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Ante el COVID-19, ¿qué podemos esperar del Consejo Técnico Escolar?

El 16 de marzo, la SEP emitió el Acuerdo 02/03/20 por el que se suspenden las clases del 23 de marzo al 17 de abril, ante la propagación del COVID-19. Sin embargo, docentes de nivel básico tendremos que presentarnos a nuestros centros de trabajo el lunes 23, para asistir a una sesión extraordinaria del Consejo Técnico Escolar en medio de la epidemia.

Soledad Farfalla

Maestra de secundaria, Agrupación Magisterial y Normalista Nuestra Clase

Sábado 21 de marzo | 15:23

Hace más de 20 días se confirmó el primer caso positivo de COVID-19 en el país. Hasta hoy se han confirmado 203 casos y los primeros dos decesos. El gobierno determinó continuar las clases hasta el 20 de marzo, en escuelas que no cuentan con condiciones sanitarias adecuadas -algunas concentran hasta 1,000 personas-, exponiendo a un posible contagio a las y los alumnos, así como al personal.

La SEP impuso que el lunes 23 de marzo se realice una sesión extraordinaria del Consejo Técnico Escolar. Por lo que la mayoría de los docentes tendremos que presentarnos en nuestras escuelas ese día, mientras los contagios se multiplican.

Esta sesión extraordinaria supuestamente busca prepararnos para la nueva fase de la contingencia. Sin embargo, las autoridades educativas buscan delegar toda responsabilidad -académica y sanitaria- en el cuerpo docente y las familias de nuestros alumnos.

¿Qué se pretende discutir en el CTE?

De acuerdo con la Guía de trabajo publicada por la SEP, en esta sesión se tratarán 3 temas:

a) Plan de Prevención y Mitigación del COVID-19

La intención es que los docentes, junto a las familias de nuestros alumnos y bajo la tutela de los directivos, garanticemos la prevención y la mitigación de esta pandemia en nuestras escuelas. Una labor que debería estar en manos de especialistas en salud, seguridad e higiene, con la participación organizada de la comunidad escolar, sin soslayar la responsabilidad de las autoridades en proveer los recursos necesarios

Desde que se confirmó el primer caso de COVID-19 en el país hasta el 17 de marzo, ni la Secretaría de Salud ni la SEP realizaron ninguna acción para garantizar condiciones adecuadas de salud e higiene en las escuelas. Fue hasta después que comenzaron a tomar algunas medidas, como los “filtros” para el ingreso de los alumnos a las escuelas.

El primero era el compromiso de las madres y padres de familia de no llevar a sus hijos a la escuela si se sentían mal o presentaban síntomas asociados con la enfermedad.

En la entrada de las escuelas se implementó un segundo “filtro” con autoridades, maestros y trabajadores que preguntaban a los alumnos si se sentían mal. Estas “revisiones” las realizaron sin protección, conocimientos o instrumentos profesionales. En la mayoría de las escuelas no contamos con médicos que atiendan a la comunidad escolar, ni con consultorios equipados donde puedan hacerlo.

En muchas escuelas del país no se dispone regularmente de agua potable, jabón, alcohol en gel o toallas de papel, además del hacinamiento al que están expuestos nuestros alumnos, que se ven obligados a permanecer horas en espacios de menos de medio metro2.

Recién el lunes 23 de marzo se discutirán en la mayoría de las escuelas las medidas a tomar, sin considerar que desde el viernes 20 nuestros alumnos ya no asistirán y, a partir del martes 24, tampoco los trabajadores y docentes. Por lo que la determinación arbitraria de hacernos ir el 23 al CTE, lejos de servir para mitigar la pandemia, nos pone en riesgo un día más.

b) Plan para el Aprendizaje en Casa

Dice la Guía de Trabajo que deben considerarse las necesidades de nuestros alumnos y las características de la comunidad para desarrollar los recursos didácticos necesarios, así como mecanismos de seguimiento y revisión de las actividades que realizarán durante la contingencia.

Los docentes somos conscientes de la situación de nuestros alumnos y sabemos qué requieren para reforzar su aprendizaje, pues hemos llevado un seguimiento cotidiano de su desarrollo académico desde el inicio del ciclo escolar, por lo que no es ninguna novedad para nosotros definir actividades para que las puedan realizar en casa. Incluso a muchos ya nos exigieron entregarlas, por lo que resulta desfasado y una simulación “discutir” este punto el último día.

El documento menciona que hay que tomar en cuenta las necesidades y condiciones de la comunidad. Frente a esta situación, las necesidades de nuestros alumnos son otras: garantizar el acceso a la salud de ellos y de sus familias; evitar a toda costa que sus madres o padres sean despedidos o “descansados” y que se queden sin ingresos; que puedan acceder a una alimentación nutritiva y suficiente para fortalecer su sistema inmunológico; que la angustia no aceche sus casas y la salud prime.

No se puede pensar que la necesidad más importante de las NNA es realizar actividades académicas en un momento en el que su salud corre riesgo y mientras en sus hogares no cuentan con condiciones mínimas para su bienestar.

Esto no significa que nos neguemos a que nuestras alumnas y alumnos aprendan o estudien en casa, pero tampoco se trata de saturarlos de tareas que deberán realizar en medio de una contingencia y sin contar con condiciones adecuadas, sólo para que la SEP pueda luego jactarse de que se cumplieron los degradados programas de estudio.

c) Preparar jornadas de limpia y sanitización para el regreso a clases

La SEP quiere que seamos los docentes y las madres y padres de familia quienes garanticemos la limpieza y desinfección de las escuelas previo al regreso a clases. No contamos con el equipo y la protección para hacerlo. Muchas escuelas no tienen garantizado el suministro de agua. Los insumos e instrumentos de limpieza escasean. Así, se nos expone nuevamente.

Las comisiones de higiene escolar que se formaron por instrucciones del mismo Acuerdo 02/03/20 no deben quedar en el papel, ser tapaderas de la indolencia de los directivos o limitarse a proporcionar a las alumnas y alumnos gel antibacterial.

Sino que deben exigir todos los insumos necesarios; supervisar que haya agua; asegurarse de que las labores de limpieza y desinfección se realicen por personal capacitado en condiciones seguras y que la escuela cuente con condiciones sanitarias óptimas previo al reinicio de clases. Para cumplir esta función tienen que ser verdaderamente representativas de la comunidad escolar y tener poder de veto sobre las decisiones de las autoridades.

El magisterio debe despertar

Ante la epidemia, urge que la fuerza que en 2013 y 2016 mostró el magisterio, se exprese nuevamente, para exigir que se garantice nuestro derecho a la salud y a la vida, pero también el de nuestros alumnos y sus familias, así como el de todos los trabajadores y el pueblo pobre.

Exijamos condiciones sanitarias óptimas en todas las escuelas; así como el derecho a la salud y la alimentación digna de nuestras niñas, niños y adolescentes, de sus familias y de todo el pueblo trabajador. Pronunciémonos por la prohibición de los despidos y contra las suspensiones de labores sin goce de sueldo en cualquier institución o empresa. Alcemos nuestra voz por el aumento sustancial del presupuesto para salud y educación, sobre la base del no pago de la deuda y de impuestos progresivos a las grandes fortunas.

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Las maestras y maestros necesitamos organizarnos y unirnos con las madres y los padres de familia, así como con otros sectores de trabajadores para lograr estas demandas. Hay que exigirles a nuestros dirigentes sindicales que dejen de tolerar que trabajemos en condiciones de riesgo. Ellos son cómplices del desmantelamiento de la educación y la salud públicas. La CNTE debe abandonar definitivamente su política de confianza en el gobierno y ponerse al frente de esta lucha.

*Docentes de secundaria en la CDMX, integrantes de la Agrupación Magisterial y Normalista Nuestra Clase.






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