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TRABAJO PRECARIO

Día Internacional de las Trabajadoras del Hogar: para ellas ningún derecho

Aunque el gobierno recomienda seguridad social y derechos laborales, la realidad de millones de trabajadoras del hogar dista mucho de la estabilidad y seguridad en el empleo.

Yara Villaseñor

Socióloga - Militante del MTS @konvulsa

Lunes 30 de marzo | 21:08

En el marco del Día Internacional de las Trabajadoras del hogar, el Consejo Nacional para Prevenir y Erradicar la Discriminación (CONAPRED) hizo un enérgico exhorto a que se garanticen las condiciones laborales mínimas indispensables para las trabajadoras del hogar en el marco de la pandemia del COVID-19.

Sin embargo, lejos estamos de que las trabajadoras del hogar gocen de prestaciones, seguridad social y derechos laborales. Según las cifras publicadas, de las 2.4 millones de personas que se dedican al trabajo doméstico, un 98 % lo hace sin contrato y poco más del 10 % cuenta con algún tipo de prestación.

El trabajo doméstico es uno de los gremios más feminizado, siendo que un 90% del total son mujeres. En Latinoamérica, unas 77.8 millones de personas laboran en trabajo doméstico, de las cuales un 77.5 % no cuenta con ninguna prestación, cifra escandalosa que está por debajo del nivel de precarización que observamos en México, donde una de cada diez trabajadoras se dedica a este ámbito.

Aunque los últimos años, gracias a la organización y movilización de trabajadoras domésticas, de organizaciones feministas y de mujeres, ha aumentado la lucha por derechos laborales para trabajadoras del hogar, sigue siendo uno de los gremios con más alta precarización y vulnerabilidad para las trabajadoras.

El exhorto del CONAPRED se queda muy por detrás de las posibilidades al no constituir ningún mecanismo real que obligue a empleadores, sobre todo familias acomodadas de clase media y alta, a garantizar por ley contrato, prestaciones y seguridad social para las trabajadoras domésticas.

Ahora, con la pandemia desatada por el covid-19, las personas trabajadoras del hogar están doblemente expuestas al contagio, teniendo que desplazarse y trabajar en condiciones de vulnerabilidad que no garantizan medidas sanitarias mínimas.

Para evitar situaciones como la que vimos con la empresaria uruguaya que contagió a propósito a la trabajadora que laboraba en su casa, el gobierno debe imponer por ley una licencia obligatoria para las trabajadoras del hogar, con goce de sueldo íntegro y que cubra la canasta básica, además de garantizar que los empleadores cubran el total de las prestaciones que por ley corresponden a todx lxs trabajadorx.

Sin embargo, eso sería apenas una mínima reforma para atacar el cáncer que representa el trabajo doméstico no remunerado para millones de mujeres en el país, que en pleno siglo XXI no puede explicar su permanencia más que por los beneficios monetarios que representa para el capitalismo mantener en boga tal prejuicio patriarcal.

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Trabajo reproductivo: no genera valor pero ahorra dinero a los capitalistas

El capitalismo ha desarrollado la ciencia y la tecnología a niveles inimaginables hace un siglo, posibilitando la socialización del trabajo doméstico, pero ha preservado discursos tan feudales éste aumentar sus ganancias. Es el discurso patriarcal apropiado por los empresarios y alimentado por el toque conservador del gobierno el que identifica la “labor doméstica” como tarea fundamental para el pleno desarrollo de las mujeres. Nada más ridículo.

Ya Marx develaba en Salario, precio y ganancia este mecanismo tramposo: “Para poder desarrollarse y sostenerse, un hombre tiene que consumir una determinada cantidad de artículos de primera necesidad. Pero el hombre, al igual que la máquina, se desgasta y tiene que ser reemplazado por otro.

Además de la cantidad de artículos de primera necesidad requeridos para su propio sustento, el hombre necesita otra cantidad para criar determinado número de hijos, llamados a reemplazar a él en el mercado de trabajo y a perpetuar la raza obrera. Además es preciso dedicar otra suma de valores al desarrollo de su fuerza de trabajo y a la adquisición de una cierta destreza”.

Es así que los capitalistas y sus Estados han perpetuado un discurso patriarcal para ahorrarse millones de ganancias al depositar el trabajo reproductivo sobre las espaldas de las mujeres trabajadoras y pobres, en lugar de asumir el costo de la reproducción y cuidado de la mano de obra que genera esa riqueza.

A través de individualizar un problema social, los capitalistas se libran de esta responsabilidad para que recaiga sobre las mujeres, que tienen que cubrir dobles o triples jornadas laborales sin que se reconozca las “labores domésticas” son trabajo no remunerado.

Pero no hay que confundirse. Los varones -quienes dedican mínimo dos veces menos del tiempo total que las mujeres a tareas de cuidado- si bien son “beneficiados” del trabajo reproductivo no se vuelven más ricos con esta desigualdad, pero sí se alejan más de la perspectiva de proponer una salida clasista que en lugar de confrontar a los sexos, una a las filas de la clase obrera contra las trampas de los capitalistas y sus mecanismos para profundizar la opresión y la explotación.

El ahorro es tal que representa un 18 % del PIB nacional, ganancias que los capitalistas se embolsan mientras profundizan la explotación de millones de mujeres.

Hoy, el movimiento de mujeres puede encontrar en la clase obrera un potente aliado, en primer lugar entre las millones de trabajadoras cuya invisibilización por la academia y por el feminismo liberal oculta la potencialidad de los lugares de trabajo que ocupan en la producción.

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Ellas y el conjunto de la clase trabajadora, pueden imponer medidas para enfrentar esta crisis sanitaria –produciendo lo necesario para enfrentarla y garantizando condiciones sanitarias en todos los centros de trabajo, pero también pueden, con la movilización y métodos de lucha como el paro y la huelga, imponer la socialización del trabajo doméstico a los empresarios y el gobierno a su servicio.

Contra la esclavitud doméstica que recae sobre las mujeres, el estado debe socializar y estatizar el trabajo reproductivo de conjunto, poniendo en pie comedores, lavanderías y centros de cuidado para niños y adultos mayores que permitan que estas tareas, fundamentales para el desarrollo humano y la reproducción de la clase trabajadora, sean realizadas por trabajadores que gocen de plenos derechos laborales y no sobre los hombros de mujeres que en el grueso de los casos tienen que cubrir sus propias jornadas laborales fuera del hogar.

Todas las prestaciones, el aumento salarial de emergencia para cubrir la canasta básica y “el salario de cuarentena”, deben ser financiadas por las grandes fortunas de los magnates capitalistas, y con el presupuesto que hoy se dedica a pagar la fraudulenta deuda externa, continuidad de la expoliación imperialista a nuestro país. Porque nuestras vidas valen más que sus ganancias, ¡exigimos que la crisis la paguen los capitalistas!






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