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PANDEMIA Y TRABAJADORXS

Aprende en casa: ¿Una contradicción pedagógica?

Bajo la modalidad de “aprender en casa” Esteban Moctezuma y la Secretaría de Educación Pública (SEP) anunciaron que buscan “aprovechar los días al máximo en casa” y la intención de culminar con los aprendizajes esperados marcados en los planes y programas de estudio del ciclo escolar 2019-2020.

Lunes 20 de abril | 15:16

Graffiti DIZEBI

Mientras se pretende que el docente desquite el salario naturalizando una jornada de 24 horas y 7 días a la semana, quienes se nieguen serán responsabilizados moralmente de no cooperar con la grave situación, invisibilizando así la imposición de la ampliación de la jornada en casa y los cuestionamientos que surjan, así como aceptando el rol de meros reproductores de contenidos y materiales.

Pero, ¿alguien les pregunta a les docentes, cómo se encuentran?, ¿Toman en cuenta que se ha duplicado el trabajo doméstico para las maestras?, ¿Saben las autoridades, las angustias que cargan pensando en lo que sufren sus alumnos?

En sus últimas declaraciones Esteban Moctezuma señaló “que el sector educativo no está paralizado”, enviando el mensaje de que todo el andamiaje educativo se mantiene, todo está bajo control, ni una pandemia trastoca los planes del sistema educativo.

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Sin embargo, lo que parece obviarse por el Secretario de Educación y las autoridades educativas, es que no se trata de una cuestión meramente de buena voluntad. En periodos ordinarios, los docentes debían ingeniárselas para enfrentar que sus alumnos asistían a las escuelas sin comer, sin dormir bien, sin los materiales completos, maltratados, entre tantos problemas sociales, pero, en tiempos de pandemia, ¿cómo garantizarán que aprendan los contenidos previstos?, ¿esos contenidos responden a las necesidades de los alumnos y sus familias para enfrentar la época actual?

Por eso, es criticable que las autoridades educativas pretenden para todo el periodo de contingencia, una estrategia para garantizar el aprendizaje diseñado en una etapa preventiva de “aislamiento voluntario”, sin tomar en cuenta los cambios bruscos que existen en las distintas fases de la contingencia.

Ahora pretenden imponer "salones virtuales" hasta que sea posible el regreso presencial, sin embargo, paralelamente, se desarrolla la etapa de la fase 3, período en el que se prevé la mayor mortalidad, fingiendo que no pasa nada. Entonces, ¿para qué se vuelve?

Recuperemos la esencia crítica de la pedagogía

La gran crisis que ha padecido en silencio la pedagogía, desde antes del inicio de la pandemia, fue quedar reducida únicamente a girar en torno a una enseñanza que no observa dialécticamente la relación entre el sujeto y su contexto social, ni los aprendizajes que se pueden adquirir en la cotidianeidad.

Esto la orilla a ocupar un lugar meramente operativo e instrumental a los intereses de la clase dominante y tendiente a reproducir únicamente los contenidos esbozados por las autoridades educativas, que no necesariamente responden a las necesidades de los sujetos, es decir, a la vida de las y los estudiantes.

Para pensar esta situación, es importante volver a Vigotsky quien, en su teoría del aprendizaje, aportó un modelo para el desarrollo integral de los sujetos, que no puede entenderse por fuera del contexto social y cultural, pues éste influye en su proceso cognitivo. A razón de eso, no puede garantizarse, que se formen sujetos activos del conocimiento, sin valorar el ambiente en el que interactúan. De lo contrario, el riesgo es que solo se conciba el proceso de aprendizaje a partir de los contenidos seleccionados por el sistema educativo.

La enseñanza como ejercicio de elaboración del pensamiento crítico

En estos momentos de crisis, les docentes no requieren sólo nuevas formas de enseñar, sino la posibilidad de formar un pensamiento crítico. La pandemia ha dejado al descubierto que el virus más letal es el capitalismo, por lo tanto hoy más que nunca se hace necesario cuestionar ¿qué se enseña? y ¿para qué sirven dichos contenidos en estos momentos?.

Es indispensable que los docentes logren ver que la escuela como la principal vía para obtener conocimiento, es un campo en disputa que oprime la labor pedagógica y garantiza la transmisión de la ideología y política dominantes. Las interrogantes que podríamos prever son: ¿Qué buscan instalar las autoridades en nuestras conciencias en tiempos de crisis?, ¿puede construirse una pedagogía liberadora, sin tomar en cuenta el contexto social de los alumnos y docentes?

Entender esto, nos permitirá ver que el sistema educativo no es ajeno a la esfera del Estado, -que a su vez, responde a los intereses de las clases dominantes-, y entender por qué a pesar de la grave situación en todo el mundo, los Estados y gobiernos se niegan a tocar las ganancias de los empresarios y ponerlas a disposición de las grandes mayorías para superar esta dura crisis que repercute principalmente en los sectores de trabajadores y empobrecidos. Por tanto, la pedagogía y los procesos de enseñanza, tampoco son ajenos a la lucha de clases.

Es por eso que las autoridades educativas, perversamente, tienen como objetivo: probar qué se puede aprender de la misma manera (sin tomar en cuenta el alto rezago educativo) y evaluar bajo un padrón estandarizado, manteniendo así las prácticas neoliberales, al tiempo que ordenan a los alumnos, a ser sujetos pasivos frente a un televisor (ni que decir de lo indignante que resulta para los estudiantes de comunidades o zonas rurales a los que se los entregará un cuaderno para que formalmente logren los aprendizajes esperados).

La estrategia de Moctezuma y las autoridades educativas, en tiempos de emergencia sanitaria, desprecia el proceso de enseñanza entendido como “lo que acontece en la relación maestro-alumno al momento de producir e integrar conocimiento, como plantea Alberto Martínez Boom.

Esta relación es algo que en absoluto puede sustituirse por medio de modelos educativos que se han implementado en otros países, como es el caso de la educación digital, puesto que la escuela pública en México está sostenida por una severa brecha de desigualdades sociales y de clase, lo que genera que, ante la aplicación de estas medidas se excluya a los alumnos que no cuenten con los recursos económicos y tecnológicos para desempeñarse en el terreno educativo.

Lo anterior, no quiere decir que sea incorrecto incursionar, por sí mismo, en dichas modalidades virtuales pero, lo que sí es criticable es pretender hacerlo ignorando el contexto de pobreza cruzada por 346 mil despidos, millones de familias trabajadoras sin derecho a seguridad social, suspensiones con rebaja salarial y aislamiento de trabajadores que se dedican al trabajo informal sin ningún sustento.

Los trabajadores que padecen estas penurias, son los padres y madres de familia de las y los estudiantes, entonces, hay que preguntarnos: ¿cómo garantizar que se pueda aprender esos contenidos en esta situación?, ¿De qué sirven en estos momentos eso contenidos que se fijan en los planes y programas?, ¿Qué pasa con los alumnos que perdieron a algún familiar por contagio de COVID-19 en un sistema de salud desmantelado?, ¿Esta modalidad contempla a las y los alumnos cuyos padres son trabajadores de la salud?, ¿Cómo se aporta a las y los estudiantes que ahora enfrentan la violencia, la ansiedad o la depresión bajo el hacinamiento de sus hogares?

No hay justificación, ni ningún motivo válido, para que las autoridades educativas deleguen a las madres y padres de familia, la responsabilidad de velar por el desarrollo integral del aprendizaje de las y los alumnos.

Preparemos la organización en tiempos de pandemia

Hoy el desafío que tiene la pedagogía frente a esta dura situación, es aspirar a una enseñanza con un nuevo sentido, a partir de incitar al pensamiento crítico y partiendo de los saberes, del racionamiento, de la reflexión, de la sensibilidad, de la imaginación, la historia y de todo lo que cotidianamente es suprimido por el sistema educativo. Con el objetivo de abrir el debate sobre: ¿Qué sociedad necesitamos?

Esto es lo que hasta el momento no ha podido lograr la sublevación iniciada por la Escuela Nueva, ni mucho menos la Nueva Escuela Mexicana, por más que se apropie de las elaboraciones más progresivas hechas por los pedagogos contemporáneos, pues el límite que tiene es que no solamente hay que cambiar de raíz la forma de la enseñanza sino el contenido, lo que responde a qué sujetos pretendemos formar y para qué sociedad.

No olvidemos: la educación no es un campo neutro, tiene fuertes cargas ideológicas que influyen en lo que se enseña y sus fines, razón por la cual, el cientificismo propagado por el positivismo adquiere una fuerte relevancia por encima de formar sujetos críticos, que piensen, interactúen solidariamente y transformen su realidad por medio del conocimiento.

Por eso, las autoridades educativas encabezadas por Esteban Moctezuma buscan tener a los docentes saturados de trabajo “on-line”, bajo clases digitales que fungen como un control político, mientras la angustia los invade, sufren de ansiedad tras las paredes de sus hogares, viendo el sufrimiento de sus familiares o vecinos ante la crisis económica o el contagio por Covid-19; procurando impedir que sean una fuerza que llame a organizarse al resto de la sociedad para intentar dar una respuesta radical a lo que enfrentan los trabajadores de otros sectores y las grandes mayorías populares, pero no para preservar el orden social que nos lleva a la barbarie, sino para superarlo y transformarlo desde sus raíces ideológicas y estructurales.

¡Queremos otra sociedad para otra escuela y luchamos por otra escuela, hacia la conquista de otra sociedad!

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