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Conacyt, ciencia y los escándalos del poder

En las últimas semanas el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) se ha visto inmerso en una ola de escándalos, lo que ha provocado fuertes debates entorno a cómo se maneja la ciencia en México y al mismo tiempo, salieron a relucir prejuicios que son la cara visible de posiciones políticas en pugna.

Jueves 14 de febrero | 23:18

Recordemos que hace unos días, el periódico El Universal, dio a conocer que David Alexir Ledesma ocupaba el puesto de subdirector y coordinador de comunicación e información estratégica del Conacyt. En la nota, además de dar la trayectoria académica (se encuentra cursando el tercer semestre de la carrera de comunicación) y laboral (resalta haber sido colaborador de la política Dolores Padierna) se mencionó que percibía un sueldo mensual de 44 mil pesos.

Las críticas de varios sectores no se hicieron esperar, en la mayoría de los casos se señalaba su falta de preparación y perfil para un puesto de esas características. Al mismo tiempo, Ledesma fue atacado a nivel personal, exhibiendo información intima y teniendo como colofón racismo, xenofobia, etc. A los pocos días de estos hechos, David Alexir Ledesma presentó su renuncia.

Unos días después, otro escándalo sacudió al Conacyt. La diseñadora de modas Edith Arrieta Meza fue nombrada como la Secretaria Ejecutiva de la Comisión Intersecretarial de Bioseguridad de los Organismos Genéticamente Modificados. Por supuesto, las críticas llegaron causando que el Conacyt la removiera de su cargo.

Por último y más grave, el vocero de la presidencia Jesús Ramírez denunció que vía el Conacyt se firmaron contratos, concesiones y becas irregulares por un monto aproximado de 7 mil 670 millones de pesos, indicando un posible caso de desvió de recursos.

Existen varios puntos que hay que señalar. Por las designaciones, en el sistema político mexicano, el amiguismo, compadrazgo y el posicionamiento de personas afines en cargos públicos es práctica común. Por supuesto que es incorrecto y se debe denunciar, aquí lo que sale a la luz es que el gobierno de Morena repite las mismas prácticas que criticaba en campaña.

No sólo es un problema de perfil profesional, sino que es una política de desprecio por la ciencia de un país, ya que colocar a personas que no tienen ningún conocimiento y experiencia en política científica es pagar favores otorgando puestos a los “leales” aunque sus resultados vayan a ser nulos. Ojo, lo anterior no justifica de ninguna forma los ataques racistas, clasistas y xenófobos del que han sido objeto, por el contrario, se deben condenar enérgicamente.

En otro sentido, también se vuelve visible que el ser científico no implica necesariamente ser un buen administrador público y al mismo tiempo, vuelve a poner en evidencia la antidemocracia de la organización de la investigación científica en México. Porque la designación de forma discrecional a ciertos individuos en algún cargo, es precisamente posible porque todo el poder recae sobre unos cuantos funcionarios y funcionarias, que al no tener obligación de consultar y sujetarse a las opiniones de la comunidad pueden (y lo hacen) decidir según los intereses que defiendan.

En resumen, no es el nepotismo de una funcionaria en específico solamente, el problema radica en la estructura misma del Conacyt y el gobierno.

El segundo problema es sumamente grave por la cantidad de dinero público que se ve involucrado. Pero como antes, debemos hacer varias acotaciones. Para nadie es una sorpresa que el Conacyt financia a empresas privadas, bajo la bandera de “colaboración”. El problema es que todo el conocimiento generado con recursos públicos es apropiado para fines privados, no reportando ningún beneficio para el pueblo trabajador.

Antes estos hechos, López Obrador dijo que la campaña contra el Conacyt se debe a que se afecto a la “mafia de la ciencia”, retirando cotos de poder y privilegios económicos. Si bien es cierto, que dentro del Conacyt existen grupos de poder que determinan que es “ciencia” y que no es “ciencia”, lo que implica otorgar o retirar apoyo financiero y la enorme opacidad con la que se maneja el gasto público, también es verdad que el presidente no esta poniendo en cuestión la estructura del poder, sino simplemente promueve un cambió de directivos y apelando a su sentido “moral”, dejando intocada la forma antidemocrática en que se toman decisiones.

Por último, esta denuncia de desvío de recursos de parte de la presidencia parece tomar el mismo rumbo que otras denuncias sobre corrupción, quedándose a nivel discursivo, sin que se juzgue y sancione a los responsables, pero cuando decimos responsables, no nos referimos a mandos medios, sino a los mandos superiores del gobierno anterior quienes fraguaron todo el saqueo.

Entonces, mientras AMLO no castigue a los culpables y siga garantizando impunidad, las denuncias sólo quedan a nivel mediático, como grandes llamaradas pero en el fondo no resuelven los problemas más sentidos por las grandes mayorías.

La salida es que el control del Conacyt y de toda la política científica del país sea manejada democráticamente por todos los involucrados: científicos, trabajadores, estudiantes. Así, se podrían definir líneas de investigación que beneficiaran a la mayoría y no a unas cuantas empresas privadas. Asimismo, se podrían eliminar los enormes privilegios que goza la alta burocracia y repartir el dinero para crear condiciones dignas de investigación.






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