Política México

APUNTES MILITANTES

Ante el Morena y la 4T, necesitamos construir una gran organización revolucionaria

La llegada de Andrés Manuel López Obrador a la presidencia generó muchas ilusiones en amplios sectores de la población, que esperaban que el nuevo gobierno resolviera sus aspiraciones de cambio, pisoteadas durante décadas por el PRI y el PAN con la complicidad del PRD.

Pablo Oprinari

Ciudad de México / @POprinari

Viernes 13 de marzo | 17:02

La “Cuarta Transformación” se propuso como continuidad de tres momentos cruciales de la historia del país: la Revolución de Independencia, el movimiento de Reforma, y la Revolución de 1910. Y es la narrativa de un gobierno que se presenta como el parteaguas respecto al pasado ciclo neoliberal y como el protagonista de una gran transformación. La insistencia de AMLO en esto y algunas medidas que impulsa el gobierno -como los planes de asistencia social o el aumento al salario mínimo- pueden fortalecer esta idea.

Sin embargo, la realidad es que el gobierno de AMLO no ataca los intereses de los grandes capitalistas y las transnacionales imperialistas, sin lo cual no se puede pensar en una gran transformación política y social que de respuesta a las demandas del pueblo trabajador.

Además, el gobierno de la 4T impulsó una austeridad republicana que, en lugar de centrarse en los altos funcionarios y sus corruptelas -como le había prometido AMLO a sus votantes- despidió a 400 mil trabajadoras y trabajadores públicos, en su mayoría precarios. Continuó impulsando los megaproyectos, como el Tren Maya, bajo los cuales se persiguió y asesinó a activistas ambientales, como Samir Flores.

Aunque había asegurado que pondría fin a la militarización, creó una Guardia Nacional -integrada mayoritariamente por militares, junto con marinos y policías- cuya primera acción fue reprimir a los migrantes, actuando como la border patrol al sur de la frontera con Estados Unidos. Y bajo su administración, continuaron creciendo los feminicidios y el reclamo histórico de las mujeres -legalización del aborto libre, seguro y gratuito en todo el país- sigue sin ser respondido.

Hoy el gobierno de AMLO ha visto caer su popularidad de un 80 a un 57%, lo que puede verse aún más mermado en un contexto de crisis económica internacional -agudizada con la pandemia de coronavirus- que en México tiene su refracción con cero crecimiento, que ahora enfrenta la caída del precio del petróleo, la devaluación de la moneda nacional y la inminencia de una agudización de la crisis del sistema de salud.

Los partidos de la oposición burguesa buscan fortalecerse y superar la crisis profunda que arrastran, presentándose como adalides de los derechos de la población, particularmente de las mujeres, como se vio en su intento de montarse en el paro del 9 de marzo. Pero si la derecha puede resurgir, es el resultado de la política del propio AMLO quien, al defraudar las expectativas de millones, repite el camino que ya recorrió el progresismo latinoamericano, que abrió el camino al retorno de los Bolsonaro o los Macri.

La 4T y la protesta de los trabajadores, los jóvenes y las mujeres

A pesar de que el gobierno llegó con gran fortaleza, no faltaron las luchas y movimientos de protesta. Primero las y los trabajadores de Matamoros; luego los sindicatos universitarios -que en estas semanas volvieron a salir-; también los trabajadores estatales resistiendo los despidos, incluyendo la huelga de las y los trabajadores de Notimex y la lucha de las y los profesores precarizados de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México. De igual forma los jóvenes de la UNAM y otras universidades contra el autoritarismo y el porrismo, los pueblos originarios en lucha contra el despojo y por el territorio, y un movimiento de mujeres que sacude el país, en el cual hay muchas que no confían ni en el gobierno ni en la derecha.

Son miles los trabajadores, jóvenes y mujeres que ponen en cuestión sus anteriores ilusiones en que el gobierno resolvería sus demandas. Lejos están de ser “conservadores”, como los descalifica el presidente. Muchos de ellos confiaron en sus promesas, y se vieron defraudados: perdieron sus trabajos, ven que la militarización y los megaproyectos continúan, así como la negativa a resolver los derechos que exigen millones de mujeres en las calles.

Ante eso, las dirigencias sindicales -aun aquellas que se consideran democráticas- establecieron en los hechos una tregua con el gobierno, y ni siquiera se han puesto al servicio de las luchas en curso, como las de los trabajadores universitarios y estatales. En tanto que las organizaciones reformistas y populistas que se reclaman de izquierda, “apoyan críticamente” las políticas gubernamentales, y renuncian a pelear por la independencia de clase de los trabajadores respecto a AMLO.

Necesitamos construir una gran organización socialista y revolucionaria

Es urgente que construyamos una alternativa política, verdaderamente de izquierda, que sea un foco de atracción para quienes están convencidos de que debemos dotarnos de una perspectiva independiente al gobierno y la derecha.

Esto es una necesidad histórica que hoy cobra actualidad política. Se hace evidente en cada ascenso de la lucha de clases, como en las maquiladoras del norte del país, en la resistencia denodada de los trabajadores estatales, en los movimientos juveniles y de mujeres contra el feminicidio y la precarización laboral. Por eso, hay que poner en pie una organización antiimperialista, internacionalista y revolucionaria, anclada en los sectores estratégicos de la clase obrera, que sea también foco de atracción para la juventud combativa y las mujeres que quieran asumir una perspectiva anticapitalista y socialista.

Al servicio de impulsar esa tarea es que está La Izquierda Diario México, parte de una red internacional con presencia en más de 12 países y 8 idiomas, que difunde las luchas de los trabajadores y los sectores populares y propone una política para que las mismas triunfen.

Como parte también de eso, es que en los centros de trabajo y estudio impulsamos agrupaciones político-sindicales junto a trabajadores y jóvenes independientes, haciendo una experiencia política común tras un programa que ponga en cuestión la explotación capitalista y luche por una alternativa de los explotados y oprimidos, independiente y combativa. Y en particular impulsamos la Agrupación de mujeres y de la comunidad sexodiversa Pan y Rosas, que es parte del movimiento de mujeres en México y pelea por una perspectiva socialista y revolucionaria para el mismo.

Esto implica también una lucha en el terreno de las ideas, desde el marxismo, ante los paradigmas de la Cuarta Transformación, y también ante el neoliberalismo conservador, lo cual hacemos a través de la revista Ideas de Izquierda México, cátedras marxistas y foros.

Frente a quienes pretenden que nos conformemos con un capitalismo “mejorado”, los socialistas decimos que hay que luchar por una república obrera, basada en la expropiación de los expropiadores, en la ruptura con el imperialismo y en la planificación democrática de todos los aspectos de la economía y la vida social.

Sobre esa base -que es la única posibilidad realista de darle respuesta a las aspiraciones de los millones de trabajadores, campesinos y pueblos originarios- nos proponemos construir un nuevo y gran partido revolucionario, que confluya con los sectores más conscientes de trabajadores, jóvenes y mujeres. Esa es la apasionante tarea que impulsamos quienes militamos en el Movimiento de Trabajadores Socialistas e impulsamos la red internacional La Izquierda Diario, y a la cual te invitamos a sumarte.






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