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HISTORIA

28 de agosto de 1958: cuando los ferrocarrileros arrollaron a los charros

En las postrimerías de la década de los 50’s el país entero quedó conmocionado por la gran huelga ferrocarrilera. Uno de los episodios más importantes de este importante momento en la historia de México sucedió un 28 de Agosto de 1958 cuando los charros fueron sacados a patadas del sindicato.

Lunes 29 de agosto de 2016 | 22:49

Durante el sexenio de Lázaro Cárdenas la joven clase obrera mexicana irrumpió de súbito en la vida nacional dejando ver una radicalización y combatividad que no tuvo durante la revolución. Con cientos de huelgas por todas partes y con una disposición al combate inusitada, el régimen tuvo claro que, en adelante, tendría que tomar en cuenta a los trabajadores como el actor social más importante y poderoso de la nueva sociedad pos revolucionaria. Pero también se daría cuenta de la debilidad programática del sindicalismo, que no alcanzaba para romper con la tutoría del gobierno y éste encontraría la forma de sacar provecho de ello.

Por eso con la creación de la Confederación de Trabajadores de México (CTM) y la colaboración de sus dirigentes Lombardo Toledano y Fidel Velázquez y sus lobitos, y el sometimiento de los stalinistas mexicanos, que obedecían la orientación de “unidad a toda costa” diseñada en Moscú, los sindicatos serán sometidos al gobierno y éste intervendrá en la vida interna de los mismos para desactivar cualquier intentona de desestabilización.

Así, el cardenismo daba una respuesta inteligente con el fin de “tomar al toro por los cuernos” y evitar que México se saliera de la senda del orden y progreso capitalista. A partir de entonces la CTM se convertirá en la pieza clave del PRI y el instrumento sin el cual no se puede entender la estabilidad que México alcanzará durante tanto tiempo y que lo convertirá en el único país de América Latina sin dictadura militar, lo que no quita que fuera un régimen autoritario y represor, como veremos.

El PRI: fuente de gobiernos autoritarios

Durante el gobierno priísta de Miguel Alemán (1946-52) la política económica tuvo como eje principal la atracción de capitales foráneos y nacionales con el fin de poner en marcha un proyecto modernizador. Para esto el gobierno necesitaba tener a raya a los trabajadores a como diera lugar, ya que modernización significaba empobrecimiento de la mayoría del pueblo y, la posible resistencia por parte del mismo.

Esto se expresó en 1948 cuando el gobierno intervino con las fuerzas represivas en el sindicato de ferrocarrileros, no alineado a la CTM y uno de los más grandes y estratégicos, asaltando todas las secciones sindicales y apresando a los dirigentes Valentín Campa y Luis Gómez Z. para imponer como secretario general al “Charro” Jesús Díaz de León (apodado así por su afición a la charrería), un dirigente leal al gobierno.

Con el “charrazo” (mote que quedaría para la posteridad) el movimiento obrero irá perdiendo terreno de forma progresiva y durante 10 años las aguas correrán con relativa calma. Agregado a esto, también en el terreno económico los trabajadores se verán fuertemente golpeados. En 1954 el gobierno de Ruiz Cortines devaluará el peso, que pasó de 8.65 por dólar a 12.50, pulverizando el poder adquisitivo de las masas, de por sí ya lacerado por la inflación.

Una nueva resistencia

En este contexto, el 2 de mayo de 1958 se reúne en la capital del país una asamblea de delegados de las distintas secciones del sindicato ferrocarrilero para acordar exigir un aumento salarial. La asamblea decide constituirse en Gran Comisión Pro Aumento General de Salarios y elabora todo un estudio para exigir que a cada trabajador se le aumentara 350 pesos. En esta asamblea estaba presente Demetrio Vallejo, entonces delegado de la sección 13 de Matías Romero, Oaxaca.

Sin embargo, los dirigentes charros del sindicato rechazan la petición de los trabajadores por considerarla “exagerada” y ofrecen a cambio negociar con la patronal un aumento de 200 pesos. Por su parte, el gerente de los ferrocarriles manifiesta que en un lapso de 60 días los ferrocarrileros tendrán una respuesta.
Esta maniobra entre la administración y los dirigentes charros desde luego que era un montaje con el fin de desgastar y desactivar al movimiento para al final ofrecer un aumento más raquítico todavía. Incluso, quienes encabezaban el movimiento por el aumento salarial se enteraron de que, al vencerse el plazo, la empresa ofrecería 60 miserables pesos.

El temor cundía entre los trabajadores y se sabían inmersos en una batalla difícil. Ya conocían lo que era enfrentarse al gobierno, charros y ejército juntos y no habían salido bien librados. Era preciso, para no quebrarse, analizar con profundidad el reto que de pronto la historia les puso frente a ellos.

Esa capacidad la tendría principalmente Demetrio Vallejo. Vallejo poseía una visión y voluntad superior al resto de sus compañeros ferrocarrileros, lo que lo llevó a dirigir la sección sindical de Matías Romero. Su temeridad y abnegación las había templado a lo largo de su vida en la lucha sindical y gracias a ellas se había ganado el cariño y el respeto de la gente. También, gracias a ellas lo habían expulsado del Partido Comunista.

Organización y combatividad

Cuando Vallejo regresó de la Ciudad de México a su natal Oaxaca para informar a la asamblea la nueva propuesta de la patronal no dudó en exponer la actitud entreguista de los dirigentes. La asamblea respaldó a Vallejo y de inmediato lanzaron la contraofensiva: la propuesta de 200 pesos sería rechazada e iniciarían un plan para unificar a todas las secciones del sureste alrededor del aumento que la Gran Comisión Pro Aumento General de Salarios había acordado. Para hacerlo efectivo, los ferrocarrileros emplazaban a la empresa a dar respuesta antes del 25 de junio. Caso contrario, los trabajadores iniciarían paros escalonados el día 26. De esta forma, los trabajadores le contestaban al Estado, con la dignidad por delante, quién tenía la última palabra.

Así, Vallejo y sus compañeros pusieron en marcha todo el arsenal con el que cuenta el proletariado: de aquí para allá, desde Tonalá, Chiapas, hasta el puerto de Veracruz organizaban asambleas de base y dirigían telegramas para que los trabajadores respaldaran el movimiento y prepararan comités para orientar el trabajo de un cada vez más posible paro de labores. Ahí donde fuera necesario, Vallejo acudía personalmente a las localidades para convencer, con su enorme personalidad y elocuencia, a los trabajadores indecisos y despertar en ellos valentía y confianza.

En Matías Romero los ferrocarrileros desconocieron a los charros locales y votaron dirigentes propios. Ante la negativa del Comité Ejecutivo General de reconocer los nuevos secretarios, indignados, los trabajadores ocuparon las secciones sindicales locales en un acto de voluntad y completa confianza de sí mismos. Y es que, cuando la clase obrera empieza a confiar en sus propias fuerzas es mejor que nadie se ponga en su camino.

De esta manera llegaron al día 26 sin ninguna respuesta por parte de la empresa, de tal modo que el paro se hizo inminente. Así narró Vallejo cómo se vivió aquella mañana del 26:

“Todos llegamos puntualmente a la hora de la cita. En nuestras caras se notaban las señales de insomnio. Nadie pudo dormir bien esa noche pensado si en el momento preciso los trabajadores suspenderían o no sus labores, pues el fracaso significaría, cuando menos, nuestra destitución del servicio. Esta incógnita era la causa de la nerviosidad que nos embargaba. La hora de conocerla se acercaba y su proximidad aumentó nuestro temor, mezclado con la confianza en las masas y la convicción de que la lucha era justa.

Cuando los relojes marcaban las diez horas, ninguno hablaba y todos veíamos pasar los minutos con espantosa lentitud hasta que me llamaron por teléfono. Los primeros informes fueron de los centros de trabajo del Distrito Federal: nadie trabaja. El paro era completo. Poco después recibimos noticias de las demás secciones en los mismos términos. Las ramas de trenes y alambres, de quienes temíamos algunas indecisiones por ciertas consideraciones de privilegio que han gozado en la empresa, suspendieron sus labores, al igual que los ferrocarrileros de otras ramas, en una admirable demostración de disciplina sindical y compañerismo.”

Unidad y democracia obrera, la clave para el triunfo

Así, la unidad en las filas de los ferrocarrileros conseguía un importante triunfo. El gobierno se vio obligado a negociar el aumento que pedían los trabajadores y al final se resolvió en 215 pesos. La comisión que se entrevistó con el presidente aceptó la oferta, mientras que Vallejo y su propuesta de consultarlo con la base quedaron en minoría. Sin embargo, para los trabajadores ya era un gran paso, aunque para Vallejo, era fundamental que se entendiera entre sus compañeros que toda comisión debe supeditarse a la confirmación por la asamblea de base de cualquier acuerdo antes de firmarlo. Sólo un movimiento con democracia obrera podría aspirar a tomar el control del sindicato en sus manos y garantizar su permanencia.

La experiencia de la lucha por el aumento salarial había dejado una importante lección entre los trabajadores: para tener mejores condiciones de triunfar, hace falta luchar también por eliminar a aquellos que frustran e intentan sabotear su victoria, como las burocracias sindicales. Por eso, el siguiente paso en la lucha ferrocarrilera fue recuperar el sindicato en manos de los charros.

De esta forma los ferrocarrileros desconocieron al Comité Ejecutivo General, convocaron a una Convención Extraordinaria y en ella eligieron a Vallejo como nuevo secretario general. La misma emplazó a la Secretaría de Trabajo, a la empresa y a los charros del sindicato que si no se reconocía la nueva dirección, recurrirían nuevamente a los paros escalonados de dos horas iniciando el 31 de julio. Como no obtuvieron respuesta, se iniciaron los paros y los trabajadores tomaron los edificios sindicales que usurpaban los charros.

El gobierno encontraba la situación cada vez más intolerable. En la tarde del 2 de agosto, policía, granaderos y ejército reprimen al movimiento ferrocarrilero ocasionando la muerte de cuatro trabajadores. Demetrio Vallejo y el nuevo comité deciden responder llamando al paro total de actividades. La noticia de la represión llegó a todas las secciones del país y tan sólo una hora después de que el nuevo comité notificara el plan de acción, el paro se había hecho efectivo en todo el sistema ferrocarrilero nacional.

La recuperación del sindicato con independencia del Estado

Cada lucha de la clase trabajadora es una escuela de guerra. Con cada triunfo el proletariado consigue ganar posiciones materiales tales como más prestaciones, mejores salarios o sindicatos propios. Pero también consigue otro tipo de posiciones, éstas se dan en el terreno de la conciencia: en la lucha, los trabajadores adquieren experiencia política, se les devela el carácter de clase del Estado; construyen valores como la solidaridad, orgullo de clase, abnegación, sacrificio, heroicidad. Esto hace que se empiece a recuperar la dignidad, pues cada pelea contra el capital y su Estado es una pelea por la dignidad de la clase obrera.
La respuesta inmediata de los trabajadores ante la represión fue motivada porque el gobierno golpeó su dignidad, porque cuando el Estado nos niega el derecho a organizarnos significa que no reconoce nuestra legitimidad como organización obrera independiente del mismo Estado, violando el derecho a elegir y deponer a los dirigentes que queramos. Los ferrocarrileros entendieron, además, que dichos derechos no se reciben pasivamente, sino que es necesario imponerlos con sus propios métodos de lucha, hasta que se conviertan en conquistas duraderas.

El gobierno pagó cara la represión. Los telegrafistas y maestros se declararon en huelga en repudio contra la represión. Lo mismo petroleros de las secciones 34 y 35 que realizaron paros parciales en solidaridad. El país entero estaba conmocionado por el movimiento ferrocarrilero. En intentos desesperados por sabotear el paro, la burocracia intentó sacar trenes en Monterrey y en Cárdenas, San Luis Potosí, pero fueron las esposas de los ferrocarrileros quienes heroicamente se acostaron sobre las vías del ferrocarril impidiendo el avance de los trenes. Los charros tenían los días contados.

Después de esto el gobierno quedó obligado a convocar a elecciones generales. Todos los trabajadores acudieron entusiastas a las urnas en cada sección. Los resultados finales dieron como resultado ganador a Vallejo por 59 mil votos contra únicamente 9 en lo que fue, en palabras del Vallejo, “la elección más democrática y aplastante que registra la historia sindical de nuestro país”.






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