Política

TESTIMONIOS

Caso Maldonado: los testigos clave pusieron en jaque al Gobierno

Durante un mes ni el juez ni la fiscal tuvieron en cuenta sus testimonios. Por eso decidieron presentarse espontáneamente. ¿Macri, Bullrich y Noceti se quedan sin coartada?

Daniel Satur

@saturnetroc

Miércoles 6 de septiembre | Edición del día

Fotos Joaquín Díaz Reck

Esta semana pasó lo que el Gobierno intuía que iba a pasar pero no quería que pasara. Un grupo de testigos clave, integrantes de la comunidad mapuche perseguida y reprimida sistemáticamente por el Estado y los terratenientes, se presentó a declarar de forma espontánea en el Juzgado Federal de Esquel.

Allí, frente al mismísimo juez Guido Otranto, Soraya Maicoño, Nery Garay, Matías Santana y una cuarta persona de quien se preserva la identidad relataron, con detalle, lo que vivieron entre las tardes del 31 de julio y del 1° de agosto. Con seguridad, y bajo juramento de decir la verdad, contaron cuándo, dónde y cómo vieron por última vez al joven Santiago Maldonado.

Maicoño, Santana y quien mantiente su identidad reservada integran la Pu Lof. Quiere decir que ésa no fue la primera represión que sufrieron. Por eso su testimonio es más que significativo, ya que tomaron la decisión de enfrentar con su verdad a una maquinaria poderosa. Una maquinaria que desde el mismo momento de la desaparición forzada de Maldonado se puso en marcha con el objetivo de encubrir a los criminales y revictimizar a la población mapuche.

Tanto el juez Guido Otranto como la fiscal Silvina Ávila conocen desde hace semanas lo que estas cuatro personas saben. Pero hasta ayer se habían negado a considerar como verdaderos esos testimonios. Por eso, para que las autoridades judiciales y políticas, tanto nacionales como de Chubut, no sigan negándolos, los cuatro decidieron presentarse a declarar por su cuenta.

Esos testimonios, encadenados, estructuran un relato que no ofrece fisuras y ayuda a recontruir los momentos previos a la desaparición de Santiago Maldonado.

Los pasos de Santiago

La testigo de identidad reservada fue quien llevó en auto, la tarde del lunes 31 de julio, a Maldonado desde la ciudad de El Bolsón a la Pu Lof en Resistencia de Cushamen. Ambos estuvieron esas horas junto a los jóvenes que habían decidido subir a la ruta 40 en repudio a la brutal represión que se había desatado en Bariloche contra una manifestación por la libertad del lonko Facundo Jones Huala.

Ambos amanecerían el martes 1° de agosto dentro del campo, tras una madrugada de amedrentamientos por parte de Gendarmería. Santiago, sin ser mapuche, había aceptado la invitación de la comunidad a pasar la noche allí. La casilla de guardia de la Pu Lof, ubicada a unos 200 metros de la tranquera, sería su refugio.

Esa mañana Soraya Maicoño estaba en Esquel (es vocera del lonko Jones Huala, detenido desde el 27 de junio en esa ciudad). Temprano recibió un llamado desde la comunidad en el que la anoticiaban del hostigamiento de los gendarmes sufrido durante toda la noche. A las 8 de la mañana consiguió contactarse con Nery Garay, una mujer mapuche muy amiga de la Pu Lof, quien se ofreció a llevarla al campo. Llegaron alrededor de las 9, ingresaron al predio y saludaron a todos los lamien (hermanos) que estaban en el acceso. Ahí estaba Santiago. Soraya lo conocía de algún encuentro anterior.

Mientras Soraya se reunía con los miembros de la comunidad para conversar sobre la situación, Nery y Santiago intercambiaban mates y palabras. A pocos metros, vigilando toda la escena, decenas de gendarmes esperaban órdenes.

Era la primera vez que Nery veía a Santiago. Ni siquiera se habían dicho los nombres. Pero horas después, cuando la foto del joven empezó a circular y todos decían “nos falta el Brujo”, no dudó de que se trataba del muchacho que había compartido con ella parte de la mañana.

Alrededor de la 10:30 Soraya y Neri salieron de la Pu Lof en el auto. Pensaban ir a Esquel para denunciar la situación ante los medios y organismos de derechos humanos. En el auto iba también Fernando Jones Huala, hermano del lonko Facundo. Pero el viaje duró poco. A la altura del casco de la estancia Leleque (propiedad de Benetton) los detuvo un retén de Gendarmería, aduciendo una “averiguación de antecendentes” que con las horas (más de seis) se tranformaría en una causa por “entorpecimiento de investigación”. La detención, además de ilegal, implicó la retención por parte de los gendarmes de todo tipo de documentación (personal y del auto) y hasta el secuestro de los teléfonos celulares (que nunca les fueron devueltos). 

Durante las siguientes dos horas, mientras Soraya, Neri y Fernando esperaban infructuosamente que los dejaran seguir viaje, frente a la Pu Lof la Gendarmería se iba preparando. Pasado el mediodía, las tres personas detenidas vieron frenar ante sus ojos un móvil de la custodia del Ministerio de Seguridad de la Nación, del que bajó Pablo Noceti. Allí se produjo un intercambio de palabras. Minetras que el funcionario saludaba y daba instrucciones a los gendarmes, las personas detenidas conocían entonces no sólo la identidad y cargo del hombre sino también su decisión de mantenerlas ilegalmente detenidas, al menos, hasta que terminara todo el operativo.

Minutos después de la partida de Noceti hacia el sur por la ruta 40 (quizás hacia Esquel, quizás hacia alguna dependencia de la estancia de Benetton, quizás hacia el destacamento de Gendarmería en la localidad de José de San Martín) comenzaría la parte más violenta del operativo. La orden precisa fue romper el candado de la tranquera e ingresar disparando a todo lo que se cruce en el camino.

Al frente de la avanzada y al grito de “busquen, busquen”, iría el frenético comandante Juan Pablo Escola del destacamento 36 de Esquel, el mismo que le “confesó” a Clarín que ellos “no detuvieron a nadie”.

Como contó Matías Santana en una entrevista realizada en la misma Pu Lof por un equipo La Izquierda Diario, el repliegue de los miembros de la comunidad tuvo la urgencia de la preservación. Y así vio cómo corrían campo adentro sus lamien la misma persona que había llevado a Santiago desde El Bolsón a la Pu Lof el día anterior (y de quien se reserva la identidad). Ella había decidido quedarse dentro de la casilla junto a sus hijos y desde ese lugar vio cómo los jóvenes emprendieron la corrida hacia el río. Entre ellos vio correr a Santiago, con su mochila a cuestas.

La ausencia del Brujo

Posiblemente Santana no haya sospechado del todo cuánto les quitaría el sueño a Macri, Bullrich y Noceti con su testimonio. Pero lo cierto es que desde que resolvió, en acuerdo con su comunidad, hablar públicamente y a cara descubierta el joven mapuche se convirtió en un factor desestabilizante para todo el relato oficial. Por eso sabe que los intentos por desacreditarlo o hallar contradicciones en su testimonio estarán a la orden del día. Pero no duda. Y cuenta.

Tal como lo relató en primera persona a este diario, en el momento en que el pelotón de gendarmes traspasó la tranquera Santana salió corriendo y les ganó en velocidad a sus compañeros. Eso le permitió agarrar un caballo y cruzar el río con rapidez.

Ubicado a cierta altura del otro lado del cauce vio cómo, al grito de “quedate quieto, estás detenido”, tres uniformados daban golpes a un “bulto” vestido de celeste y negro. “Es mi campera”, se dijo en referencia al abrigo que horas antes le había prestado a Santiago. Por eso, si bien los gendarmes le tapaban la visual, Matías no duda de que se trataba del joven que e había acercado el día anterior a solidarizarse con su lucha.

En un momento escuchó algo así como “ya está”. Intuye que era Santiago, quien quizás cansado de los golpes pedía que no le pegaran más. Con la seguridad de que uno de ellos había caído apresado, el joven mapuche subió a caballo por un cerro un poco más elevado. Y allí vio, muñido de un par de largavistas, al unimog verde oscuro saliendo del territorio hacia la ruta 40 con dirección norte.

Poco después el vehículo se detendría junto a una camioneta, varios gendarmes harían una especie de pantalla y el “bulto” que poco antes era llevado a los golpes desde la orilla del río sería traspasado de un móvil al otro. En un curioso movimiento, la camioneta saldría con velocidad en dirección opuesta. Quizás hacia Esquel, quizás hacia alguna dependencia de la estancia de Benetton, quizás hacia el destacamento de Gendarmería en la localidad de José de San Martín. Quizás Pablo Noceti lo sepa.

Desde ese día Soraya, Nery y Fernando no pueden dejar de pensar que la camioneta en la que se llevaban a Santiago pasó seguramente delante de sus narices. Pero aunque todo indica que así fue, no pueden asegurarlo. Lo que sí están en condiciones de afirmar es que Noceti volvió a pasar por el casco de la estancia Leleque antes del atardecer. Venía desde el sur, tal vez de dar algunas órdenes inconfesables.


Soraya Maicoño, Matías Santana y Nery Garay

Un antes y después

La salida grupal a la escena pública de los cuatro testigos clave, acompañados en su presentación espontánea ante el juez Otranto por diversos organismos de derechos humanos, provocó un brusco giro en el caso. De hecho, a poco de difundirse las declaraciones de Matías, Soraya y Nery el Presidente convocó a una reunión de urgencia en la Casa Rosada a Bullrich y Noceti, al ministro de Justicia Germán Garavano y a otros funcionarios como el secretario de Derechos Humanos Claudio Avruj.

Paralelamente desde los medios del Grupo Clarín comenzó a agitarse la “noticia” de que un informe de inteligencia confirmaría que Santiago Maldonado “se les fue” a un grupo de gendarmes y el Gobierno estaría analizando el tema con premura.

Por si fuera poco, pseudoperiodistas de esos que pueblan los medios comenzaron a arrojar infinidad de especulaciones y cuestionaientos sobre los dichos de los testigos. Naturalmente ninguno de esos “cerebros” osó preguntar cómo puede ser que Otranto y la fiscal Ávila no hayan considerado esos testimonios como piezas relevantes de la investigación.

Entre los cuestionamientos a los testigos se planteó la supuesta demora en hacer las presentaciones espontáneas. Por si hiciera falta aclararlo, Matías Santana respondió que desde el primer día el juez y la fiscal no les creyeron ni los tuvieron en cuenta.

Y sumó un dato. Ni el juez ni la fiscal fueron nunca a la Pu Lof a estar con ellos en el terreno para que se les explicara cómo fueron las cosas. Siempre que se acercaron fue con un contingente de fuerzas de la Prefectura y la Policía Federal. Así y todo pudieron hacer rastrillajes. Incluso el 17 de agosto, recuerda, el juez llegó a la Pu Lof con muchísimos policías de la Federal y de la PSA, quienes ingresaron de prepo y armados hasta los dientes.

De este último episodio fueron testigos varios miembros de organismos de derechos humanos que habían sido alertados de la realización de ese rastrillaje. Allí estuvo, entre otros, la hija de desaparecidos y miembro del CeProDH y el Encuentro Memoria, Verdad y Justicia Alejandrina Barry. “Fuimos testigos del terror que sufre esa comunidad mapuche, con el hostigamiento permanente de la Gendarmería que buscaba evitar que ellos precisamente se animen a declarar, porque temían por sus vidas”, afirma.

“Es falso que la comunidad no quiso colaborar en la investigación. Al contrario, eso es algo que el Gobierno y el Poder Judicial dicen para descalificarlos. Esa mentira no tiene sustento. Por eso los organismos de derechos humanos apoyamos la palabra de quienes ahora están dando testimonio”, agregó Barry.

Tal vez se esté asistiendo a un antes y después. Un antes y un después para este gobierno represor, para la política, para los derechos humanos. Y, claro, un antes y un después también para el periodismo.








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