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TERREMOTO

Con pandemia al alza, claves del sismo que hizo temblar a México

Fue de 7.5, en la mañana, con epicentro en Oaxaca, en el sur de México. El saldo preliminar es de 5 personas fallecidas, uno de ellos trabajador de Pemex y otro, obrero de la construcción. En el estado sureño hubo 7 hospitales con afectaciones, algunos de ellos con pacientes covid-19.

Martes 23 de junio | 22:26

El sismo se registró este martes 23 kilómetros al sur del municipio de Crucecita, en el estado de Oaxaca. Además de esta entidad, se percibió en otros nueve estados del país, entre ellas la Ciudad de México, Morelos, Querétaro, Jalisco, Tabasco, Puebla, Estado de México, Veracruz y Guerrero.

Van más de 653 réplicas y se dio alerta de tsunami para la costa mexicana, hondureña y guatemalteca, aunque luego se retiró.

Daños en Oaxaca

Fue el estado más castigado. Hubo daño en infraestructura como carreteras y hospitales. En el más cercano al epicentro, el Hospital Comunitario de Santa María Huatulco, se registró la caída de la barda perimetral y la caída y cuarteadura del techo en interiores, lo cual derivó en la evacuación de tres pacientes hospitalizados.

Sufrieron daños también los hospitales generales de Pochutla, Puerto Escondido y Pinotepa Nacional; así como en los hospitales comunitarios de Santa Catarina Juquila, Santa María Huatulco, Río Grande y Santos Reyes Nopala.

Ciudad de México

En la capital, hubo edificios resentidos desde los sismos de 2017 que presentan daños. Pero al menos un edificio en la alcaldía Gustavo Madero tuvo que ser desalojado y hubo 36 edificios con reporte de daños, según las autoridades.

Las características del suelo de la Ciudad de México hacen que en muchas zonas de la capital se sienten con particular intensidad, ya que gran parte de la urbe está edificada sobre un lago desecado.

Según el Centro Nacional de Prevención de Desastres (Cenapred), los rellenos del lago son ricos en sedimentos, como los del centro y los de transición que están en las orillas de las laderas de la Sierra de Santa Catarina, son más propensos a agrietarse y, por tanto, sus construcciones tienen riesgo de sufrir daños ante un sismo.

Según la jefa de gobierno, Claudia Sheinbaum, el sistema de alerta sísmica funcionó al 97.5%. Pero en varias zonas de la ciudad se reportaron fallas, como en Tlatelolco, cerca del centro histórico, en Nápoles, centro poniente de la ciudad, y al sur, en San Pedro Totoltepec. Donde no suena la alarma, no se llega a salir de los edificios antes de que las ondas sísmicas golpeen.

Momentos de incertidumbre

Durante el temblor, la gente salió de sus casas, de los centros de trabajo que están funcionando en el medio de la pandemia -como calls centers, la mayoría no esenciales- y hasta varios hospitales fueron evacuados. Con el apuro, muchos cubrebocas quedaron olvidados, cuando la curva de la pandemia está lejos de aplanarse y se multiplican los contagios.

El sismo de este martes provocó crisis nerviosas y los recuerdos de los temblores de 2017, cuando más de 350 personas perdieron la vida, miles resultaron heridas y otras miles quedaron sin hogar, muchas de las cuales aún siguen sin vivienda.

El gobierno: paños fríos ante el sismo

El presidente López Obrador declaró que no se produjeron daños materiales graves en instalaciones estratégicas como puertos, aeropuertos o hidroeléctricas. Pero en la refinería de Pemex ubicada en Salina Cruz, en Oaxaca, hubo un principio de incendio, y un trabajador falleció.

Sin embargo, en un país que registra alta sismicidad -por la confluencia de varias placas tectónicas en su territorio- el riesgo que conllevan los temblores se agudiza ante la crisis de vivienda evidenciado claramente con los terremotos de 2017. Los daños potenciales sobre la infraestructura hospitalaria constituyen una amenaza también por la desinversión de décadas en el sector salud.

Malos materiales de construcción, técnicas no aptas para sismos -con todo tipo de facilidades para que constructoras e inmobiliarias se enriquezcan a costa de poner en riesgo la vida de millones- y la precariedad estructural en la que vive más de la mitad de la población -sin acceso a servicios básicos o con déficit de los mismos, hacinamiento-, combinado con la pandemia, constituyen una bomba de tiempo.






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