Mundo Obrero México

OPINIÓN

Crisis política nacional y la irrupción del magisterio en la Ciudad de México

Con la imposición de la reforma “educativa“ como fondo y la cerrazón del gobierno a los reclamos de los trabajadores de la educación, las maestras y maestros ocupan hoy el centro de la escena nacional con el plantón frente a la Secretaría de Gobernación en la capital de México.

Martes 5 de junio | 16:58

La movilización del magisterio irrumpe en medio del hundimiento de un gobierno que expresa el fin de la hegemonía del PRI, y una importante pérdida de poder acompañado de un tremendo desprestigio.

Es el partido que por décadas decidió –bajo el autoritarismo de un fuerte presidencialismo– duros golpes contra los trabajadores y los derechos democráticos de la población, y que en las últimas décadas –acompañado del PAN y después del PRD– acabó por entregar al país al imperialismo estadounidense.

Por ello, el magisterio resistente irrumpe como un fuerte elemento de la crisis de representación de este régimen antidemocrático y antiobrero.

El rechazo al plantón y al paro indefinido del magisterio por la clase empresarial y por el candidato del PRI, señalándolos como portadores del “caos”, es en realidad el temor a la polarización como factor que irrumpe en las elecciones.

Y es que la CNTE llega a la Ciudad de México, cuestionando no solamente la mal llamada reforma educativa, sino también como expresión del descontento nacional de la población y de otras organizaciones que no cuentan con la fuerza que tiene la Coordinadora para movilizarse, pero que se expresan en los distintos conflictos que están surgiendo en varias partes del país.

Es la irrupción de la protesta ante un gobierno que, a nivel electoral, será echado masivamente del poder –salvo que medie una fraudulenta política entre el PRI y sectores oligárquicos–, en un probable proceso de extinción del tricolor (sería la segunda “extinción” de los dinosaurios).

Es un PRI-gobierno que, en caso de perder las elecciones, deberá andar un largo camino si quiere en un futuro repetir la hazaña de regresar al poder como cuando lo perdió en el 2000.

Y es que en los últimos años, acentuándose durante el gobierno de Peña Nieto –la ruptura con las masas de organizaciones representativas–, es decir, con las clases subalternas, ha sido escandalosa.

La sola candidatura de un funcionario neoliberal que no fuera identificado como miembro del PRI (y escondiendo los colores en la propaganda y en los actos proselitistas), da cuenta de la ruptura de ese partido –y por lo tanto de su crisis– con la sociedad.

Un cúmulo de factores de descomposición social (verdaderas tragedias nacionales), profundizadas con el descontento nacional surgido con la crisis de los normalistas asesinados (y los 43 desaparecidos), rodean este trágico fin del sexenio.

Así, la capacidad que tuvo en medio de su gran crisis, de imponer una serie de reformas lesivas a la población trabajadora, solo se explica por el fuerte apoyo que significó el Pacto por México, acordado con el PAN y el PRD.

Sin embargo, una vez terminado formalmente el Pacto por México, y sus partidos divididos y enfrentados en electoral, cada uno da cuenta de su real debilidad. No cuentan estos partidos con la seguridad de imponer por ahora, los escenarios contra las masas que lograron en el pasado.

Una favorable coyuntura para un triunfo de la CNTE

En el marco de crisis política nacional; de la probable pérdida de la Ciudad de México por el PRD; del aumento del desprestigio del gobierno y de régimen mismo -por ejemplo el fallo del tribunal en Tamaulipas contra la “verdad histórica” de la PGR y los casos de corrupción federal que siguen evidenciándose-, pero, sobre todo, por una coyuntura electoral que tiene a la defensiva al gobierno, la movilización magisterial tensa la cuerda de la política nacional.

Cuando se llevó a cabo el desalojo del plantón magisterial en el Zócalo capitalino en el 2013, el gobierno federal no parecía tan debilitado como ahora, además de que el apoyo de las organizaciones obreras y sociales fue insuficiente.

Cuando en el 2016, el magisterio tuvo que levantar el plantón, primero en Gobernación y después en “La Ciudadela”, el gobierno de la CDMX –pese al crecimiento inocultable de la seguridad y de la presencia del narcotráfico, además de la corrupción de funcionarios– el PRD y Mancera tenía una cierta fuerza relativa que hoy ha perdido (al grado de la candidata a jefa de gobierno por el sol azteca va abajo de la del Morena).

Si mencionamos arriba los elementos de crisis del gobierno y del régimen, y la debilidad de Peña Nieto para imponer una medida de fuerza que tendría consecuencias contradictorias para sus aspiraciones electorales (aunque realidad sus aspiraciones son no extinguirse), es porque dichos elementos juegan a favor de la movilización magisterial.

Sin embargo, esto no es en automático. La dirección de la CNTE debe mantener con todo la exigencia de la reapertura de la mesa de diálogo con el gobierno. La sola cerrazón a una mesa como ésta que por sí misma no garantiza la solución a las demandas magisteriales, motiva más aún a la base trabajadora a mantenerse esta actitud combativa.

Por lo que el magisterio tendría que contar también con el apoyo efectivo –y no solamente declarativo o mediático– de las organizaciones que se reclaman democráticas y anti neoliberales para actuar como uno solo en esta lucha, que si bien la encabeza el magisterio disidente, expresa el rechazo a sus condiciones de vida de millones de trabajadores.

En esta visión algunas organizaciones sociales ya se han movilizado en apoyo al magisterio resistente y combativo. Sin embargo, sigue siendo insuficiente.

Cuando el enemigo se muestra fuerte son entendibles las retiradas tácticas y la acumulación de fuerzas para reorganizarse y vencer. Pero hoy la CNTE tiene autoridad moral para convocar –por fuera de la política electoral– a todas las organizaciones sindicales, sociales, campesinas y políticas, a sumarse su lucha y fortalecer el plantón.

Un frente único combativo donde las demandas justas de la CNTE encabecen un Plan Nacional de Lucha que eche abajo las reformas estructurales y la entrega del país al imperialismo que encadena a los trabajadores a los planes económicos, políticos y diplomáticos de los Estados Unidos.






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