Política México

PANORAMA POLÍTICO

Crisis migratoria y firma del T-MEC enmarcan asunción del presidente López Obrador

Según una encuesta de El Financiero, López Obrador asume el poder con 66% de aprobación de su desempeño durante la transición. La consulta sobre el nuevo aeropuerto, el silencio ante la represión a los migrantes en la frontera norte y sus acercamientos a renombrados empresarios marcaron su transición, entre otros hechos.

Bárbara Funes

México D.F |

Sábado 1ro de diciembre | 14:37

Llegó el día en que López Obrador iniciará su administración como presidente de México. Lo nombran como “izquierda” o “izquierda institucional” los grandes medios masivos de comunicación, en una operación ideológico-política que nada tiene de ingenuidad.

Hace seis meses, en julio pasado, el hoy presidente de México obtuvo alrededor del 53% de los votos (más de 30 millones), una jornada electoral que lo posicionó como el mandatario mayor respaldo de la historia de México.

La investidura del líder del Morena (partido Movimiento Regeneración Nacional) parece ir a contramano ante un giro hacia la derecha en las presidencias latinoamericanas, cuya máxima expresión es el triunfo de Jair Bolsonaro.

López Obrador canalizó el descontento y el desgaste de los partidos patronales tradicionales –el PRI, el PAN y el PRD– con una retórica progresista cuyo eje es la lucha contra la corrupción, que muestra sus primeras fisuras ante acciones de la transición como el mantenimiento de la militarización incluida en el Plan de Seguridad de López Obrador, o las consultas que excluyen a los pobladores de los lugares donde se planifican la construcción de megaproyectos como el tren maya.

No obstante, gestos como dejar de lado el Estado Mayor Presidencial, que tenía la función de custodiar al presidente en funciones, o abrir al público Los Pinos como espacio cultural –hasta ahora la residencia oficial, 14 veces más grande que la Casa Blanca– dan ilusiones de cambio a las grandes mayorías.

López Obrador presenta su mandato como la Cuarta Transformación, que gobernará para los ricos y para los pobres, y tiene como referentes históricos a Benito Juárez -el líder liberal del siglo XIX que protagonizó los primeros pasos de la Constitución de México como estado-nación y que reprimió brutalmente las protestas obreras y campesinas–, Francisco I. Madero -líder de la disidencia burguesa durante la Revolución Mexicana, del que se distanció Emiliano Zapata– y Lázaro Cárdenas –el presidente que llevó a cabo la expropiación petrolera y que subordinó los sindicatos al Estado.

De la ceremonia de toma de protesta, participan presidentes odiados por sus pueblos, como Juan Orlando Hernández, de Honduras, representantes del imperialismo estadounidense como la hija predilecta de Donald Trump, Ivanka, y la realeza rancia encarnada en el rey Felipe VI, profundamente cuestionado por la juventud que quiere terminar con la monarquía.

Incertidumbre económica generada por factores internos –como la consulta por el nuevo aeropuerto y la polémica en torno a la legislación sobre las comisiones bancarias– y externos, y una crisis migratoria que promete profundizarse a pesar de las crudas imágenes de mujeres y niños gaseados en la frontera norte, con la reciente firma del T-MEC por Trump, Trudeau y el expresidente de México Peña Nieto –que podría dar cierta estabilidad– son los hechos que marcarán los primeros pasos del presidente López Obrador.

El nuevo mandatario se postula como el gran conciliador nacional de intereses irreconciliables: una vida digna para las mayorías y la insaciable sed de ganancia de los empresarios, a la sombra del imperialismo estadounidense.

Es necesario que los trabajadores, las mujeres, la juventud y el conjunto de los sectores oprimidos luchen por sus derechos de forma independiente de los partidos del congreso, las instituciones y el nuevo gobierno.






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