Economía

HISTORIA

1982: La nacionalización de la banca en México

Durante su Sexto Informe Presidencial, José López Portillo anunciaba la nacionalización bancaria para enfrentar la crisis.

Gabriel Bagundo

México | @g_bagundo

Martes 4 de septiembre de 2018

Un 1 de septiembre, pero de 1982, el entonces presidente José López Portillo anunció sorpresivamente un paquete de medidas económicas entre las que se incluía la nacionalización de los bancos, medidas sobre el control del tipo de cambio y la descentralización del Banco de México.

La última medida no se efectuó, los controles sobre el tipo de cambio los derogó pocos meses después Miguel de la Madrid y Carlos Salinas volvió a entregar en su sexenio el sector bancario a empresarios nacionales y extranjeros.

La nacionalización de la banca fue una medida que se tomó en el marco de la crisis de 1982. En el verano del año previo, el precio internacional del petróleo, del que dependía fuertemente la economía mexicana, descendió cuatro dólares por barril.

Esto afectó a nivel internacional y al sistema financiero mexicano como uno de los principales receptores de “petrodólares”.

En México los problemas bancarios obligaron a hacer ajustes en las finanzas nacionales. El aumento en las tasas de interés internacionales provocaron también una disminución de los ingresos por exportaciones y un aumento en el costo del servicio de la deuda externa que se pagaba, complicando aún más las finanzas.

En febrero de 1982, la devaluación del peso llegó al 70%. Los responsables de la economía no hicieron caso de las advertencias previas en el contexto internacional y no se tomaron medidas pertinentes, lo que condujo a que en abril de 1982 se anunciara un muy fuerte ajuste en las finanzas públicas.

Después de las elecciones la inflación despegó, sobre todo en bienes y servicios básicos para la población. La crisis marcó profundamente la transición de poderes en aquél sexenio, entre José López Portillo y Miguel de la Madrid.

“La Banca es un servicio concesionado del Estado”

Autores como Carlos Tello, quien tuvo un papel político administrativo protagónico en aquellos años, reconoce en sus libros que el presidente López Portillo tenía en mente la posibilidad de nacionalizar la banca.

Hay que recordar que entonces no se había impulsado a nivel internacional toda la carga ideológica que implicó la autonomía de los Bancos Centrales exigida desde los organismos financieros internacionales. Carlos Tello recuerda que durante los años previos a la nacionalización efectiva, en diversos momentos el entonces presidente recordó a los empresarios que la banca era un servicio concesionado del Estado.

Además del papel pernicioso que jugó la banca en contra de la economía nacional en diversos episodios, José Luis Ávila en La era neoliberal (1982) resalta el papel de los “diagnósticos equivocados sobre la crisis” y una “política económica que erraba” e impidió al gobierno tomar medidas adecuadas para contener la profunda crisis en la que entró México.

La especulación en el país aumentó y las reservas del banco central se agotaban. México hizo un llamado a la reestructuración de la deuda en el corto plazo. En agosto se iniciaron negociaciones con la banca estadounidense, quien tuvo que ceder a sus primeras duras exigencias debido a que también tenía serias complicaciones financieras por la moratoria de la deuda en gran parte del tercer mundo.

La nacionalización de la banca: “la quinta opción”

Después de la crisis de agosto de 1982, el presidente saliente y su equipo económico tomaron una medida de política para garantizar la soberanía y el control del Estado sobre la economía. Por órdenes presidenciales se encargó a Carlos Tello Macías la llamada “quinta opción”: nacionalizar la banca, poder mantener control del tipo de cambio y descentralizar al Banco de México.

Miguel de la Madrid, el presidente electo pero aún no en funciones, conocía esta llamada “quinta opción” y se había manifestado en contra de ella por las implicaciones políticas que tendría para su gobierno, sobre todo entorpeciendo las negociaciones con la comunidad financiera internacional. En su libro sobre sus memorias del sexenio Miguel de la Madrid Hurtado afirma que López Portillo no le consultó esta medida.

El anuncio durante el Informe Presidencial

El gabinete del presidente conoció los planes de López Portillo horas antes de que se presentara al Sexto Informe Presidencial en el Congreso. En cadena nacional de radio y televisión López Portillo sostuvo que para defender a la economía de la fuga de capitales, la devaluación y la inflación expediría:

“dos decretos: uno que nacionaliza los bancos privados del país, y otro que establece el control generalizado de cambios, no como una política superviviente del "más vale tarde que nunca", sino porque hasta ahora se han dado las condiciones críticas que lo requieren y justifican. Es ahora o nunca. Ya nos saquearon. México no se ha acabado. No nos volverán a saquear..."

Así se anunció la nacionalización de la banca. Dentro del partido oficialista, el PRI -que en aquél momento era una muy monstruosa maquinaria política nacional- la medida fue bien reconocida.

Marcharon miles de obreros de las centrales sindicales bajo control burocrático del partido en el poder. Entre la pequeña oposición representada en el Congreso, solamente el PAN, encabezados en aquél entonces por Manuel J. Clouthier, se opuso a la medida. La medida tampoco fue bien vista por las organizaciones empresariales ni la patronal bancaria, que incluso amenazó con un paro bancario organizado por las agrupaciones empresariales del ramo.

El gobierno autorizó incluso a pagarles más valor por sus activos del que constaba en los libros. Pero la principal demanda de los capitalistas bancarios contra el gobierno era política, fue una queja por la pérdida de certidumbre acerca de los derechos de propiedad privada.

Miguel de la Madrid y Salinas derogaron las medidas. Una de las primeras medidas del nuevo equipo de jóvenes economistas “neoliberales” que asumió junto a Miguel de la Madrid, fue la derogación del decreto de control de cambios, restableciendo la libertad cambiaria.

Salinas, como continuidad y profundización del programa económico que inauguró de la Madrid en México, (el neoliberalismo) estableció el procedimiento para permitir de nuevo el ingreso de capital nacional y extranjero en la extracción de ganancias bancarias y, por lo tanto, en la dirección y el control de una importante herramienta para el control y la planificación de la economía.

A décadas de la crisis de inicios de los ochentas y de la nacionalización la banca, es necesario pensar si esta nueva época de crisis internacional post 2008 no implica repensar el papel que puede jugar el que el Estado pueda retomar el control del poderoso capital bancario.

Unificación, expropiación y estatización de toda la banca privada

El crédito es uno de los motores más importantes para el desarrollo de las fuerzas productivas, ya sea en una economía capitalista o en una economía en transición a la abolición de la propiedad privada.

La banca privada es la institución que permite concentrar los pequeños ahorros de la población trabajadora y de los mismos capitalistas para otorgar créditos. La ganancia que obtiene esta banca en realidad es una ganancia parasitaria, porque no genera ningún nuevo valor por sí misma sino que se enriquece a costa de los ahorradores.

En México las instituciones bancarias extranjeras obtienen las ganancias más jugosas de toda su red internacional, ya que las comisiones que nos cobra debido a la legislación bancaria son de las más altas del mundo.

Si se expropiara sin pago todo el sector bancario y se lograse la unificación de toda la banca (lo cual de hecho es la tendencia histórica desde la génesis de esta institución) esto se convertiría en una poderosa herramienta económica para poder intervenir, controlar y planificar la economía, incluso en clave comunista.

Si bien a nivel internacional la nacionalización de la banca que realizó López Portillo no fue vista como una medida socialista sino como una medida de un estado en bancarrota, que con esta medida lo que hacía era reoxigenar el sistema bancario con dinero del erario para devolvérselos varios años después en condiciones más que ventajosas a los viejos banqueros.

A diez años de la crisis del 2008 y de frente a las nuevas advertencias del contexto económico internacional, quizá sea necesario repensar la necesidad de reformular el andamiaje institucional con el cual funciona el sistema bancario y financiero.

Bajo administración de sus trabajadores y en manos de un Estado obrero, la banca socializada brindará un gran potencial para la satisfacción de las necesidades de las grandes mayorías de la población.






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