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MONARQUÍA O REPÚBLICA

14 de abril: contra la Monarquía y por la apertura de procesos constituyentes para “decidirlo todo”

Este próximo domingo 14 de abril se convocan en muchas ciudades del Estado español manifestaciones republicanas, coincidiendo con el aniversario de la proclamación de la Segunda República en 1931 y el inicio de la revolución española.

Martes 9 de abril | 19:30

Cada año miles de personas se movilizan en las principales ciudades del Estado para conmemorar el inicio de la gran gesta de la revolución española. Un acto que cuestiona a uno de los pilares fundamentales del régimen político actual: la monarquía.

La juventud a la cabeza en la lucha contra la monarquía

Pero este año no es uno más. Desde noviembre de 2018, estudiantes autoorganizados han llevado a cabo consultas en sus centros para expresar el descontento de las nuevas generaciones con la corona, para traer un debate presente en la sociedad a la universidad, con el objetivo de exigir, junto a las consultas barriales y el movimiento democrático catalán, nuestro derecho a decidir.

De esta manera, miles de jóvenes han expresado mediante su voto la necesidad de luchar por la república, al mismo tiempo que se lucha por la apertura de procesos constituyentes libres y soberanos para “decirlo todo”, empezando por el contenido de esa república. Una gran demostración democrática frente a un Régimen que solo sabe de represión y porrazos, como se ha visto en Catalunya, y de descargar la crisis capitalista sobre los hombros de la mayoría social trabajadora, las mujeres y la juventud.

Las decenas de miles de votos en más de 30 universidades públicas (junto a las diversas consultas realizadas en barrios de Madrid y otras ciudades) han demostrado que la juventud ya no se “traga” el cuento del monarca por la gracia de Franco.

Una evidencia de que sectores cada vez más amplios de la población comparten la necesidad de luchar por un referéndum en todo el Estado para decidir democráticamente si queremos o no a esta monarquía corrupta y vinculada con los intereses empresariales y financieros del Estado. Una familia real blindada bajo su condición de “inviolable” y amiga de las criminales monarquías criminales y reaccionarias, como la de Arabia Saudí, y enemiga de la libertad de expresión y de los derechos democráticos cuando cuestionan sus intereses (no olvidemos la persecución a periodistas y raperos o al pueblo catalán y su derecho a decidir).

Una monarquía vinculada directamente con el régimen franquista, nombrada a dedo por el dictador e impuesta en la Transición en el “pack” de la Constitución del 78, luego cerrada con candado. Desde entonces la monarquía ha jugado un papel fundamental como institución conservadora destinada a mantener el statu quo social y político, defensora de la legalidad y la Constitución siempre en defensa de los intereses empresariales y las élites sociales. Al tiempo que el PSOE y el PP se alternaban en el poder del Gobierno, conformándose toda una “casta” judicial y política ligada a los intereses de los grandes capitalistas. Sobran los motivos para terminar con ella.

Procesos constituyentes, lucha de clases y república obrera

A 40 años de la Constitución de 1978 y arrastrando todavía las consecuencias de una crisis económica, nos encontramos en una situación en la que este Régimen sólo nos ofrece precariedad, desempleo y represión.

Ante esta situación no podemos seguir tragando con una monarquía y un régimen impuesto, debemos cuestionar todo y pelear por decidir todo. Debemos luchar por la apertura de procesos constituyentes libres y soberanos en los que pueda expresarse verdaderamente la soberanía popular, sin restricciones ni “moderadores”, como el actual Parlamento, el Senado, la Audiencia Nacional y su Tribunal Constitucional y, sobre todo, la monarquía.

“Decidirlo todo” significa en primer lugar que podamos votar libremente el fin de la monarquía y que los pueblos decidan si quieren formar parte de un mismo Estado o autodeterminarse como repúblicas independientes. Pero al mismo tiempo que se pueda decidir sobre el impago de la deuda, la estatización bajo gestión de los trabajadores y control popular de la banca y las grandes empresas estratégicas, de energía y transporte. Eliminar todos los privilegios de la casta política y judicial e imponer una asamblea única -un órgano ejecutivo y legislativo el mismo tiempo-, basado en diputados elegidos por voto universal y, de la misma manera que los jueces, revocables por sus electores, con el salario de un trabajador calificado.

Queremos poder decidir que se anulen todas las leyes antipopulares, reaccionarias y liberticidas votadas por los gobiernos capitalistas; que se decrete definitivamente la separación efectiva de la Iglesia del Estado; debatir y satisfacer las demandas del movimiento de mujeres; que se ponga fin a los CIEs, las leyes de extranjería y el racismo institucional; imponer a los capitalistas el reparto de las horas de trabajo sin disminución salarial para terminar con el paro y la precariedad.

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Una perspectiva así será combatida con uñas y dientes por el Régimen monárquico español. Así lo vimos con la brutal represión al referéndum en Catalunya, un proceso que ni siquiera se proponía cuestionar el capitalismo sino sólo ejercer el derecho democrático a decidir.

Por ello, como también nos enseñó el “otoño catalán”, la apertura de procesos constituyentes solo puede conseguirse mediante la movilización obrera y popular independiente de las direcciones burguesas y pequeñoburguesas. Una vía por la que fuerzas políticas como Podemos e Izquierda Unida se oponen, mientras llaman a gobernar en común con el PSOE, uno de los principales pilares del Régimen.

De desarrollarse un proceso de este tipo, muchas de las medidas como las antes planteadas, que hoy son consideradas “utópicas” en los marcos de la democracia capitalista, se volverían ampliamente populares, mientras cada vez más sectores de la clase trabajadora y el pueblo se harían conscientes de que su poder real para transformar la realidad no está en el voto cada dos o cuatro años, sino en su propia autoorganización.

Una experiencia que permitirá avanzar en la comprensión de la necesidad de luchar por una república de los trabajadores y trabajadoras que rompa con el capitalismo, expropiar a la burguesía y socializar los medios de producción bajo control democrático de la clase obrera, que es la perspectiva estratégica por la que luchamos los socialistas revolucionarios.






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