Política Chile

LA HAYA

Contra el nacionalismo oportunista de Piñera y Morales

Hoy, 1 de octubre se conocerá finalmente el fallo de la Corte Internacional de Justicia de La Haya en el caso que obligaría de manera inapelable a los Estados de Chile y Bolivia a negociar una salida soberana al océano pacífico para Bolivia.

Juan Andres Vega

Militante VENCER

Lunes 1ro de octubre | 07:25

Antecedentes históricos del conflicto

En febrero de 1879, el ejército chileno ocupó la entonces provincia boliviana de Antofagasta, un mes después se iniciaron las acciones militares con la ocupación de lo que hoy es Calama. De aquí se desarrollaría la mayor expansión territorial que ha vivido nuestro país: La Guerra del Pacífico. Cuyas mayores consecuencias serían la conquista de todo el territorio del norte chileno que va desde la región de Antofagasta hasta la región de Arica y Parinacota y el aislamiento de Bolivia de sus territorios marítimos.

Sin embargo, la guerra no es una cosa que se explica por sí misma, sino que la guerra es la continuación de la política por otros medios - a saber: la violencia -, según el reconocido estratega prusiano general Karl Von Clausewitz. Por lo tanto, hay que preguntarnos ¿cuál fue la política chilena en ese entonces? Por un lado, entrando en el último cuarto del siglo XIX, las jóvenes repúblicas sudamericanas competían por hacerse un espacio en un mercado mundial que comienza a ser dominado por las potencias capitalistas de Estados Unidos, Francia e Inglaterra, con la contradicción de origen de los empresarios locales de ser dependientes del capital y la inversión de estas grandes potencias . Por el otro, el incipiente surgimiento de un empresariado minero en Chile (potenciado por el descubrimiento de grandes yacimientos de plata en Copiapó) comienza a fijar sus ojos en los yacimientos de salitre en territorio boliviano (Antofagasta) y peruano (Iquique y Arica), el cual comienza a ser llamado “el oro blanco” debido a su rol básico en la producción de pólvora y de fertilizantes.

En ese marco es que, ante la subida de impuesto a los exportadores de salitre por parte de Bolivia a las mineras chilenas, y con el patrocinio del Reino Unido, el empresariado chileno decide impulsar una campaña a favor de la guerra que terminaría desembocando en una guerra expansiva y de conquista que duraría cuatro años, pero cuyas consecuencias permanecen hasta el día de hoy y cuyo recuerdo sigue llenando de un orgullo hipócrita a los nacionalistas de turno.

El oportunismo nacionalista: la unidad nacional

Desde entonces, el así llamado “deferendo marítimo” ha sido la carta bajo la manga de los gobernantes trasandinos en momentos de baja popularidad o, en el caso de Morales, el punto “caliente” en su agenda internacional que le sirve para alinear tras de sí a todas la fuerzas políticas e imponer la unidad nacional de las clases oprimidas y explotadas con las dominantes para defender la legítima aspiración de la población boliviana de retornar al pacífico.

Como el astro gemelo de los gobernantes bolivianos, sus pares chilenos han utilizado el mismo discurso nacionalista de defender la “integridad territorial” del país, de “no ceder ni un centímetro de soberanía”, de la “unidad nacional” para defender la “soberanía de Chile”. Pero detengámonos un momento en esto ¿Cuál es esta supuesta soberanía que tiene Chile? ¿O cualquier otro país?.

Desde la caídas de las monarquías feudales, la instalación de los Estados Modernos, la creación del mercado mundial y la globalización del intercambio la así llamada “soberanía nacional” no es más que la soberanía de un puñado de empresarios que se reserva los derechos de explotación y opresión de una porción de la población humana de determinada porción terrestre. Porque si no ¿por qué los gobernantes no se hinchan de orgullo patriótico cuando los capitales imperialistas de Estado Unidos saquea en completa impunidad nuestros recursos naturales? Sin embargo es necesario aclarar que desde la perspectiva de la población trabajadora, el nacionalismo tiene dos caras: Por un lado, la defensa de los intereses de la clase explotadora, poseedora de los medios de producción, por ejemplo el mar cuya explotación de recursos, según la legislación actual, está garantizada a perpetuidad a siete familias. Por otro, la defensa de aquellos intereses que se presumen generales, por ejemplo, en el caso de la nacionalización de los recursos naturales, para financiar salud, educación y pensiones.

A los trabajadores/as, estudiantes y pobladores: ¡Ni un apoyo al gobierno de Piñera! Que mientras llama a la unidad nacional y la defensa de los intereses de “Chile”, aumenta la represión al pueblo mapuche, a Quintero, a los/las estudiantes secundarias, se niega a entregar el derecho al aborto a miles de mujeres, defiende a los genocidas de la dictadura y mantiene la explotación de nuestros recursos naturales en las garras del imperialismo norteamericano.

Sin embargo, no hay que perderse, hay ciertos grupos de izquierda, incluido el Frente Amplio, que sostienen la vieja teoría estalinista que ante el imperialismo norteamericano es necesario apoyar los gobiernos “nacional-populares”, al decir de la expresidenta argentina, como el de Maduro o el de Morales, sin distinguir su calidad de gobiernos que insisten en mostrarse “por encima” de las clases (fenómeno conocido como bonapartismo), lo que en última instancia es servil a las burguesías locales, que pueden boicotear gobiernos a placer, haciendo que la crisis la sufra la mayoría trabajadora, por tanto ¡Todo el apoyo a las/ los trabajadores y las/los campesinos bolivianos! Que viven diariamente la misma explotación y la misma opresión que en Chile ¡Abajo el discurso nacionalista de Evo Morales! ¡Ninguna confianza al gobierno bonapartista boliviano!.

Las aspiraciones más profundas y sentidas por partes de los distintos pueblos sudamericanos no podrán ser resueltas por medios formales al servicios de los grandes poderes como La Haya, ni tampoco por diálogos bilaterales de gobiernos empresariales, sino que por la acción conjunta y mancomunada de las mayorías trabajadoras, parafraseando a uno de los fundadores del socialismo científico ¡Proletarios/as de sudamérica: Uníos!






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