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China como país acreedor ante la crisis económica

Los países más pobres no pueden pagar deudas de miles de millones. Riesgo de cesación de pagos. Renegociar o condonar las deudas no es una opción para el gobierno de Xi Jingping, negarse debilita a China como actor en el concierto internacional de naciones. Otra consecuencia de la pandemia en el terreno económico y geopolítico.

Bárbara Funes

México D.F | @BrbaraFunes3

Martes 19 de mayo

Imagen: Puerto Hambantota, Sri Lanka / Bilaterals.org

Pakistán, Sri Lanka, Kirguistán y varios países africanos piden reestructurar sus deudas de miles de millones de dólares ante la parálisis productiva que provocó la pandemia.

El proyecto de China de convertirse en el principal banquero del mundo se tambalea. Realizó préstamos a numerosos países durante los últimos veinte años, como parte de su política para disputarle la hegemonía al imperialismo estadounidense. Los gobiernos pusieron como garantías para esos créditos distintos activos estratégicos, como puertos, carreteras y vías férreas.

El gobierno chino está ante un panorama muy complejo. Por un lado, si reestructura las deudas públicas de otros gobiernos o las condona, provocaría una crisis de su sistema financiero y afectaría sus finanzas públicas, en el marco de que ante la pandemia la paralización de la industria en los meses previos, llevó a un alza del desempleo y un aumento de la explotación.

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Por otro lado, si el gobierno de Xi Jinping exige el reembolso cuando muchos gobiernos cuestionaron su manejo de la pandemia, por minimizar la aparición del nuevo virus en enero, sus sueños de disputar el rol de potencia hegemónica mundial se verían truncados.

Según Andrew Small, investigador principal del German Marshall Fund, en caso de que China tome los activos que fungen como garantías de los préstamos, dejaría a los países deudores en una situación muy delicada.

El gobierno chino dona cubrebocas y equipos de protección personal -que en algunos casos compró a otros países que los producen, como México- para mejorar su imagen, pero la crisis de las deudas puede tirar por la borda estos intentos.

De acuerdo con el Instituto Kiel, un grupo de investigación alemán, los préstamos de China al mundo en desarrollo ascienden a 520.000 millones de dólares o más, lo cual transforma al gigante asiático en un acreedor más grande que el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional.

La expansión de la Iniciativa del Cinturón y Ruta de la Seda, en la cual el presidente Xi Jinping invirtió 1 billón de dólares para financiar proyectos de infraestructura en Asia, Europa del Este y Centroamérica, entre otras regiones del globo, puede transformarse en un elemento más que desestabilice al gobierno chino, ya la mitad de los países que recibieron créditos son considerados deudores de alto riesgo.

Renegociación y rapiña

Las autoridades chinas rechazan la condonación masiva de deudas, pero manifestaron disposición a renegociar los plazos de pago. En abril, el gobierno de Kirguistán informó que pactó con China reprogramar 1,700 millones de dólares de pagos de la deuda.

Según declaraciones al Global Times de Song Wei, un funcionario del Ministerio de Comercio Chino, el gobierno chino puede colaborar con los países en problemas “dando vida” a los proyectos financiados por los créditos chinos a cambio de obtener beneficios.

Con una perspectiva de crecimiento de apenas 1%, el panorama económico de China es complejo. Mientras exportó capitales a través de bancos y empresas, previo a la pandemia su sistema financiero ya estaba presionado por las deudas de las empresas estatales y los gobiernos locales. Al mismo tiempo, su población sigue teniendo ingresos inferiores a la cuarta parte de los de los países ricos.

Los créditos que repartió entre distintos países con frecuencia ostentan tasas de interés más altas y vencimientos más cortos aún que los que otorgan los organismos usureros como el Banco Mundial. Los refinanciamientos se pactan cada dos años y toman como garantía activos estratégicos de infraestructura.

El nivel de la deuda de varios países se ha incrementado: Djibouti debe a China más de 80% de su PIB, Etiopía 20% y Kirguistán 40%. El riesgo de que varios países entren en cesación de pagos es una posibilidad muy real. Antes de la pandemia, el gobierno chino arrendó un puerto marítimo estratégico, el Hambantota, en Sri Lanka, bajo condiciones leoninas.

Aunque el G20 anunció en abril que se congelarían todos los pagos de la deuda de los países más pobres del mundo hasta el final del año, la medida no opera sobre los créditos emitidos por el Banco de Exportación e Importación de China, la institución financiera que hasta 2019 estaba financiando 1,800 proyectos por un valor de al menos 149 mil millones de dólares.

Existe la posibilidad de que, en el contexto de la pandemia, las naciones deudoras se agrupen para negociar con el gobierno chino, y den a conocer pública el monto, los términos y las condiciones de los créditos que adquirieron.

Esta crisis de las deudas públicas se combina con la crisis de las deudas corporativas, otra bomba de tiempo en la crisis actual. Este contexto desdibuja el rol de China como motor de la economía mundial, sobre todo teniendo en cuenta la ruptura de las cadenas de valor, ya que los ritmos de la expansión de la pandemia desincronizaron la producción internacional y este contexto de incertidumbre pesa también sobre la internacionalización de capitales.

Condonar las deudas y golpear las finanzas públicas puede agudizar la crisis doméstica del gobierno chino. Avanzar sobre la soberanía de los países deudores puede generar, como mínimo, disputas geopolíticas, y como máximo, protestas de los pueblos afectados, contra sus propios gobiernos y contra los capitales chinos.

Otro frente abierto es el nivel de deuda de EE.UU., cuyo volumen ascendía, hasta septiembre de 2019, a unos 19 billones de dólares, de los cuales 35.7% está en manos de otros países. China y Japón son los principales acreedores, pero en el marco de las tensiones comerciales entre Trump y Xi Ping, el gobierno chino disminuyó en 5.7% su cartera de bonos estadounidenses. No puede descartarse que, en caso de endurecerse las negociaciones, venda más deuda.

Las crisis de las deudas -independientemente de quiénes sean los acreedores- sólo significan para las mayorías más recortes al gasto social y peores condiciones de vida. En esta crisis la única certeza -evidenciada con la parálisis de la producción durante la pandemia- es que las trabajadoras y los trabajadores en todos los rincones del mundo son los únicos creadores de riqueza. Sus acciones o su inacción definirán si los golpes que preparan los organismos internacionales y los gobiernos contra las mayorías pasarán o no.

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