Cultura

SEGUNDA GUERRA MUNDIAL

Cuando las tropas de Hitler asediaron Leningrado

El 22 de junio de 1941, la ya entonces burocratizada Unión Soviética logró repeler una embestida orquestada por el ejército Nazi. ¿A quiénes hay que agradecer esta derrota del fascismo?

Martes 8 de septiembre | 19:19

La Segunda Guerra Mundial fue una carnicería imperialista en la que las potencias mundiales se peleaban la hegemonía y el reparto de los territorios conquistados, así como la defensa de sus mercados, colonias y semicolonias. Todo esto usando a la clase obrera como carne cañón para ir a pelear en las sangrientas batallas “por la libertad y la defensa de la nación”.

En la Unión Soviética, tras la muerte del dirigente bolchevique, Vladimir Lenin, la casta burocrática stalinista se hizo con el poder y comenzó un período de retrocesos en las conquistas del pueblo ruso y de los soviets. La expresión de ello fueron las Purgas que organizó Stalin contra todos los opositores a la deformación de la URSS, y que trajeron como resultado los Juicios de Moscú, la persecución y el asesinato de los principales dirigentes del ejército rojo, los críticos del régimen y los líderes de la revolución de 1917 e incluso el exilio de los detractores del sistema como lo fue León Trotsky.

Todo esto en el intento por aniquilar la continuidad de la tradición revolucionaria y reducir las enormes tensiones y el riesgo de una revuelta social dentro de la URSS que fuera capaz de derribar a la burocracia y retornar a la democracia obrera.

Por otro lado, y con la intención de mantener la existencia “pacífica” de la URSS junto a las potencias imperialistas y dentro del error histórico y estratégico que representa la teoría del “socialismo en un solo país”, Stalin accedió a la firma del Tratado de no Agresión entre Alemania y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, (Pacto Ribbentrop-Mólotov), el 23 de agosto de 1939, nueve días antes de iniciarse la Segunda Guerra Mundial.

Finalmente y pese a los intereses que motivaron a la burocracia stalinista a pactar con el régimen Nazi, el trato fue roto el 22 de junio de 1941 cuando tres grupos del ejército alemán (norte hacia Leningrado, centro hacia Moscú y sur hacia Stalingrado) iniciaron una “guerra relámpago”, consistente en el avance veloz sobre el territorio soviético.

Hitler tenía conciencia de que para conquistar el dominio del “nuevo mundo” y doblegar tanto a los otros combatientes imperialistas (el bloque de “Los Aliados”), como para sofocar las posibles revueltas proletarias, era clave el someter a la Unión Soviética y hacerse con el control de sus recursos.

En ese sentido, lo que se buscaba con la ruptura del pacto de no agresión, era la imposición del dominio alemán en Europa como forma de rivalizar con Gran Bretaña y Estados Unidos por la hegemonía mundial.

Además, ¿qué mejor que reafirmar el poderío Nazi en el corazón de la revolución que llevó a las masas obreras al poder?

¿Quiénes fueron los héroes?

La invasión alemana tomó por sorpresa al gobierno de Stalin, quien desoyó las advertencias de sus espías e informantes. Con un Ejército Rojo desmoralizado y debilitado tras los Juicios de Moscú, el avance del enemigo fue veloz. Penetrando en pocos meses miles de kilómetros sobre las naciones bálticas, Bielorrusia y Ucrania hasta llegar a las puertas de Leningrado, Moscú y Stalingrado.

Iosif Stalin lanzó un mensaje radiofónico instando a la población a realizar la táctica de "tierra arrasada" (que consiste en quemar y destruir todo y emigrar para no dejarle nada a los invasores), y mudar parte de la industria pesada a los Urales.
En contraparte, la guerra relámpago se topó con la heroica resistencia de la clase obrera de las grandes ciudades.

El esfuerzo colectivo del pueblo soviético, en batalla donde murieron más de 3.000.000 de combatientes y en las fábricas donde se llevó a cabo la reconstrucción de aviones blindados y municiones, proceso en el que los obreros dejaron hasta la vida.

Se formaron milicias obreras en las ciudades donde los escombros de los bombardeos se conviertieron en fortalezas peleando metro a metro con escaso armamento pero con una moral inquebrantable. En los bosques y zonas difíciles las guerrillas atormentaban permanentemente a los regimientos alemanes.

La ciudad de Leningrado por ejemplo, sufrió un sitio de casi tres años en los que los soviéticos construyeron una intrincada defensa alrededor de la ciudad, camuflaron edificaciones históricas con redes que impedían determinar su perfil y aunque la hambruna no cedió en los 872 días que duró el sitio, los pobladores y el mando del ejército rojo se esforzaron para no morir en resistencia y construyeron incluso el llamado “Camino de la vida”, el cual si bien, aportaba escuálidamente provisiones y lograba sacar a algunos civiles de la ciudad, fue una muestra de la tenacidad del pueblo ruso que a diferencia de la burocracia de Stalin, estaba dejándose la piel en la defensa contra el fascismo.

La respuesta organizada del pueblo ruso frente al imperialismo Nazi es uno de los muchos ejemplos que la historia nos brinda para concluir que el factor decisivo para la resistencia y ofensiva contra los ataques reaccionarios, fascistas e imperialistas es la unificación del pueblo contra los invasores y contra las expresiones burocráticas y autoritarias que son una cadena de plomo para la conquista del poder por el proletariado.

Solo la unión efectiva de los sectores oprimidos y explotados bajo una dirección verdaderamente revolucionaria y democrática con la perspectiva de un socialismo internacionalista puede sacar avante los procesos de autodeterminación de la clase trabajadora.






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