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Catalunya, el 10N y la incomodidad de Anticapitalistas

Anticapitalistas acaba de hacer público, a cinco días de las elecciones, su llamamiento a un “voto crítico” a Unidas Podemos el 10N. La tardanza en expresar su posición, así como las declaraciones contradictorias de algunos de sus referentes, expresan la incomodidad de seguir siendo parte de un partido cada vez más integrado al régimen político español.

Diego Lotito

@diegolotito

Jueves 7 de noviembre | 19:07

Pabo Iglesias y Teresa Rodríguez. Foto de archivo

La persistencia de la cuestión nacional catalana y la infame sentencia del procés, que ha desatado un nuevo levantamiento en Catalunya reprimido por la brutal actuación de la Policía Nacional, la Guardia Civil y los Mossos d’Esquadra, ha atravesado la campaña electoral hacia el 10N.

Todas las fuerzas políticas han tomado posición. El bloque monárquico del 155 lo ha hecho reafirmando su ofensiva reaccionaria contra las libertades democráticas y el derecho de autodeterminación del pueblo catalán. En este caso, comandado por Pedro Sánchez. Desde el PSOE, pasando por el PP y Ciudadanos, hasta la ultraderecha de Vox, las recetas se distribuyen en un arco que va desde la recuperación del delito de referéndum ilegal -como sostuvo Pedro Sánchez en el debate electoral-, hasta la suspensión de la autonomía catalana y la ilegalización de los partidos independentistas.

La posición de la izquierda neorreformista ante la represión en Catalunya, sin embargo, ha sido cualquier cosa menos “de izquierda”. Las declaraciones de dirigentes de Podemos, Izquierda Unida y Más País llamando a aceptar la sentencia del juicio al Procés, saludando la coordinación de la actuación policial y de la justicia, o condenando a la juventud catalana como hizo Alberto Garzón, han generado una profunda indignación.

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En ese marco Anticapitalistas, que sigue siendo una corriente interna de Podemos, ha sostenido una posición correcta junto al pueblo catalán, contra la represión y en defensa del derecho a decidir. En Madrid especialmente, han participado activamente de la plataforma Madrileñ@s por el Derecho a Decidir, que ha jugado un importante papel junto a otros colectivos -como la Coordinadora 25S, Referéndum UAM, la ANC Madrid o nuestra organización, la CRT-, en organizar contra la corriente la solidaridad con Catalunya.

En su comunicado publicado este martes, Anticapitalistas considera que “el gran movimiento democrático catalán no ha sido derrotado a pesar de los duros golpes propiciados por el Estado” y que, desde su punto de vista, “una de las tareas de la izquierda es continuar defendiendo el derecho a decidir del pueblo catalán, tanto dentro como fuera de Catalunya”. Y consideran que “es necesaria una alianza entre las clases trabajadoras del Estado para que los pueblos puedan decidir libremente y para que cualquier proceso emancipador signifique también una transformación profunda de las relaciones sociales de explotación y opresión”. En virtud de ello, seguirán “apoyando estas justas demandas y forjando alianzas tanto dentro como fuera de Catalunya en esa dirección” sostiene el comunicado.

En este mismo sentido se han pronunciado públicamente algunos de sus referentes, como Jaime Pastor o Brais Fernández, expresando duras críticas a la posición de Unidas Podemos ante la represión en Catalunya.

Pero a pesar de este posicionamiento, en Anticapitalistas reina la incomodidad. En primer lugar, por seguir siendo parte de un proyecto como Podemos, que a esta altura está jugando un papel de abierto sostén de un régimen represivo y que en la cuestión catalana ha mantenido una falsa equidistancia que en esencia le cede al patriotismo españolista. En segundo lugar, porque su actitud política hacia la formación morada, de la que siguen siendo parte y a la que llaman a votar “críticamente” este 10N, es diversa o incluso contradictoria en distintas partes del Estado.

Madrid y Andalucía: entre dos aguas

El comunicado de Anticapitalistas es crítico con Unidas Podemos. Le cuestiona haber permitido al PSOE “recuperar terreno social y electoral a pesar de todas sus miserias: su propuesta consiste en compartir responsabilidades de gobierno bajo el mando de una fuerza neoliberal, abandonando toda perspectiva anti-sistémica y constituyente”. También le reprocha gobernar con el PSOE en seis comunidades autónomas porque esto “anula la necesaria labor de oposición y alternativa que debería jugar en los territorios”, lo cual consideran “un giro estratégico totalmente erróneo”.

Para nosotros el “giro estratégico” de Unidas Podemos no es un fenómeno reciente. Antes bien, su proceso de socialdemocratización e integración al régimen español se encuentra, si no en su propio ADN, al menos claramente en su deriva inmediatamente posterior a las elecciones de 2015 y sus primeras “pruebas en el poder” en los llamados Ayuntamientos “del cambio”.

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Lo que es un hecho indiscutible es que en el último período esta integración ha dado un salto cualitativo. La actitud frente a la represión del Estado central en Catalunya no es un problema de declaraciones desafortunadas: es una ubicación consciente como la “pata izquierda” del régimen monárquico. Y si bien el comunicado de Anticapitalistas se pronuncia claramente contra la represión en Catalunya, no hace mención alguna a la vergonzosa actitud de Unidas Podemos. Hacerlo sería, por decirlo de algún modo, “nombrar la soga en la casa del ahorcado”. El problema es que en este caso sería su propia casa, porque Anticapitalistas se encuentra literalmente “entre dos aguas”.

Mientras en Madrid han optado por no hacer ningún tipo de campaña política hacia el 10N, en Andalucía sí que la han hecho… y en plena coordinación con la cúpula de Podemos. Hace pocos días Teresa Rodríguez, líder de Unidas Podemos en Andalucía y una de las principales referentes de Anticapitalistas, dijo durante un acto en Jerez de la Frontera que “Andalucía necesita que Pablo Iglesias sea el presidente del Gobierno de este país” y que el líder de Podemos es “el depositario de todas nuestras esperanzas el próximo 10N”. Y lo dijo nada menos que en un acto en el que Iglesias volvió con el relato de campaña que ya utilizó para el 28A: la reivindicación de la Constitución española, desgranando artículos “que no se cumplen” frente a lo que defienden “los que se llaman a sí mismos constitucionalistas”.

¿En qué sentido un líder reformista, burocrático, defensor de la Constitución del 78 y máximo exponente de una estrategia “totalmente errónea” puede ser “el depositario de todas nuestras esperanzas”? Francamente, creemos que en ninguno.

El voto crítico a UP y la lógica del “mal menor”

Anticapitalistas sostiene que el PSOE ha “abandonado los aspectos más progresistas de su programa social” -una visión demasiado concesiva a nuestro gusto, vista la dinámica social liberal que el PSOE ha adoptado hace ya varias décadas- y que esto era “una posición predecible en un partido que no es otra cosa que el gran pilar de un régimen caduco y decadente, incapaz de regenerarse y de mejorar las condiciones de vida de las clases trabajadoras.”

Pero a pesar de ello, a pesar de que la clave de la política de Unidas Podemos es lograr un gobierno con el PSOE, incluso “a pesar de las diferencias” con UP y de que consideran que “hace falta abrir un nuevo camino estratégico desde la izquierda a medio-largo plazo”, Anticapitalistas llama a votar críticamente a Unidas Podemos el 10N con el fundamento de que el “reforzamiento de la derecha o del PSOE significaría sin duda un fuerte retroceso y generaría más dificultades en la construcción de una fuerza popular anticapitalista”. Lo hace, además, sin aclarar si su posición de votar a favor de una posible investidura de Pedro Sánchez, como sostuvieron en varios momentos después del 28A, sigue en pie o no.

El problema es que este tipo de argumentación es el eje de la lógica del “mal menor”. Es justamente el fortalecimiento de Unidas Podemos, una mediación neorreformista que se propone gobernar con el PSOE y legitimar al reaccionario régimen monárquico hablando desde “la izquierda” lo que hace infinitamente más difícil “la construcción de una fuerza popular anticapitalista”.

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Decía el comunista italiano Antonio Gramsci que “el concepto de mal menor es uno de los más relativos. Enfrentados a un peligro mayor que el que antes era mayor, hay siempre un mal que es todavía menor, aunque sea mayor que el que antes era menor. Todo mal mayor se hace menor en relación con otro que es aún mayor, y así hasta el infinito. No se trata, pues, de otra cosa que de la forma que asume el proceso de adaptación a un movimiento regresivo, cuya evolución está dirigida por una fuerza eficiente, mientras que la fuerza antitética está resuelta a capitular progresivamente, a trechos cortos, y no de golpe, lo que contribuiría, por efecto psicológico condensado, a dar a luz a una fuerza contracorriente activa o, si ésta ya existiese, a reforzarla.” [Quaderno, 16 (XXII)].

¿Si tan predecible era que el PSOE iba a actuar como lo que es -un pilar del Régimen-, y UP insiste en que la única salida es gobernar con ellos, qué sentido tiene seguir apostando por el “mal menor”? ¿Por qué seguir adaptándose a un “movimiento regresivo”? ¿Por qué no plantear al menos una posición como la que levanta la CUP, que denuncia sin restricciones a ambos bloques del régimen monárquico y se niega a favorecer una salida por arriba a la crisis del régimen invistiendo al PSOE?

Cuando Anticapitalistas saluda en su comunicado la presentación de la candidatura de la CUP en Catalunya y considera que “su presencia en el Congreso sería un avance muy positivo para las fuerzas del anticapitalismo”, pero no llama a votarlos -en Catalunya, Anticapitalistes vota a En Comú Podem, donde también siguen integrados-, no hace más que un saludo formal y diplomático.

Una nueva hipótesis para la izquierda anticapitalista y una propuesta

El fracaso de la tentativa neorreformista encarnada en Unidas Podemos y sus confluencias plantea hace tiempo la necesidad de una nueva hipótesis para para la izquierda que se reivindica revolucionaria y anticapitalista. Anticapitalistas es consciente de esto. Por ello en su comunicado sostienen que “el anticapitalismo debe iniciar un profundo proceso de reflexión tras el 10 de noviembre, abordando estos retos de fondo en un contexto todavía incierto. Abordando también de forma honesta nuestras propias insuficiencias y errores: no basta con enunciar los ejes de la política revolucionaria, hace falta construir una fuerza política y social organizada a escala estatal capaz de hacerlos efectivos”.

Aunque tardía, no podemos más que coincidir con que tal reflexión es urgente. Porque efectivamente, no basta con enunciar un programa ni objetivos revolucionarios. Es necesario construir una fuerza material capaz de llevarlos a cabo. Y lo que se ha comprobado es que esta tarea no puede hacerse siendo parte de Podemos -ni tampoco haciendo seguidismo a las direcciones del procés catalán, como hemos debatido públicamente con los compañeros y compañeras de la CUP-. Si ser parte de Podemos hubiera servido para construir una fuerza revolucionaria superior, entonces se hubiera llegado en muchas mejores condiciones al último levantamiento catalán.

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Anticapitalistas aun no ha sacado todas las conclusiones de su integración en Podemos, que se mantiene mucho después de que el partido se haya convertido en instrumento de la gestión capitalista de las principales ciudades del Estado con los Ayuntamientos del cambio -entre los cuales se cuenta la experiencia de Cádiz y la alcaldía de “Kichi”, en la cual Anticapitalistas tienen una responsabilidad directa- y en un nuevo pilar de izquierda del régimen político.

En nuestra opinión, si la intervención en el terreno electoral, incluso la conquista de posiciones institucionales, no es pensada como una tribuna para la agitación extraparlamentaria y la organización de los volúmenes de fuerza necesarios para desarrollar la lucha de clases, toda posición conquistada termina siendo un peso muerto que opera en el sentido contrario.

Es con este sentido estratégico que desde la CRT, con nuestras humildes fuerzas, ya desde las pasadas elecciones del 28A y nuevamente para este 10N, planteamos desde las páginas de Izquierda Diario y Esquerra Diari que las fuerzas que se reivindican anticapitalistas, empezando por la CUP y Anticapitalistas, teníamos la oportunidad (y la responsabilidad) de dar un paso al frente llamando a poner en pie una izquierda anticapitalista y de independencia de clase en todo el Estado, que promoviese la autoorganización y movilización social.

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Esta perspectiva podría haberse expresado una candidatura en todo el Estado que se propusiera “dar una expresión política de clase y anticapitalista a quienes han hecho una amarga experiencia con el neorreformismo o la dirección procesista catalana”. Una candidatura que marcase una clara independencia de Unidos Podemos y su programa de reeditar un acuerdo con el PSOE, como también con la dirección del procés que quiere subordinar el derecho a decidir a una negociación con el Estado español.

Lamentablemente esta propuesta no tuvo éxito. Sin embargo, la presentación de la CUP a las elecciones generales ha sido en nuestra opinión un paso muy auspicioso en este sentido. Por ello, a pesar de nuestras diferencias, la CRT este 10N llama a un voto crítico a la CUP en Catalunya, entre otras razones, porque es hoy la única candidatura que plantea abiertamente que no se sumarán a ningún apoyo a la “pata izquierda” del régimen, el PSOE.

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Mientras que, en el resto del Estado, a falta de una alternativa politica de independencia de clase, estamos haciendo una campaña activa por el voto nulo en solidaridad con Catalunya.

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Pero la política no termina el 10N ni mucho menos. Continúa en un escenario en el que se combinan un nuevo ciclo de luchas a nivel internacional y las previsiones de una nueva crisis económica capitalista. Dos componentes que preanuncian un fuerte y seguro retorno de la lucha de clases, cómo ya estamos viendo en Chile, Ecuador, y antes anticipó Francia con los “chalecos amarillos”. La pregunta estratégica que debemos hacernos entonces es, ¿cómo se va a preparar la izquierda revolucionaria y rupturista para los próximos combates? Esta es la cuestión fundamental.

Por ello nos preguntamos y planteamos a las compañeras de Anticapitalistas, ¿por qué no abrir la reflexión audazmente, llamando a asambleas o comités comunes de todos los sectores de la izquierda rupturista que se propongan superar el fracaso del neorreformismo? Asambleas o comités que estén abiertos a la participación de todas las y los activistas de izquierda que pelean por el derecho democrático de la autodeterminación de los pueblos, a la juventud catalana y el sector del independentismo que ha hecho una experiencia con el “processime”, a quienes se sienten defraudados con la deriva que han tomado Podemos e Izquierda Unida, a las trabajadores y trabajadores de los sindicatos que se organizan contra la pasividad de las burocracias sindicales, a las compañeras del movimiento de mujeres que se plantan frente a los intentos de cooptación del PSOE, a la juventud que lucha contra el cambio climático, a las madres que luchan contra la represión, a las y los militantes del movimiento republicano de izquierda que no quieren seguir siendo súbditos de esta monarquía reaccionaria. Más allá de la forma que adopte el debate, este es el desafío y nada impide avanzar hacia ello, sólo la decisión política.

Desde la CRT, pondremos todos nuestros esfuerzos para construir una alternativa anticapitalista y de clase que plante cara al Régimen y levante un programa para que la crisis la paguen los capitalistas.






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