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15 de abril de 1910: Madero es declarado candidato presidencial

El 15 de abril de 1910, Francisco Ignacio Madero González era declarado como el candidato presidencial del Partido Nacional Antirreeleccionista para las elecciones federales de 1910.

Óscar Fernández

@OscarFdz94

Miércoles 15 de abril de 2020 | 20:31

La causa de tal decisión yacía, en primer lugar y en última instancia, en la famosa Entrevista Díaz-Creelman, la cual había sido agendada el 27 de noviembre de 1907 por medio de una carta del periodista James Creelman al secretario de Hacienda, José Yves Limantour, y que finalmente aconteció en febrero del año siguiente. Publicada en marzo de ese año en la revista inglesa Pearson’s Magazine, el número le dedicó la edición al presidente Díaz, llamándolo "Héroe de las Américas" y en cuyas páginas la entrevista de Creelman ocupó 47 de ellas.

La entrevista causó discusiones en México, ya que el presidente, el cual ya estaba por su sexto mandato presidencial, afirmaba que el país ya estaba listo para la democracia. El guiño no era ingenuo: por una parte, los Estados Unidos veían con preocupación la perpetuación de Díaz en el poder, y por otra, el presidente, su gabinete y su séquito de políticos afines —conocidos popularmente como Los Científicos por adherir a la corriente filosófica del positivismo— cada vez se hacían más viejos, con lo cual inevitablemente empezaban las especulaciones de quién sería el sucesor, dando además la oportunidad de que una generación de políticos más jóvenes entraran en escena.

Asimismo, la excusa de las constantes reelecciones, fraudes electorales y la consecuente perpetuidad de Díaz en la silla presidencial era porque, en palabras del dictador, había recibido un país en caos, donde las rebeliones, golpes de estado y la inseguridad eran rampantes; la presidencia de Díaz, a su propio juicio, había terminado con todo ello y había traído paz y modernidad a México.

He esperado pacientemente porque llegue el día en que el pueblo de la República Mexicana esté preparado para escoger y cambiar sus gobernantes en cada elección, sin peligro de revoluciones armadas, sin lesionar el crédito nacional y sin interferir con el progreso del país. Creo que, finalmente, ese día ha llegado. [1]

Sin embargo, la entrevista con Creelman permitió que Díaz afirmara públicamente que respetaría las decisiones que se tomaran en las urnas, dando a entender que en caso de perder la contienda, admitiría la derrota y pasaría el poder ejecutivo a otra persona.

Esto permitió que, entre otros, apareciera la figura de Francisco Ignacio Madero González, hijo de una familia de empresarios y hacendados, miembro de la burguesía mexicana cuyo proyecto planteaba poner fin a las reelecciones de Díaz. Si bien inicialmente Madero adscribió a unirse con la oposición anti-porfirista por medio del Partido Liberal Mexicano que encabezaban los hermanos Flores Magón, pronto les retiró el apoyo por diferencias políticas.

El mismo año en que Díaz se entrevistaba con Creelman, Madero publicaría su libro La Sucesión Presidencial en México en 1910 donde dejaba clara su postura, creando al año siguiente el Partido Nacional Antirreeleccionista, cuya principal consigna (la cual también llevó a la campaña presidencial) fue "sufragio efectivo, no reelección".

El 15 de abril de 1910, el Partido Nacional Antirreeleccionista, junto con los adherentes del Partido Reyista (simpatizantes del gral. Bernardo Reyes) que habían creado el Partido Nacionalista Democrático, celebraron juntos la Convención Nacional Independiente de los Partidos Aliados, la cual nombró como candidato a la presidencia a Madero y a Francisco Vázquez Gómez, otrora médico de Porfirio Díaz como candidato a la vicepresidencia.

El programa del partido, empero, no trastocaba los grandes problemas del país. Sus propuestas eran «luchar por el restablecimiento de la Constitución; establecer el principio de la no reelección para presidente, vicepresidente y gobernadores; reformas a la Ley Electoral; alcanzar la efectividad del voto y la libertad de expresión, suprimir las prefecturas políticas, mejorar las condiciones del ejército y estrechar relaciones con los países latinoamericanos» y algunas propuestas de carácter social como «el mejoramiento de la instrucción pública, así como de la condición material, intelectual y moral de los obreros y el fomento de la agricultura, la industria y el comercio».

Se trataba de cambios meramente políticos que no cuestionaban la sujeción de México a otros países ni la dependencia económica, la cual causaba —por medio de la tan defendida inversión extranjera que aún hoy en día el gobierno respeta afirmando que sin ella México no puede avanzar económicamente— un amplio sector de trabajadores pauperizados, con grandes masas en estado de analfabetismo y conflictos obreros como las huelgas de Cananea y Río Blanco.

Para Madero era central el acceso a mayores beneficios para la clase media que apenas estaba surgiendo en el país, viéndose obligado a incorporar algunas demandas sociales cuando se volvió evidente que las huelgas y la lucha de clases ponían en cuestión la Pax Porfiriana. Finalmente, Madero se entrevistó con Díaz, quien le aseguró que respetaría el resultado de los comicios, pero en junio de 1910, durante la celebración de las elecciones primarias y a pocos meses de que Díaz celebrara pomposamente el centenario de la Independencia Mexicana, Madero fue apresado, recluido en San Luis Potosí y liberado luego de que se celebraran las elecciones y resultara ganador (otra vez) Porfirio Díaz.

Esto motivó a Madero a publicar el llamado Plan de San Luis, donde instaba a toda la población a rebelarse contra el dictador el 20 de noviembre de 1910, aunque el día anterior se suscitó la trifulca de los hermanos Serdán Alatriste en Puebla contra la policía del régimen. Sin embargo, quienes respondieron al llamado no fueron los sectores medios e intelectuales, sino las grandes mayorías campesinas del México bronco y profundo, hartas de la injusticia a la que el capitalismo del porfiriato las había arrastrado.

Precisamente esta situación motivó a que Díaz, forzado al exilio, declarara que “Madero ha soltado al tigre; a ver si puede domarlo”. El "tigre" era nada menos que el pueblo mexicano que tomaba en sus manos su propio destino, dando cuenta de la tremenda desigualdad que el porfiriato había intentado ocultar a los ojos de los representantes extranjeros que, apenas unos peses antes, habían presenciado la inauguración de monumentos como el Hemiciclo a Juárez, la Victoria Alada (el famoso Ángel de la Independencia), la cárcel de Lecumberri (apodada "el palacio negro") y el manicomio de La Castañeda, así como varios museos, palacios y avenidas amplias.

Una vez en la presidencia, Madero lidió con las subsecuentes rebeliones de Emiliano Zapata en el sur y el cuartelazo de Huerta, cuyo golpe de estado fue planeado desde la Casa Blanca y terminaría por costarle la vida en la infame Decena Trágica.

El límite del maderismo fue plantear una simple "revolución" de carácter político, misma que solamente se centraba en una reforma para impedir la reelección, dejando intacto el aparato porfirista, llegando al nivel que Madero accedería al poder con un gabinete mayoritariamente porfirista y con pocos políticos nuevos. La dependencia al capital extranjero, la propiedad de los grandes terratenientes en detrimento del campesinado, el analfabetismo, la brutalidad, la pobreza, la desigualdad económica, el derecho de pernada y demás elementos propios de un país capitalista atrasado no eran cuestionados ni trastocados.

Años más tarde, otros países con características económicas antes descritas y similares a México, como Rusia y España, verían también la entrada en escena de las masas obreras y campesinas, entre cuyas demandas estaban el fin de la propiedad privada y la instauración de un gobierno que respondiera a los intereses de los trabajadores. Madero, como miembro de la clase dominante, no pudo ni quiso afectar los intereses de su clase, la cual le terminó por dar la espalda.

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[1Consulta la entrevista Díaz-Creelman aquí.





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