Mundo Obrero México

VOCES DEL MAGISTERIO

Aumento de horas frente a grupo: una cara más de la opresión docente

Ante las presiones por un mejor sueldo o simplemente por evitar conflictos con la dirección, los maestros nos vemos obligados a aceptar brindar servicios sin contar con condiciones óptimas para llevarlos a cabo.

Martes 15 de noviembre de 2016 | 13:17

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Las horas excesivas de trabajo son un problema tanto como la escasez de horas para los docentes.
Maestros cubriendo interinatos a falta de personal, maestros de secundaria de una asignatura dando clases en otra, o maestros de primaria y de preescolar cubriendo las horas de educación física o de cómputo porque no hay quien las cubra; es una realidad que a primera vista muestra la decadencia del sistema educativo pero también, más profundamente, de este sistema económico y político al servicio de los empresarios, incapaz de brindarnos las condiciones que necesitamos para realizar de manera eficaz nuestro trabajo como docentes.

Ya sea tratando de convencernos de que somos capaces de tomar la tarea o recalcando nuestras debilidades y la necesidad que tenemos de corregirlas para conservar nuestro empleo, los directivos nos incrementan horas de trabajo a falta de personal docente en las escuelas, justificándolas con el aumento salarial que conlleva el cargo, que de por sí es precario.

La reforma educativa potencializa esta opresión

Actualmente, la tan repudiada "reforma educativa", evalúa a cada docente de acuerdo a su especialidad, pero esto no significa que los maestros estemos a salvo de que se nos imponga más trabajo impartiendo una materia que está fuera de nuestra formación profesional, aunque sea de manera provisional.

Ante las presiones por un mejor sueldo o simplemente por evitar conflictos con la dirección, los maestros nos vemos obligados a aceptar brindar servicios sin estar preparados para ello, pues en los parámetros para la evaluación incluida en la reforma actual, los directores participan llenando un cuestionario donde vierten su opinión acerca del desempeño del docente en evaluación, siendo que si su resolución es negativa corremos el riesgo de reprobar el examen, más allá de la posible objetividad de sus respuestas.

Esto significa alargar nuestra jornada aún más allá del tiempo de trabajo que en realidad es remunerado, pues exige una preparación presurosa por parte del docente, que se ve forzado a estudiar por su cuenta el contenido de las materias que le asignan, a preparar el material didáctico, la planeación de clases, los medios para evaluar a los alumnos, pensar en estrategias de aprendizaje en un rubro totalmente nuevo.

Sacrificando horas de convivencia con nuestra familia y amigos, horas de sueño, tiempo incluso que podríamos utilizar para actualizarnos y ser mejores en el ámbito para el que nos preparamos como docentes. Así pretenden también dejarnos sin tiempo para pensar, para organizarnos y seguir con la lucha por la abrogación de la reforma educativa.

Es por eso que el aumento obligatorio de horas laborales se presenta como otra manera de opresión para las y los trabajadores de la educación, cuyo tiempo extra laborado significa un incremento en la pérdida del salario que deberíamos percibir, pues utilizamos horas de nuestras vidas para completar el excesivo trabajo administrativo burocrático que no nos damos abasto para terminar en las aulas, y esas horas no son remuneradas.

Como resultado los alumnos son atendidos por maestros con una excesiva carga de estrés, que les enseñan algo para lo que no estudiaron por voluntad, sino por imposición.
Irónicamente, en una propaganda radial de la SEP se oye una niña decir:

“…queremos maestros que vengan a las aulas con ganas de enseñar, que piensen en nosotros”.

Necesitamos unirnos para impedir que nos opriman…

En una sociedad libre de explotación y opresión, basada en una economía planificada de acuerdo a las necesidades sociales, la labor docente podría cubrirse perfectamente por aquellos que se preparan por vocación para ser maestros.

Sin embargo, en las condiciones actuales de falta de maestros –situación directamente relacionada con el ataque a las escuelas normales-, grupos saturados, precarización y desempleo para muchos profesionistas, la alternativa de la docencia debe estar disponible para todo aquel que quiera ser maestro, con una debida preparación remunerada por el Estado.

Suficientes maestros podríamos atender a grupos más pequeños y atender a los alumnos de manera adecuada. A nuestros salarios, además, debería integrarse el pago de las horas no lectivas que trabajamos, y ser suficiente para cubrir nuestras necesidades y las de nuestras familias. Junto a ello, el Estado debería garantizar los insumos para nuestra labor, mismos que no son proporcionados por la SEP (desde plumas hasta sellos).

La seguridad en el empleo debe ser garantizada y por esto, todas las maestras y maestros debemos ser basificados; hay muchos maestros estresados por la posibilidad de pérdida del empleo.

Y dado el carácter dinámico del conocimiento, deberíamos tener periodos alternados frente a grupo y dedicados a la formación y actualización docente, ambos remunerados. Esto podría conseguirse mediante el aumento al presupuesto educativo basado en el no pago de la deuda externa, impuestos progresivos a la educación privada y a las grandes fortunas, y mediante la renacionalización de Pemex y los recursos energéticos.

Ante la imposición de horas extras de trabajo, lo que podemos hacer en lo inmediato es unirnos, comenzando con nuestros compañeros de centro educativo, tanto para evitar que pretendan sancionar a alguno de nosotros por no aceptar más horas, así como para exigir que las plazas vacantes sean ocupadas por maestros que están preparados para la materia y que necesitan el sueldo.

…y recuperar el sindicato

El sindicato actual (SNTE) no nos apoya, está al servicio de la SEP y de un gobierno que se encuentra sujeto a los intereses de los organismos empresariales, como Mexicanos Primero, y las grandes transnacionales, que impulsan los planes de privatización de la educación a nivel internacional, diseñados por la OCDE y el Banco Mundial. EL SNTE, controlado por una camarilla millonaria y corrupta, no vela por la educación y mucho menos por sus trabajadores. Es por eso que debemos recuperarlo. Si el sindicato estuviera bajo control nuestro (la base), podríamos defender nuestros derechos.

El problema de la opresión contra los trabajadores no es exclusivo del gremio magisterial, todos los trabajadores asalariados padecemos los mismos atropellos de patrones y funcionarios públicos, pero organizados seríamos invencibles para acabar con sus ataques, por eso debemos unirnos.

El magisterio combativo debe recuperar su sindicato para transformarlo en una potente herramienta de lucha y a través de ella impulsar a los maestros y maestras de todo el país para pelear por nuestros derechos y combatir en mejores condiciones los impactos de la "reforma educativa", relanzando la movilización y paro nacional hasta imponer su derogación.

Sólo así podremos evitar que nos quieran manipular individualmente, pues pueden pretender tirar a uno de nosotros, pero contra todos, no podrán.






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