Política México

TRIBUNA ABIERTA

A defender a México ante el imperialismo de EE. UU., ¡sí! Unidad nacional con Peña Nieto, ¡no!

Desde el 1° enero con el anuncio del gasolinazo hasta el 25-26 del mismo mes con la confrontación política de los gobiernos de Trump en Estados Unidos (EE. UU.) y de Peña Nieto en México, este último ha entrado en una situación crítica de consecuencias inauditas para los dos países.

Lunes 30 de enero de 2017 | 16:23

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Desde el 1° enero con el anuncio del gasolinazo hasta el 25-26 del mismo mes con la confrontación política de los gobiernos de Trump en Estados Unidos (EE. UU.) y de Peña Nieto en México, este último ha entrado en una situación crítica de consecuencias inauditas para los dos países. En especial los destinos de los pueblos, de los trabajadores y los orpimidos de ambos países se vincularán aún más estrechamente.

La cancelación de la reunión de los dos presidentes programada para el martes 31 de enero por parte de Peña Nieto, inmediatamente también asumida por Trump, es el punto culminante de una política conciliatoria y titubeante que éste mantuvo con el dirigente imperialista que hoy gobierna Estados Unidos. La política conciliadora del gobierno de Peña Nieto se inició desde la desafortunada invitación a visitar México que le hizo a Trump cuando éste era el candidato republicano para las elecciones presidenciales del país vecino de noviembre pasado.

La base de esa posición era que había que ser dialogantes y razonables con el energúmeno. Una premisa por completo errónea y contraproducente como se mostró con evidencia cuando ya como presidente electo y hace unos días cuando tomó posesión del cargo Trump continuó incluso redoblando sus ataques a México e insistiendo que el muro de la vergüenza y la indignidad que quiere construir en la frontera entre los dos países sea pagado por los mexicanos.

La cancelación de la reunión hunde a Peña Nieto en el peor momento de su gobierno: con una abrumadora mayoría de la población que lo considera como el peor presidente en décadas y confrontado abiertamente con el gobierno estadounidense. Con la concordia en las relaciones bilaterales con EUA hecha pedazos, Peña Nieto se encuentra suspendido en una situación que lo acerca al borde del precipicio.

En el mundo politiquero, entre los partidos políticos oficiales “registrados” y entre los cómplices del régimen en diversos sectores, la crisis a la que ha llegado la relación diplomática con Trump de inmediato ha sido el motivo para sacar del baúl de las antigüedades lo que fue el hilo rojo de la política de los años dorados del nacionalismo mexicano, que también fueron los del PRI, la política de la “unidad nacional”. No es difícil saber por qué la invocan: puede permitirle al gobierno de Peña el alivio que tanto necesita en estos días turbulentos.

Pero la globalización capitalista acabó con todo eso y fue el propio PRI, con Salinas de Gortari como presidente, quien le puso la losa a dicho “nacionalismo” con la forja y puesta en marcha del Tratado de Libre Comercio con EE. UU. y Canadá. La globalización es un hecho irreversible, está en la esencia del capitalismo, lo que al mismo tiempo quiere decir, es un proceso contradictorio y sometido a las leyes de este sistema que se basan primero que todo en la competencia económica que en momentos críticos puede llegar a ser dura y violenta y conducir, como se ha demostrado con creces en el siglo XX y se está ratificando en el nuevo siglo, a guerras devastadoras.

La situación actual de profunda crisis capitalista detonada desde 2008 y cuyas consecuencias no han podido neutralizarse a pesar de los no pocos esfuerzos de los gobiernos, ha producido acontecimientos mayores como la salida del Reino Unido británico de la Unión Europea (el llamado brexit) que mostró la crisis de esta última, el surgimiento de China, gobernada por el partido comunista fundado por Mao Tse Tung, como país clave de la economía mundial capitalista y el propio triunfo de Donald Trump contra todos los pronósticos políticos internacionales. El colapso del TLC de América del Norte es otra de las consecuencias de esta crisis capitalista mundial.

Los trabajadores y oprimidos de México no deben ser quienes paguen esta crisis de sus explotadores nacionales y extranjeros. La demagogia de Trump que grita que EE. UU. ha sido explotado por México y que EE. UU. ha sido el gran perdedor del TLCAN, se vendrá abajo muy pronto cuando las promesas de cambio y esperanza que hizo a millones de trabajadores estadounidenses que votaron por él, se demuestren que eran completamente demagógicas. El TLCAN fue un proyecto que benefició en primer lugar a las grandes corporaciones estadounidenses que desmantelaron fábricas que tenían en Detroit, en Toledo, en Chicago y en otros lugares y las instalaron en la frontera mexicana y en muchas ciudades del interior de México.

El resultado fue que lograron ganancias extraordinarias pues los salarios pagados a los trabajadores mexicanos eran diez o más veces menores a los que pagaban por el mismo trabajo en EE. UU. Benefició también a muchos capitalistas y comerciantes mexicanos que se convirtieron en socios menores de los capitalistas estadounidenses. De hecho, el déficit comercial que Trump señala tiene EE. UU. con México representa en gran medida las ganancias extraordinarias que las grandes corporaciones imperialistas, en especial estadounidenses obtienen aquí. No es por filantropía, por ejemplo, que la empresa comercial más grande del mundo Wal-Mart ha instalado en México el mayor número de tiendas después de EUA.

El grueso de la burguesía mexicana ya no es “nacionalista”, los tiempos del cardenismo (el original del presidente Lázaro Cárdenas) han desaparecido para no volver. Los gobiernos priistas y sus imitadores panistas han sido y son gobiernos enfeudados a los intereses y mecanismos del imperialismo, en especial estadounidense. La actual crisis los está dejando pasmados, realmente para ellos la situación está llegando a un callejón sin salida. Pensar, imaginar que Peña Nieto puede ser el que encabece una pelea mínimamente creíble de defensa de los intereses del pueblo de México contra los designios imperialistas linda en la insania. No hay el menor fundamento para concebir al PRI o al PAN, incluso al PRD como partidos antiimperialistas.

En este mes de enero desde Baja California a Chiapas miles, cientos de miles de hombres y mujeres se han manifestado en las calles contra el gasolinazo decidido por Peña Nieto. Un grupo de sindicatos ha anunciado ya la realización de una gran manifestación en la Ciudad de México para el martes 31 de enero. Obviamente los acontecimientos que se han acelerado tan dramáticamente durante el mes que transcurre estarán muy presente en las próximas marchas, mítines y reuniones que se dan en todo el país. La cuestión del qué hacer ante el desafío que representa la agresión del gobierno de Trump se convertirá en la cuestión central junto a la de la lucha contra el gasolinazo de Peña Nieto.

Es muy previsible que cientos de miles, millones de mexicanos y mexicanas serán convocados a la defensa del país agredido por el gobierno del poderoso país vecino. Pero la lucha que se proyecta ya no será al estilo de la lucha nacionalista que se dio como consecuencia de la revolución mexicana de 1910. Hoy la globalización capitalista ha estrechado los destinos de los dos países, en primer lugar de los pueblos trabajadores de los dos países. En EUA hay millones de trabajadores mexicanos o de origen mexicano, 10 millones de ellos está amenazados de ser expulsados por Trump, otros más trabajan allá porque el capitalismo mexicano les ofreció trabajos mal pagados o de plano ningún trabajo y millones de familias mexicanas dependen de sus remesas, las cuales Trump también amenaza con intervenir. La lucha por sus derechos es vital para todo el pueblo de EUA pues las consecuencias económicas y sociales de su expulsión masiva (que ya empezó en el gobierno de Obama) serán devastadoras no sólo para México sino también para EE. UU.

Para los trabajadores de México sus intereses coinciden con los de los trabajadores de Estados Unidos. Los trabajadores de México no les “quitan”, como dice Trump, el trabajo a sus hermanos de EE. UU., son los capitalistas de los dos países los que se benefician de los salarios de hambre que reciben los primeros. Para ellos como para los trabajadores de EE.UU. es vital lograr la nivelación salarial hacia arriba en ambos países y sólo una lucha solidaria también por arriba de la frontera puede conseguir eso. La reciente lucha de los obreros agrícolas de San Quintín en Baja California lo demostró con evidencia: para los obreros agrícolas de California es vital el mejoramiento de las condiciones de trabajo de sus hermanos del sur de la frontera.

Los tiempos están cambiando, como dice la canción de Bob Dylan de los 60’s. Y agregamos: en estos días de enero de 2017 lo hacen aceleradamente en América del Norte, tanto en Estados Unidos (¡una inaudita marcha de dos millones de mujeres y hombres protestando contra Trump en todo EE. UU. un día después de su toma de posesión!) como en México. Son tiempos en que se gestan luchas sin paralelo en la historia de los dos países que la globalización capitalista ha unido estrechamente como nunca antes.

Las luchas de sus pueblos no serán luchas aisladas una de la otra. Serán luchas unidas contra esa globalización capitalista y por una sociedad binacional solidaria en donde no sean ellos los que paguen por la crisis forjada en las contradicciones mismas del capitalismo. Serán luchas anticapitalistas, en las que en México los trabajadores junto a todo el pueblo explotado defienda los intereses de la nación de manera independiente de los partidos proburgueses y de sus líderes que son conciliadores y finalmente capituladores ante el imperialismo y en la que los trabajadores y el pueblo oprimido de Estados Unidos surjan como los aliados más importantes y decisivos de la transformación social de América del Norte.






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