una cosa es entre los hablantes, otra cosa es entre las instituciones. Porque la RAE y las Academias que intervienen en eso defienden la unidad…

Es que la unidad no es algo que necesita ser defendido. No hay amenaza de la unidad.

IdZ: No en el sentido de que funciona –porque nos entendemos–, pero la norma de la RAE hasta ahora es una unidad no marcada del español de España y eso tiene derivaciones. El Encuentro a modo de contracongreso que hay en Córdoba en paralelo hace eje en esto.

Claro, a mí me parece que hay posiciones discursivas que son opuestas por el vértice, las dos igualmente divorciadas de la realidad lingüística: una que propone que si no hacemos algo perdemos la unidad de la lengua, y otra que propone que si no defendemos nuestra variedad nos van a avasallar las diferencias dialectales. En realidad lo que hay es una construcción discursiva para tratar de convencernos de que estos son actores indispensables: la RAE o los que se ponen en el contracongreso.

IdZ: Pero es cierto que viene la RAE con reyes incluidos…

Lo que quieras, al hablante… Funciona simbólicamente. Si vos tenés una comunidad de hablantes argentinos, que una persona de 25/28 años, educada, cuando habla conmigo siente que tiene que decirme “contigo”, eso es relevante, importante. Se cuela de aquella intervención. Entonces tenemos que dar la pelea simbólica. Pero no construyendo peligros que no existen. No hay que venir a decir “la lengua es la nuestra y ustedes hablan dialectos”, y por lo tanto “hacéme caso”, y tampoco decir “si no hacemos algo vamos a terminar todos hablando en el español de Madrid”.

IdZ: En la discusión sobre la diversidad además hay un problema con otras lenguas que se hablan en Argentina o en Latinoamérica, corridas por nuestra variante del español.

La lengua del que coloniza se impone violentamente sobre la lengua de los colonizados.

IdZ: Y no somos muy democráticos con eso. Hay leyes que las tienen en cuenta pero no se cumplen.

En un podcast, The Vocal Fries, una de las chicas, Megan Figueroa, es hija de un hablante en español que migró a EE. UU., y el padre hizo todo el esfuerzo que pudo para que Megan no aprendiera español, porque consideraba que eso la ponía en desventaja. También hay una generación de descendientes de hablantes de mapuche a los que esos mismos hablantes no les transmitieron la lengua para que no sufrieran el estigma y la discriminación que viene de saber esa lengua, y ahora hay un esfuerzo de tratar de recuperar la lengua a través de gramáticas de mapuche ¬–que de vuelta, se vuelve una cuestión normativa¬–. Pero bueno, las lenguas minoritarias y las lenguas minorizadas son un tema muy complejo. Hay gente que se ocupa de esos temas, por ejemplo Leonor Acuña tiene equipos de trabajo que se ocupan de eso. No es un problema solo nuestro, hay problemas en EE. UU., en Canadá. Pero yo me quedo del lado del español y digo bueno, vamos a hablar de dialectos del español, porque no puede ser que los argentinos en la opinión pública sigan pensando que hablamos mal.

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Ariane Díaz

@arianediaztwt
Nació en Pcia. de Buenos Aires en 1977. Es licenciada en Letras y militante del Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS). Compiló y prologó los libros Escritos filosóficos, de León Trotsky (2004), y El encuentro de Breton y Trotsky en México (2016). Escribió en el libro Constelaciones dialécticas. Tentativas sobre Walter Benjamin (2008), y escribe sobre teoría marxista y cultura.
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