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Debate de investidura: ¿A dónde va la CUP?

La investidura catalana se está extendiendo debido a la política represiva española y en cierta medida a la estrategia de Junts x Catalunya y Esquerra. Pero, ¿qué papel juega la CUP en todo éste galimatías?

Guillermo Ferrari

Barcelona | @LLegui1968

Lunes 19 de marzo de 2018 | 07:19

Mientras “los socios” de la CUP discuten el nombre del candidato, la CUP plantea una profunda discusión programática. El primero de la lista presentada el 21D declaró que la clave era construir la república e iniciar un proceso constituyente, antes de hablar a quién investir. La CUP pretendía acordar “programa, programa, programa” para construir una república. La cual, según su dirigente, incluiría la toma del poder.

En una entrevista radiofónica, el diputado Carles Riera expresó que la CUP no compra que “…el 1O es una cosa simbólica, el 27O un intento fallido” y por tanto que se debe aceptar “el 155 y el golpe”. Y remató diciendo: “Eso son 10 pasos atrás”. Por tanto, para los cupaires: “Será bueno todo aquel nombre de un candidato que quiera llevar a término un programa de implantación de la república”.

Según Riera la estrategia de Joan Tardà y Esquerra consiste en que “volvamos al autonomismo y ya veremos si desde aquí podemos avanzar algún día al independentismo”. Y este camino lleva a “la comisión de reforma constitucional del Estado” dónde se discutirá “si se mantiene la autonomía actual o si se va a una mayor recentralización del estado”.

Como ha señalado en la entrevista, la mayoría independentista de la Mesa del Parlament no se atrevió a impulsar el voto delegado de Puigdemont y de Comín. El President del Parlament, Roger Torrent, suspendió el pleno de investidura debido a las amenazas del Tribunal Constitucional. El dirigente cupaire se preguntaba, sino se atreven a ésta pequeña desobediencia, ¿cómo harán otras mayores?

Durmiendo con el enemigo

La “táctica actual” de Esquerra y de Junts per Catalunya ya lleva más de cinco años. Es la “táctica” iniciada por Artur Mas cuando era el máximo dirigente de la antigua “Convergència”. Es la “táctica” del 9N: “Yo no desobedecí al Constitucional”. Es la que busca el diálogo permanentemente con el Gobierno represor de Rajoy y los poderes del estado, que no quieren ni hablar de la escisión catalana.

Esta táctica se expresó durante los últimos años en los que se estaban construyendo las estructuras de estado. Sin embargo, el exConseller Mas Colell y el President Puigdemont han coincidido en no haber preparado nada. Han creado una Hacienda catalana que no cobra impuestos, la Justícia se iba a basar en los jueces que ahora están en Catalunya (pero persiguiendo al Govern), la policía patriota, Mossos d’Esquadra que se inhibieron el 1O. Unas estructuras más bien “del Estado”.

La táctica de Mas-Puigdemont-Junqueras es una constante improvisación que ellos llamaron “full de ruta”. Vacía de contenido y que lo llenaban según sus necesidades. Para Convergència era evitar que el alud de casos de corrupción la entierren definitivamente. Para Esquerra y Carles Puigdemont consistía en lograr una independencia pactada con el Estado español que le permitiera administrar los presupuestos públicos catalanes.

Esa táctica llegó a su punto cúlmine con las vacilaciones de Puigdemont el 26O, cuando dudaba entre convocar nuevas elecciones autonómicas o seguir con el denominado procés. Pero entre la represión del Estado y las masas en la Plaça St Jaume gritando traidor, pospuso todo para el sainete del 27O. Declaró una República simbólica, apagó la luz y se fue para Bruselas.

Una negociación imposible

Riera ha insistido en varias ocasiones que “el 1O de 2017, 3O, 8N i 21D son 4 momentos en que se ha expresado en las calles y en las urnas una masa social, un movimiento social de masas con capacidad para materializar la república”. Lo cual es cierto. Tan cierto como que Esquerra, el PDeCAT y Junts x Catalunya rehúyen como la peste hablar de “materializar la república” y prefieren olvidar esas fechas.

Sin embargo, el dirigente cupaire solamente ve errores tácticos de los partidos soberanistas. Riera planteaba que “Todo proceso de cambio radical como el que estamos planteando, todo proceso de independencia y de construcción de una nueva república implica que en un momento dado se toma del poder. Lo que no se produjo el día 28, que no se produjo el día 27 porque el Govern de la Generalitat consideró que no se daban las condiciones.”

Riera ha indicado: “Para nosotros las condiciones se daban el 1O y el 3O y va haber un error el 10O por parte de Carles Puigdemont”. Sin embargo, para Puigdemont no haber declarado la república el 10O o hacerlo simbólicamente el 27O no es un error, sino que es una consecuencia de su estrategia de República pactada con el Estado (un oxímoron más grande que una casa). Es la “táctica” de Mas-Puigdemont-Junqueras.

Sin embargo, el Govern de la Generalitat no pensaba de la misma manera cuando decía “que no se daban las condiciones”. Por eso Puigdemont-Junqueras se ‘creyeron’ “los cantos de sirena que venían por parte de Europa y del Estado, de que era posible una solución dialogada y negociada”. Pero no había condiciones para que el Estado español negociara una independencia y, por tanto, renunciara a “administrar” el 20% del PBI español (como no podía ser de otra manera).

¿¡Una toma de poder negociada!?

Para la CUP, sí había “condiciones”, pero para la toma del poder, como dijo Riera. Había un “movimiento social de masas con capacidad para materializar la república”. Por ello, según el dirigente de la formación anticapitalista. “La orientación hacia un nuevo sistema, un nuevo cambio hay un momento en que eso pase por la tomar el poder”.

Es lícito preguntarse en qué momento habría que realizarse dicha toma del poder. Y, también cómo habría que realizarse. Riera también nos saca de dudas. “Esto resultará de forma dialogada, y de forma negociada. No solo con el Estado, sino en una concertación internacional en que finalmente se debe llegar a un acuerdo en el que nuestro país tenga reconocido internacionalmente la autodeterminación y su derecho a ser una república. Eso se resolverá en una negociación”

Esto quiere decir que para la CUP, las movilizaciones están al servicio de buscar una salida negociada con el Gobierno del Estado. ¿Estarán pensando en que un Gobierno de Rajoy lo permitirá? O, ¿quizás que un nuevo gobierno del PP y Ciudadanos pueda ser más receptivo? ¿Más bien será un “Gobierno de izquierdas”?. El PSOE votó el 155 y Podemos pide un referéndum que pase por el aro del 155.

Otro aspecto que puede provocar dudas y “malos pensamientos” es el de la “concertación internacional”. ¿A qué podría referirse? Todas las instituciones europeas se pronunciaron una y otra vez contra la independencia catalana. ¿Será de otro país?, ¿Donald Trump? Lamentablemente, los máximos dirigentes europeos tiene pánico a una independencia catalana, y más aún, si se basa en la movilización popular.

Por tanto, después de los múltiples intentos de “negociación” que las fuerzas soberanistas buscaron con el Estado, se podría decir que una independencia negociada es un imposible. De todas formas, esto nos lleva a preguntarnos, ¿cuál es la verdadera cara de la CUP?, ¿la que habla de tomar el poder o la que dice que todo debe acabar en una negociación con el Estado? Estas dos caras las hemos podido oír en la entrevista de Riera.

De todas formas, no es serio hablar de un proceso de “toma del poder” y al mismo tiempo negociar con los representantes de la burguesía catalana para que ellos den pasos en el mismo materializando una república catalana. Ya sabemos que los “amos” de las grandes empresas están dispuestos huir con el botín si avanza la independencia.

¿Cómo lograr una independencia real y efectiva?

Desde la CRT hemos insistido en múltiples ocasiones que será imposible convocar un referéndum de autodeterminación efectivo y vinculante sin enfrentar al Estado español. No podía “materializarse” la república sin controlar el territorio. Y, seguimos insistiendo en ello. No hay lugar para que el Estado negocie nada, ya lo vemos con la terrible ofensiva represiva que se acrecienta día a día.

También sabemos que el pueblo catalán aún no cree en la revolución. También que la clase obrera ve el proceso de autodeterminación como algo ajeno. No nos extraña, puesto el “Procés” aún está liderado por los representantes de la gran burguesía catalana de siempre y por ello desconfían. Los que se enriquecieron con el 3%, los que recortaron miles de millones, los que promovieron el neoliberalismo; en fin, los hijos políticos de Jordi Pujol.

Pero lo que queda claro es que ni ERC, ni JxCat (menos aún el PDeCAT) quieren hacer respetar la voluntad popular expresada el 1O o el 3O. No es posible materializar dicha república con ellos, por el contrario se volverá a un Govern autonómico a la medida de la Constitución española. Por ello hay que arrancar a esa cúpula de arribistas de la dirección para que los trabajadores y el pueblo se ponga al frente del referéndum del 1O. Los revolucionarios lucharemos junto al pueblo catalán para hacer valer el referéndum del 1O, más allá de las diferentes visiones que podamos tener.

Para que el mandato del 1O se realice no hay otra opción que torcerle el brazo al reaccionario régimen del 78. Y eso solo se podrá realizar sobre la base de la movilización, la organización y una amplia discusión en los lugares de estudio, de trabajo y en los barrios. Hay que crear CDRs en cada instituto y facultad, en cada fábrica y abrir un amplio debate. Sólo así se podrá ampliar la base social e iniciar una república, que solo podrá ser obrera y popular, sólo así se hará temblar todas las instituciones del 78 y se las hará caer definitivamente.

No hay negociación con ERC y JxCat que haga ampliar la base social. Por el contrario, la hará aún más pequeña por su impotencia política y por la necesidad que tienen de “comer” de los presupuestos autonómicos. La estrategia política de los dirigentes de la CUP nos vuelve a llevar al camino de la impotencia y la “mano” tendida a Convergéncia. Volver a ver la foto de Fernández abrazando a Artur Mas.






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