Géneros y Sexualidades

CRÍMENES INDUSTRIALES

Carta abierta ante el crimen de obreras en Chimalpopoca

Estamos convencidas de que necesitamos construir una gran fuerza de mujeres que tenga bronca, coraje y un ímpetu de organizarse para repudiar que nos arrebataron a nuestras compañeras.

Lunes 25 de septiembre | 20:31

Maestras, trabajadoras y estudiantes decimos #NiUnaMenos por la precarización, el Estado y la patronal son los responsables de los homicidios industriales de las trabajadoras y trabajadores de la fábrica derrumbada en Chimalpopoca.

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A partir del terremoto ocurrido el martes 19 de septiembre y el derrumbe de por lo menos 50 edificios y múltiples daños en la Ciudad de México, decenas de jóvenes, mujeres, estudiantes, trabajadores, docentes, paramédicos y vecinos acudieron a los lugares afectados para sumarse a las labores de rescate y acopio. La solidaridad que se dio desde las primeras horas después del terremoto, organizó a cientos de personas en las zonas de derrumbe con la esperanza de salvar todas las vidas posibles que se encontraban bajo los escombros.

Decenas de vidas se perdieron durante la catástrofe pero muchas de ellas pudieron haberse evitado, como es el caso de la fábrica que se derrumbó en menos de un minuto, ubicada entre Bolívar y Chimalpopoca, donde se encontraban trabajando mujeres, algunas de ellas migrantes, en condiciones de precarización e inseguridad.

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Hasta ahora sabemos que la empresa estaba dividida en cuatro pisos, bajo el mando de distintas empresas, la textilera y maquila New Fashion de patrones judíos propietario de Jaime Azquenazi, Jenny Importaciones de Corea que vendía juguetes, SEO Young International que elaboraba bisutería para vestidos y Dashcam System México S.A. de C.V. que produce cámaras de video.

Hasta el momento la información de cuántas trabajadoras había en la fábrica, cuántas de ellas fueron rescatadas y cuántas se encontraron sin vida permanece oculta por las autoridades y la empresa.

Durante las operaciones de rescate en la fábrica las fuerzas represivas del régimen, los militares, la policía, la marina y gendarmería llegaron a desarticular la organización y replegar a las mujeres pobres y trabajadoras que se pusieron al frente de las brigadas de apoyo y rescate junto a jóvenes, trabajadores, voluntarios y rescatistas, obstaculizando e impidiendo las actividades de rescate que cientos de personas se encontraban realizando.

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La línea de los militares y policías era resguardar toda documentación de la empresa y hasta la última mercancía que pudiera “rescatarse”, los patrones no querían perder nada de sus ganancias en medio del desastre, uno de sus principales objetivos era cobrar el seguro, sin importarle salvar la vida de las trabajadoras, además de limpiar el terreno cuanto antes para volver a echar a andar su fábrica en las mismas condiciones de trabajo.

La indignación de los brigadistas creció cuando en la madrugada del segundo día de actividad el ejército y los policías pretendían ingresar las máquinas dando por finalizada las operaciones de búsqueda de las trabajadoras, esto trajo consigo que las labores de rescate se convirtieran en labores de limpieza.

Lo que evidencia dicha catástrofe es que mujeres trabajadoras, las más pobres, y niños fueron los más afectados. Estas trabajadoras y trabajadores se encontraban laborando en terribles condiciones, es sabido que incluso por órdenes de la patronal ni siquiera se llevó a cabo el simulacro que se tenía programado a las 11:00 am. Estos patrones no garantizaban ni siquiera los derechos mínimos de seguridad para no poner en riesgo la vida de las personas que a diario les generaban miles de pesos.

A estas mujeres seguramente nadie reclamó por su condición migratoria. Sin embargo, cientos de mujeres acudieron a la fábrica, expusieron sus vidas en lugares inseguros, seguramente muchas de ellas tienen en común las mismas condiciones de precariedad, inestabilidad y nulos derechos laborales, pues ésta es la realidad en la que miles de mujeres se encuentran trabajando hoy, sin ninguna responsabilidad para la patronal.

Por ello estamos convencidas de que necesitamos construir una gran fuerza de mujeres que tenga bronca, coraje y un ímpetu de organizarse para repudiar que nos arrebataron a nuestras compañeras. Hoy más que nunca que las calles se inunden al calor del #NiUnaMenos por la precarización, por la sed de ganancia de las patronales que no nos garantizan condiciones óptimas para laborar.

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Al mismo tiempo denunciamos el papel de las fuerzas represivas durante las operaciones, que estuvo al servicio de garantizar los intereses de las empresas y el gobierno, para restablecer la “normalidad”, sin importarles la vida las trabajadoras, trabajadores, niños y jóvenes que se encontraban en las zonas de derrumbe. Sin importarles que somos nosotras quienes estamos participando en las reconstrucciones de casas, de colonias, en recolección de víveres y en garantizar la entrega del acopio casa por casa.

Hacemos un llamado a que estos homicidios no queden en la impunidad, la patronal y el estado son responsables. Impulsemos asambleas en todos los centros de trabajo y escuelas, para conformar comisiones independientes que evalúen las condiciones de seguridad después del terremoto y que ninguna vida más sea puesta en riesgo, y organicemos la reconstrucción de los lugares afectados desde los trabajadores, estudiantes y jóvenes. No abandonemos las calles, por el contrario convirtamos nuestras escuelas en centros de acopio y de organización del plan de reconstrucción en cuyas decisiones no deben tomar parte los empresarios ni los partidos del régimen, que hasta ahora no han movido ni un solo dedo para hacer eso posible.

¡La vida de las trabajadoras vale más que sus ganancias!






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