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Comienza la campaña electoral en Cataluña con todo por definir

Tras una precampaña de largo aliento, todas las fuerzas se lanzan a conquistar el voto hacia las elecciones del 21 de diciembre. Las encuestas dan todo tipo de resultados.

Guillermo Ferrari

Barcelona | @LLegui1968

Martes 5 de diciembre

Apenas acabado un lunes movido se abre paso la campaña electoral con el 21D en la vista de todos. Y con los últimos dos meses convulsos que se han vivido en Cataluña. El juez Llerena mantuvo la prisión provisional a Jordi Sánchez, Jordi Cuixart, Junqueras y Forn, mientras permitió la salida del resto de los consellers previo pago de 100.000€ por cabeza. Puigdemont, autoexiliado en Bruselas, aún sigue pendiente de la resolución del magistrado Belga.

Elecciones legales, quizás. Normales, no

Estas elecciones como sabemos no son “normales” de manera alguna. Convocadas gracias a la “democracia blindada del 155” que impone el Partido Popular con el apoyo del Partido Socialista (PSOE) y Ciudadanos. Unas elecciones marcadas por el encarcelamiento de medio Govern catalán y "los Jordis". Unas elecciones con un poder judicial y miles de policías identificando a los líderes de las grandes jornadas de movilización popular del 1O, el 3O, el 8N y de los Comités de Defensa de la República (CDR). Unas elecciones que muchos sectores ven como una forma de enfrentar el reaccionario artículo 155 que garantiza la opresión del estado central. Unas elecciones de todo, menos “normales”.

Para Rajoy es normal cesar al Govern de la Generalitat. Seguramente es normal dirigir Cataluña desde Madrid y pedir que la documentación vaya toda en castellano. La normalidad de Rajoy (del PSOE y Ciudadanos) es la de recentralizar el poder político, homogeneizar la realidad cultural pasando un rodillo españolista por el Principado. Sin embargo, no es claro que el rodillo pinte bien, ni que la pintura agarre bien en la pared.

Durante toda la precampaña hasta del día de la aparición de la encuesta del CIS hemos visto todo tipo de vaticinios. Se repetía en casi todos la victoria de Esquerra Republicana (ERC) aunque con diferentes resultados. Que si hay mayoría “independentista”, que si la hay para un nuevo “Tripartit”, que si ganan los “recentralizadores”. Que la llave la tienen los Comunes, o el PSC o los independentistas de la CUP. Si estas encuestas tienen algo de fiar, es que hay una fluidez importante.

Dos meses convulsos

La experiencia realizada por el pueblo catalán desde el 20S a esta parte ha dejado huella y se está digiriendo aún. No se puede olvidar que luego del 27O el Govern se borró de su posición de mando por decisión propia. Se declaró una República que el Govern no preparó (recordar las estructuras de Estado). Luego del 27O no hubo un solo decreto para forjar la naciente República, ninguna acción de gobierno. Junts pel Sí sembró el desgobierno.

Ante la desbandada de Junts pel Sí, el Gobierno de Rajoy y las reaccionarias instituciones de ésta “democracia para ricos” profundizaron la ofensiva del 155. La Judicatura está demostrando por cual pierna cojea. Ha llegado a prohibir lazos amarillos y la iluminación del mismo color en los edificios públicos puesto que eso sería proselitismo encubierto. Sin embargo, la judicatura permite que grupos fascistas puedan manifestarse ante la sede de la CUP.

Retomar la lucha por la República

El mensaje que están enviando los principales dirigentes de Junts per Catalunya y de ERC es que no estábamos preparados para la República, que esto hay que hacerlo más despacio. De la DUI ni rastros. El 27O fue el fracaso del llamado ’procés’. Declararon una República que no quisieron. Y, ahora vienen con el cuento de que fueron muy rápido. Pero si el 26O, Puigdemont y sus consellers estuvieron negociando con Rajoy la convocatoria de las elecciones.

Lamentablemente, la CUP continúa a la zaga del procesisme. Los resultados de esta estrategia han quedado muy claros en el estrepitoso fracaso del Govern de Junts pel Sí. Aún así, la formación anticapitalista continúa en el mismo camino con la propuesta de un programa mínimo de tres puntos que permita construir la República, iniciar un proceso constituyente y exigir la libertad de los presos políticos.

Si la CUP quiere luchar por la República debe apoyarse en los CDRs, en las decenas de miles que cortaron las carreteras el 8N, en los millones que pararon y se movilizaron el 3O y en esos dos millones de personas que el 1O pusieron el cuerpo ante la policía para defender su derecho a votar. Es decir, debe romper con la dirección burguesa del "procesime". Deberá buscar los apoyos de los trabajadores y el pueblo. La República no se hará efectiva a través de declaraciones vacías como las del 27O.

Las elecciones del 21D tendrán su importancia para las masas catalanas, claro está. Sin embargo, no lo son tanto como sí lo fueron las jornadas de luchas y huelgas de los últimos tiempos. Rajoy dejó claro que si ganan las fuerzas independentistas, deberán gobernar acorde a la ley y al Virreinato del 155. Es decir, que abandonar la Declaración Unilateral de Independencia y aceptar la aplicación del 155 como hicieron todos los integrantes del Govern de Puigdemont es un fracaso total y estrepitoso.

Para la izquierda independentista se trata de iniciar un camino que permita sumar a los trabajadores y el pueblo por la causa de la República catalana. Y, para ello es esencial apoyar las reivindicaciones de los trabajadores, impulsarlas, levantar un programa que ataque el paro, la precariedad laboral, el chantaje de las empresas catalanas que se van; un programa democrático que denuncie al régimen del 78 y esa casta de jueces heredadas directamente del franquismo, al igual que las fuerzas represivas y policiales.

Ha quedado claro que no es posible negociar con Madrid el referéndum. Ha quedado claro que el PDeCAT y Esquerra Republicana no quisieron impulsar la República. Sólo a través de la movilización social y de los trabajadores se podrán dar pasos reales para impulsar una república catalana de los trabajadores y el pueblo. Haciendo volar los candados del 78 en todo el Estado y abriendo un período constituyente en la perspectiva de una federación libre y voluntaria de los trabajadores y los pueblo de toda la península.

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