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11.5 millones de despidos en América Latina: ¿qué salida para lxs trabajadorxs?

Debido a la pandemia, la CEPAL pronostica enorme pérdida de empleo y contracción económica histórica.

Joss Espinosa

@Joss_font

Viernes 22 de mayo | 16:16

La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), contempla una caída del 5.3 % para 2020 en Latinoamérica, la peor contracción económica desde 1930, esta crisis ya implica condiciones muy adversas para la clase trabajadora de toda la región.

Su consecuencia más clara la vemos con la pérdida del empleo, la cual se estima que llegará al 11.5 %, en comparación al 8.1 % en 2019. Esto representa 11.5 millones de nuevos despidos, que dejará un total de 37.7 millones de desempleados.

Estas cifras no contemplan los recortes de horas y salarios, lo que deja al conjunto de la clase trabajadora en condiciones aún más precarias. La OIT estima que la crisis económica impicaria un 10.3 % del recorte de horas de trabajo.

Esto se suma, a las pésimas condiciones laborales que tienen gran porcentaje de los asalariados en AL, producto de décadas de neoliberalismo que dejaron enormes recortes laborales, así como un alto porcentaje del trabajo informal que abarca más del 50 % de los empleos.

Esto dejará 83.4 millones de personas en extrema pobreza. Se estima también que la recomposición de la situación laboral será muy lenta, una vez iniciada el regreso a “la normalidad”. ¿Qué normalidad puede haber cuando millones de familias quedarán en la calle sin ninguna fuente de ingresos?

La situación en Latinoamérica, se debe en gran medida a que es la fuente de mano de obra barata para el imperialismo. En mayor o menor medida los gobiernos implementan medidas para hacer atractiva la mano de obra para las transnacionales y alentar la inversión extranjera que precariza la vida de millones. De la mano de las exigencias de organismos internacionales como el FMI, que exige se impongan ajustes y reformas laborales que dejan a las y los trabajadores aun en peores condiciones.

Sumado a ello, encontramos el enorme gasto público invertido para pagar las respectivas deudas externas, mecanismo de dominación para los países dependientes.

Pero estas cifras, lo único que expresan es que a nivel internacional se siguen defendiendo los intereses de los grandes empresarios, los gobiernos de toda la regios de alguna u otra forma favorecen a las patronales al quedarse impávidos ante los despidos.

Hoy más que nunca, sus ganancias o nuestras vidas

Hay una salida para favorecer a la clase trabajadora, pero esto implica cuestionar las ganancias capitalistas. Los despidos son aplicados por las patronales, porque no quieren perder un peso de sus enormes fortunas que han construido sobre la base del trabajo de millones de trabajadores.

Es necesario abolir el secreto comercial y exigir la apertura de los libros de contabilidad de las grandes empresas, ahí se mostrara que las obscenas fortunas de la burguesía nacional y extranjera, podrían ponerse en función de enfrentar la crisis. Para enfrentar el desempleo y los despidos de forma coyuntural y estructural, es importante mostrar que existe trabajo, sin embargo este está ocupado por pocas manos, con un exceso de cargas laborales. Exigir el reparto de horas de trabajo entre ocupados y desocupados, si que esto vaya en detrimento del sueldo, ya que debería estar garantizado un salario que cubra el costo de la canasta básica y todas las necesidades individuales y familiares, y que este aumente de acorde a la inflación.

Basta con ver las ganancias acumuladas, para dar cuenta que ese dinero alcanza para pagar lo anterior, y para que en este momento de crisis sanitaria se paguen las licencias con goce de sueldo al 100 % para las y los trabajadores de los sectores no esenciales. Que toda empresa que cierre o despida, sea expropiada sin indemnización y puesta a funcionar bajo control de sus trabajadores, y que estas reconviertan su producción para que se pongan en función de enfrentar la pandemia.

Esto solo será posible de la mano de la organización de la clase trabajadora. Pues implica la organización en primer lugar de comisiones de higiene y seguridad, que determinen que empresas pueden volver o no a actividades, y qué medidas tomar para proteger la vida de las y los asalariados.

Por otra parte, contemplando que los sindicalizados a nivel de la región son pocos en comparación al conjunto de asalariados, es importante que las organizaciones sindicales se pongan a la cabeza de exigir estas demandas, rompiendo la barrera entre precarios y sindicalizados, desarrollando la unidad de las filas de la clase trabajadora. Sin embargo, lo que vemos es que la burocracia sindical, no sólo es un freno para la organización obrera, sino también está ahora callando ante la terrible situación de la clase trabajadora. Es por eso que desde la base debe imponerse a sus direcciones medidas de lucha que enfrenten el hecho de que las y los trabajadores están cargando en sus espaldas nuevamente la crisis.

Hay una alternativa para enfrentar la crisis, pero es necesario cuestionar las ganancias de los parásitos capitalistas.






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