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TRIBUNA ABIERTA / LA CAJA OBLONGA

Alambre de púas en el lado estadounidense de la frontera

Soldados estadounidenses fueron vistos esta mañana poniendo alambre de púas sobre el margen gringo del Río Bravo. Ahí ya existe una valla de acero infranqueable. Ni muro se necesita. Pura propaganda de Trump.

Martes 9 de abril | 16:26

Soldados estadounidenses fueron vistos esta mañana poniendo alambre de púas sobre el margen gringo del Río Bravo. Ahí ya existe una valla de acero infranqueable. Ni muro se necesita. Pura propaganda de Trump.

El hecho ocurrió a la altura del llamado "Puente Negro" ferroviario hoy en desuso. La intensa relación comercial se da mediante tráilers. Tractomulas, dicen en Colombia.

En los años sesenta y principios de los setenta del siglo pasado aún era posible pasar por ahí indocumentado. Según la temporada y, desde luego, no en masa. Me consta. Soy testigo.

La semana pasada andaba yo contando por acá la anécdota sobre unos chavos ricachones de Chihuahua que lo hicieron para ir a un concierto de rock en El Paso, Texas. Eran de La Salle. Tocaban Bloodrock y el famosísimo a nivel mundial Grand Funk Railroad (anti guerra, para mayores datos.)

Un grupo de la prepa de la UACH nos los encontramos en Juárez. Nosotros traíamos "mica fronteriza" (una forma de visa permanente que fue abolida). Ellos no. Para obtenerla si eras menor de edad se requería autorización paterna.

En México Díaz Ordaz redujo la mayoría legal a los 18 años en enero de 1970. Ninguno de nosotros la tenía. Yo los cumplí en octubre de 1972 ya en la CDMX como estudiante universitario. En Estados Unidos la edad legal era 21 (como ahora para beber alcohol), aunque buena parte de los enviados a Vietnam apenas tenían 18. Para asesinar al despreciable gook comunista eras bueno, pero eso no dotaba al joven de derechos civiles ni permiso para beber alcohol.

La legalidad gringa en tiempos del tricky dickie Richard Nixon, un ebrio y pastillero creador de la "guerra contra las drogas." Ni más ni menos.

Total, los ricachones no tenían "mica" porque sus padres de la clase alta chihuahuense y bien católicos se negaban a darles la autorización por vagos. ¿Cómo van a pasar?, les preguntamos. Por el Puente Negro, respondieron. Are you crazy? Mientras nosotros íbamos por el Santa Fe legalmente y a pie, ellos cruzaron corriendo sobre las vías férreas equilibrándose.

Un paso en falso y hasta nunca. Los vimos claramente. Con cierta ingenuidad pregunté: ¿por qué van con los brazos como queriendo volar? Fíjate en las manos, dijo un compa. Aún no me afectaba la miopía. Sí, llevaban algo entre los dedos. ¡Cinco joints en cada mano! No para la venta sino para fumárselos durante el concierto. Si aparecía la Border Patrol los tiraban al río y el problema sería menor.

Nos los volvimos a encontrar del lado gringo en la calle El Paso dentro del barrio llamado Chihuahuita. Cruzaron sin contratiempos.

Lo más divertido es que habían llegado a Juárez en su propio carro, como buenos ricachones del colegio La Salle. Nosotros en la famosa Autovía de fabricación italiana, un servicio de los Ferrocarriles Nacionales de México. Dos vagones automotores, sin locomotora. Muy europeo el asunto. Tiempos idos que destruyó Zedillo.

Qué les vaya bien, les dijimos, y cada cual se fue por su lado. No íbamos a confraternizar con la burguesía criolla, cipaya y pitiyanqui.

Desde el semidesierto chihuahuense, donde allá en Juaritos Lindo los sicarios acaban de matar a un tapicero. Se agregaron otros dos muertos mientras caminaban por calles de la colonia Francisco I. Madero. Comenzaron temprano. Y eso que el ejército mandado por el Peje patrulla las calles anticipando a la Guardia Nacional romo-lopezobradorista, con la que todo se pondrá peor en este infortunado país. Si de por sí.






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